nibali y henao se cayeron al encarar el triunfo

La dureza de Río deja a Purito sin medalla y le cuelga el oro olímpico a Van Avermaet

Río ofreció al mundo una carrera descomunal en la que Nibali y Henao se cayeron cuando encaraban la llegada, lo cual no aprovechó Majka, sino el corredor belga. Purito finalizó quinto

Foto: Greg van Avermaet celebra su victoria en Río (Paul Hanna/Reuters).
Greg van Avermaet celebra su victoria en Río (Paul Hanna/Reuters).

No fue Valverde, tampoco Purito, ni siquiera Froome o Nibali. Fue Greg van Avermaet el que pasó primero por la línea de meta de Copacabana y se proclamó campeón olímpico de la prueba de ciclismo en ruta. El ciclista belga sube a lo más alto del podio después de completar una carrera excepcional en la que hubo poco que la táctica pudiera hacer. Los que se sostuvieron sobre la bicicleta tras una infinidad de puertos y muchas costaladas pudieron luchar por el oro que se marchó para Bélgica.

La maldición de los favoritos volvió a hacer acto de presencia en los Juegos Olímpicos de Río. Decía el seleccionador de ciclismo en ruta, Javier Mínguez, que era "excesivamente dura" la carrera que había planteado la organización de los JJOO y una vez recorrida por los corredores, la sensación es que en eso sí acertó el vallisoletano. No marcaron la carrera los cortes de los grupos producidos por la valentía en ataques de algunos ciclistas, sino que fueron las caídas en el peligroso descenso del alto de Vista Chinesa las que determinaron quiénes serían los que lucharían por las medallas. No fueron las fuerzas de cada uno tampoco, sino la carretera la que eligió a los mejores.

237,5 kilómetros es un recorrido suficientemente duro y exigente, pero si a eso se le añaden más puertos de los que se pueden contar con las dos manos, los corredores que pueden acabar victoriosos son muy pocos, destinados por la naturaleza. La realidad de la carrera fue que sólo un grupo de unos 15 hombres pudieron estar en cierto momento en la pelea por las preseas y, lo que resulta más sorprendente aún, el considerado mejor ciclista del mundo, Chris Froome, no era uno de ellos. Tampoco el líder del equipo español, Alejandro Valverde. Estuvieron ahí otros, no muchos más, pero sí los mejores.

Dicen que el ciclismo es uno de los deportes más desagradecidos para los que en la carretera compiten y sufren, pues pueden realizar esfuerzos muy prolongados que los llevan al límite físicamente sin que luego obtengan ninguna renta. Pero hay trabajos que parecen en vano y luego resultan ser más que efectivos, lo que sucede es que no se aprecian a simple vista. Michal Kwiatkowski fue campeón del mundo en 2014, pero es muy consciente de sus capacidades y de las jerarquías en su selección y, por ello, se lanzó a la aventura, a correr durante 200 kilómetros en fuga para que al final, cuando el esfuerzo parecía en balde, Rafal Majka estuviera en la pelea. Sólo el desfallecimiento final evitó que el corredor de Tinkoff subiera a lo más alto del podio. Al menos, el bronce cuelga de su cuello.

El oro se lo entregó pacíficamente a un belga que apenas estaba dando que hablar durante las seis horas que duró la carrera y que al final en un ataque de responsabilidad, explotó hacia lo más alto del podio sin encontrar oposición ni de Majka ni de Fuglsang. Greg van Avermaet ganó el oro olímpico más duro en décadas y culminó un año excelente para un corredor que a sus 31 años nunca ha sido un nombre de peso en el pelotón internacional. Etapa y maillot amarillo en el Tour y oro en Río. Van Avermaet alcanzó la cima.

Una de las subidas de la carrera (Cordon Press).
Una de las subidas de la carrera (Cordon Press).

Alzó los brazos oliendo el salitre de Copacabana, pero bien pudo lamentarse o darse con un canto en los dientes por obtener diploma olímpico, porque unos kilómetros antes, la carrera se había roto y tres corredores encaraban la línea de meta para repartirse las tres 'chapas'. Nibali, Henao y Majka habían aprovechado mejor que nadie el último ascenso a la Vista Chinesa. Ese trío era un subgrupo de uno mayor que se formó cuando en el penúltimo descenso se cayó Richie Porte y descolocó a todo el mundo. Los favoritos se dividieron y los que entraron en el corte, como en el golf, pudieron soñar con los metales. Algunos se repescaron a sí mismos sin premio, como hicieron Purito Rodríguez y Julian Alaphilippe. Froome, en cambio, nunca conectó con los de cabeza y quedó solo en medio de tierras cariocas secas y calurosas.

El tricampeón del Tour no se benefició en ningún instante de la prolongada labor de sus compañeros, en especial de Stephen Cummings, que estuvo tirando para evitar que los escapados, entre los que estaban Kwiatkowski y Pantano, no cruzaran un umbral de peligro temporal. En el caso español, esa labor la hizo primero Erviti y después Castroviejo, pero tampoco esta vez era el día. Valverde llegó destrozado físicamente a meta. Se dio por vencido antes de ascender por última vez y entregó los galones a Purito, que los cogió con gusto, porque se encontraba muy fuerte en su (posiblemente) último día sobre una bici como profesional.

En el camino hacia el oro, Nibali tenía una situación que le apasiona: un descenso arriesgado. El siciliano se ha ganado el calificativo de mejor bajador del mundo y era su momento para ganar el oro. Pero esta no era una bajada de las del Tour, con una carretera amplia y con un asfalto excelente. Era Río y una calzada angosta, oscura y con un bordillo que se cobraría muchas víctimas. Henao y Nibali se quedaron sin medallas por ello. Fueron víctimas de la dureza extrema del recorrido, ese que estuvo a punto de hacer a Joaquim Rodríguez subir al podio, pero al catalán siempre le faltó algo. Esta vez fue decisión de ir a por Majka, que parecía claramente desfondado, solo en cabeza. Van Avermaet y Fuglsang no dudaron. Abrieron la caja del tesoro y el belga se llevó el botín dorado.

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