un seguro de vida en la piragua

Saúl Craviotto, a 'la bestia' no le quedan brazos para tatuarse más medallas

El piragüista es policía, pero nadie le reconoce cuando va de uniforme. Lleva ya dos oros olímpicos, el último conseguido este jueves junto a Cristian Toro, y ha sumado un bronce más en Río

Foto: Saúl Craviotto y Cristian Toro. (Reuters)
Saúl Craviotto y Cristian Toro. (Reuters)

La pequeña Valentina, que cumplió un año el pasado mes de enero, se comía una bolsa de gusanitos tan contenta en Gijón, ajena por completo a lo que acababa de conseguir su padre, Saúl Craviotto, a miles de kilómetros en Río de Janeiro: ganar su segunda medalla de oro en unos Juegos, la tercera contando la plata en Londres 2012. El piragüista es el deportista español con mejor palmarés olímpico, y en cuanto se bajó del podio junto a su compañero Cristian Toro, avisó: “Han despertado a la bestia y estoy con ganas de otra medalla”. Este sábado se ha llevado un bronce en las preliminares del K1 200. 

A la edad de Valentina, Saúl ya había subido a una piragua. Su padre Manuel y su tío Víctor practicaban piragüismo en Lleida y le inculcaron el amor por su deporte. “Pero no empecé más o menos en serio hasta que tenía siete años, porque jugaba al fútbol, hice kárate, natación… mi madre me dijo que hiciera el favor de elegir uno solo y me decanté por la piragua”, explica. A los 15 años, tras recibir la llamada de la selección española júnior, tomó la difícil decisión de dejar Lleida, a sus padres y su pandilla de amigos para vivir en Madrid, y empezó a cosechar un éxito tras otro; en el europeo sub-23 en Polonia ya ganó dos medallas de oro. Siempre ha tenido la cabeza muy bien amueblada y las cosas claras: “A los 18 años, empecé a sacarme la oposición para ser policía, aprobé a los 19 y juré el cargo a los 20. Siempre me gustó muchísimo, tengo familia que es policía y es una profesión que me encanta”. Para hacerse una idea de lo poco mediático que es el piragüismo, basta un dato: en Gijón, donde vive, nunca le han reconocido mientras patrulla: “Quizás es que están acostumbrados a verme con licra y 'culotte' y no con uniforme”, bromea. 

Oro, plata y una proposición de boda

A sus primeros Juegos Olímpicos, los de Pekín, llegó con solo 23 años junto a Carlos Pérez Rial, ‘Perucho’, uno de sus mejores amigos y también policía en Pontevedra. En la final de K2 500 dieron el campanazo, ganando el oro por tan solo 91 milésimas de segundo a la pareja alemana, que llevaba nada menos que siete años sin perder: “No contábamos ni mucho menos con el oro, sonó la flauta y salió un campeonato redondo, íbamos sin presión”. Para los siguientes de Londres ya partían como favoritos, pero entonces sucedió lo inesperado en el preolímpico, una ola a falta de 30 metros para llegar a la meta cuando iban los primeros les desestabilizó y no se clasificaron. El chasco fue tremendo y Saúl tuvo que rehacerse unas horas más tarde para disputar, en solitario, la prueba de K1 200. “Conseguí el billete para Londres, pero fue agridulce porque Perucho no estaba conmigo, no lo pasé bien, la verdad”, admite el catalán, que ganó nada menos que 10 kilos de puro músculo en el ciclo de cuatro años de unos Juegos a otros, al adaptarse a la distancia más corta, 300 metros menos, para ganar en potencia. 

En Londres, Saúl Craviotto no falló, entró segundo en la meta después del inglés Edward McKeever y lo celebró por todo lo alto: “Había comprado el anillo de compromiso sin que Celia lo supiera, claro, y al día siguiente de lograr la medalla de plata fui a Picadilly Circus, donde estaba ella junto a la familia, porque habían ido a dar una vuelta y estaba la parada del bus turístico. Le pedí matrimonio allí mismo. ¡Fue un fin de semana muy intenso!”. Saúl y Celia se casaron en Gijón en septiembre de 2013. 

“Ahora mismo estoy agonizando para poder estar en Río, la palabra masoquista se adapta bien a mí”, decía Saúl Craviotto el pasado mes de marzo, dos meses antes de jugárselo todo en el preolímpico que se celebró en la ciudad alemana de Duisburgo. Como le sucedió para ir a Pekín y a Londres, hasta el último momento no se sacó la plaza. Esta vez había fallado en el Mundial de Milán: “Parece que me va la marcha, es una tensión horrible, pero al parecer esa tensión me mantiene firme y me hace entrenarme al máximo justo el año antes de ir a los Juegos. Por ahora me ha funcionado, pero sí, es un poco masoquista”.

Tras el oro conseguido en K2 200 junto a Cristian Toro, la presión se ha esfumado, pero “la bestia”, como él mismo ha dicho, se ha despertado. Sus mayores rivales en la prueba individual serán el canadiense De Jonge y el sueco Petter Menning, pero en velocidad las distancias son mínimas y en un solo centímetro está la medalla. Cuando acabe la competición y regrese a España, junto a Celia y Valentina, tendrá que tomar otra decisión, una peliaguda. En su bíceps derecho se tatuó tras el oro de Pekín los aros olímpicos. En el izquierdo, después de la plata de Londres, repitió. “¡Ya no me quedan bíceps y no tengo ni idea de dónde me tatuaré el de Río!”. Bendito problema.

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