se metió en la final con el segundo mejor tiempo

Mireia Belmonte y la última oportunidad de lograr un oro

La nadadora que se cogió un berrinche cuando solo le dieron una plata cuando tenía seis años aspira ahora a conseguir, por fin, un oro en una gran competición en la final de 200 mariposa

Foto: Mireia Belmonte salta en la prueba de 200 mariposa (EFE)
Mireia Belmonte salta en la prueba de 200 mariposa (EFE)

Mireia Belmonte tenía solo seis años cuando compitió por primera vez en un torneo infantil de Catalunya en 100 metros estilos. Llevaba sólo uno practicando la natación desde que un médico se lo aconsejó para corregir la escoliosis que le fue diagnosticada en su espalda y lo hizo en la penúltima serie, mientras que las mejores niñas de su edad lo hicieron en la última. La pequeña Mireia ganó, después se enfrentó a las de la otra serie y logró ser segunda. Un buen comienzo, ¿no? Pues del berrinche que se llevó se acuerda todavía su madre Paqui, que tuvo casi que amenazarla para que subiera al podio a recoger la medalla de plata, porque se empeñó en que ella había ganado su serie y quería el oro. Han pasado 19 años y está ante su gran oportunidad, probablemente la última, para lograr por fin el oro olímpico que tanto le obsesiona en la final de 200 mariposa. 

Los 200 mariposa es su prueba favorita y la única opción que tendrá de conseguir el ansiado oro en Río. La ausencia de la fiera Katinka Hosszu, que renunció a la prueba para centrarse en la final de 200 estilos -donde también logró el oro-, le allana además el camino. En el 800 se enfrentará a la inmensa Katie Ledecky, que consiguió su segundo oro en la final de 200 libres. Así que a estas alturas la única duda es por cuánto rebajará el jueves la estadounidense su propio récord del mundo en la distancia (posee las once mejores marcas de la historia). En Londres Mireia ya logró la plata en 200 mariposa y en el 800 libre, y en el Mundial de Barcelona de 2013 ganó dos platas en 200 mariposa y 400 estilos y el bronce en 200 estilos. La medalla de oro es lo único que no tiene, lo único que se le resiste en una gran cita. Para llegar hasta Río sólo ella y su entrenador Fred Vergnoux saben lo que ha sufrido desde que se perdió el Mundial de Kazan el pasado verano, a un año de los Juegos de Río, por una bursitis en los dos hombros. No es que le doliera para nadar, es que le costaba sujetarse el pelo en una coleta, llevarse los cubiertos a la boca o abrir la puerta del coche. 

“Me siento mejor que nunca, llego a Río mejor que a Londres, más preparada” repitió una y otra vez en cada entrevista que concedió antes de viajar a Brasil. Ha tenido el calendario más exigente por elección propia, ninguna mujer nadará en estos Juegos seis pruebas como ella, pero Mireia y Fred Vergnoux estaban absolutamente convencidos de que era lo más conveniente, que cuanto más compitiera, mejor. En su primera carrera, en los 400 estilos, logró el bronce remontando desde la cuarta posición en el último viraje para tocar la pared sin haber respirado en los últimos siete segundos. 15 centésimas, esa fue la diferencia entre ella y Hannah Miley, que quedó cuarta. Nadó los últimos 50 metros en 29 segundos, su mejor marca desde el Mundial 2013 de Barcelona. Fue toda una demostración de lo que tanto le ha repetido Vergnoux desde que comenzó a entrenarla en el 2009: “Hay que saber sufrir, no temer al dolor”. Y de lo que le siguió repitiendo tras el éxito en los Juegos de Londres: “A partir de ahora todo será veinte veces más difícil”. 

El segundo día compitió de nuevo por la mañana en las series de los 400 libres, acusó el esfuerzo de la noche anterior y no pasó el corte para semifinales. Temía además haberse resfriado por culpa del aire acondicionado. Acatarrarse justo antes o en competición es uno de sus miedos recurrentes y por eso siempre lleva un pañuelo para taparse el cuello aunque sea pleno verano. El lunes, en el tercer día de su maratón particular, hizo por la noche el peor tiempo de las 16 participantes en los 200 estilos en las semifinales, peor incluso que el que había logrado en la matinal. Cuando salió del agua declaró que se había sentido “rara, muy rara”, y la sombra de la duda sobre su estado surgió inevitablemente. Ayer las despejó todas.

El enemigo es el ácido láctico

En las semifinales Mireia quedó anoche segunda tras la australiana Madeline Groves, que a priori será su gran rival y tiene la mejor marca del año con 2.05.44. La de Mireia era hasta ayer de 2:06.21 y ayer lo rebajó en 15 contésimas con aparente comodidad por delante de la actual campeona del mundo, la japonesa Hoshi que quedó tercera. Las sensaciones, en definitiva, son excelentes. 

En Londres consiguió la plata con un 2:05.25 en una prueba que está considerada como la más exigente físicamente de la natación, la que produce un mayor ácido láctico en los músculos. Hablando en plata: la que más cansa. Eso le pasó a la catalana en Londres, nadó veloz los primeros 100 metros y el ácido láctico hizo de las suyas en los últimos 50. Así que como Vergnoux intenta dejar siempre lo mínimo al azar, durante los últimos años ha estado preparando a Mireia para ser capaz de resistir cuando el ácido láctico ataca: El viraje, el nado subacuático, el batido de piernas y la apnea final. La táctica que utilizará esta noche está pensada, estudiada y trabajada. Ayer, tanto en las series de clasificación como en las semifinales pasó los primeros cincuenta metros en quinta posición y fue remontando. La clave esta noche estará en ser capaz de nadar los primeros cien metros lo más rápido posible -en Londres lo hizo en unos fabulosos 59.50 segundos- y no desfallecer al final. Si lo consigue, la larga travesía entre aquella niña de 6 años que sólo quería el oro y la mujer de 25 años que es ahora Mireia Belmonte por fin habrá concluido. 

Juegos Olímpicos

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