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Salta Beitia, compite Craviotto... y los Juegos Olímpicos se acercan a su fin
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Salta Beitia, compite Craviotto... y los Juegos Olímpicos se acercan a su fin

La capitana del equipo de atletismo es también su deportista más fiable. Saúl Craviotto busca su cuarta medalla olímpica y el baloncesto, aun sabiendo que perderán, merece un homenaje

Foto: Ruth Beitia (EFE)
Ruth Beitia (EFE)

Hemos llegado al momento en el que el final de los Juegos Olímpicos queda cerca en el horizontes. Los deportistas ya se están poniendo nota, saben bien qué han hecho y que han dejado de hacer, qué pueden rectificar para, dentro de cuatro años, volver con mejores opciones. La Villa Olímpica se va vaciando, allí quedan las vivencias de quince días, la nueva gente conocida, los muchos recuerdos que ya no abandonarán nunca al atleta. Quedan unos pocos que no pueden incluirse en esa ola, los que aún tienen el fin de semana para demostrar sus capacidades. El deporte también eso, demostrar los límites propios. A España le quedan aún opciones para redondear su cuenta. Hay doce seguras, muchas menos de las que se esperaban aunque, eso sí, con más oros. Hay un fin de semana por delante para maquillar el resultado.

Atletismo

Foto: La española Ruth Beitia celebra su victoria en la final de salto de altura femenino. (EFE)

La delegación española mira con curiosidad lo que pueda hacer Ruth Beitia (1.30 h). Saben que es importante para el análisis final del atletismo nacional. Han conseguido quebrar una mala racha y volver a ganar medallas 12 años después de Atenas, pero es poco probable que eso resista una crítica profunda. La medalla de Orlando Ortega es un bálsamo para la federación, pero representa mal el estado real del atletismo del país. Ortega, lógicamente, no es un canterano, no se ha formado en España y eso lleva a pensar a que las cosas, en la construcción de deportistas no está bien. Por eso necesitan que aparezca Ruth Beitia y consiga el salto que le de la medalla. Ella sí es de la cantera, siempre acompañada por entrenadores nacionales -su inseparable Ramón Torralbo-. Es, de hecho, la capitana. Una medalla olímpica, ya no digamos un oro, sería una manera perfecta de culminar una carrera deportiva de una trabajadora intensiva, siempre de buen humor, capaz de irse solo para volver con más fuerza. Su éxito es uno de los más deseados por el equipo español.

Piragüismo

Foto: Saúl Craviotto y Cristian Toro. (Reuters)

Saúl Craviotto tenía la ambición de ser el deportista que lidere el medallero español. No por número de preseas, en el olimpismo no se cuenta así, sino por el valor de las mismas. Sus dos oros le dejan solo por debajo de Joan Llaneras, que tiene tantos como él y, además, un par de platas. Se quedó corto, pues su cuarta medalla fue de bronce. Puede sonar menos que otros, no hay en él el artefacto que acompaña a los mediáticos, pero es un deportista sensacional. El K-1 200 le dio un hueco en la historia aún más grande del que ya, sin duda, se merece. Además del asturiano también compitió el K-4, una piragüa que hacía años que no estaba representada pero que, en el pasado, formó parte importante de la cultura deportiva española. Logró un diploma más, certificando así que el piragüismo español vive un muy dulce momento.

Baloncesto

Foto: Las jugadoras españolas celebran la victoria (Shannon Stapleton/Reuters)

No esperen una victoria, es muy improbable. Las propias jugadoras españolas, cuando terminó con final feliz su partido contra Serbia, fueron las primeras en proclamar que habían llegado al techo. No se plantean batir a Estados Unidos (20.30 h.), un equipo prácticamente indestructible. Estas primeras frases podrían servir como freno para ver el acontecimiento, el deporte es menos cuando el resultado se sabe preasignado, pero siempre hay otra manera de verlo. Esta final será un homenaje al baloncesto español, la coda de un equipo que ha logrado sobreponerse a la adversidad y ha demostrado en este campeonato que ellas también saben. Vaya que si saben. Podrán disfrutar de la sensación de ser las mejores de las que compiten. Lo han logrado.

Gimnasia rítmica

Foto: Carolina Rodriguez durante la prueba de cinta (Ruben Sprich/REUTERS)

Carolina Rodríguez, la mayor entre todas las niñas de la gimnasia rítmica, ha logrado entrar en la final. No hay opciones de que prospere la cosa en forma de medalla, pero el simple hecho de estar ahí habla mucho y muy bien de una deportista que no se amilanó con la enfermedad, que consiguió formar parte de la élite en un deporte difícil. Carolina habla con el cuerpo, es la estética hecha competidora y a ella, como a otros muchos grandes, no se la volverá a ver en los Juegos. Estos son sus terceros. Los últimos. Además, está la clasificación por equipos y, ahí sí, las opciones aparecen. España tiene un equipo potente, de la parte noble de la gimnasia y, a pesar de que hay seis o siete equipos con las mismas ambiciones, no se debe descartar que se vayan de Río con más peso en el cuello por culpa de una medalla.

Hemos llegado al momento en el que el final de los Juegos Olímpicos queda cerca en el horizontes. Los deportistas ya se están poniendo nota, saben bien qué han hecho y que han dejado de hacer, qué pueden rectificar para, dentro de cuatro años, volver con mejores opciones. La Villa Olímpica se va vaciando, allí quedan las vivencias de quince días, la nueva gente conocida, los muchos recuerdos que ya no abandonarán nunca al atleta. Quedan unos pocos que no pueden incluirse en esa ola, los que aún tienen el fin de semana para demostrar sus capacidades. El deporte también eso, demostrar los límites propios. A España le quedan aún opciones para redondear su cuenta. Hay doce seguras, muchas menos de las que se esperaban aunque, eso sí, con más oros. Hay un fin de semana por delante para maquillar el resultado.

Orlando Ortega
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