ya es el mejor golfista italiano de la historia

De dónde ha salido Molinari y cómo ha sido capaz de ganar el British Open (ante Tiger)

Francesco Molinari ha ganado el British Open con 8 bajo par y tras batirse al final del torneo con el vencedor de tres ediciones, el estadounidense Tiger Woods. Se conocían de la Ryder

Foto: Molinari con su trofeo. (Reuters))
Molinari con su trofeo. (Reuters))
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Cuando se esperaba a Tiger Woods, apareció Francesco Molinari. Los dueños del golf se frotaban las manos, los periodistas del golf se frotaban las manos, hasta los aficionados al golf se frotaban las manos por la vuelta del que para muchos es el mejor jugador de siempre en este deporte, aunque aún esté por debajo en títulos del mítico Jack Nickaus. Hace ya diez años que ganó su último 'major' y en Carnoustie parecía lo suficientemente fino para reclamar el trono que, en esencia, le pertenece. Pero no, nada de eso, hubo uno mejor, un italiano, quién lo iba a decir.

En realidad, si se mira la historia, nada había más improbable que la victoria de Molinari, aunque solo sea porque a los italianos esto del golf nunca se les ha dado del todo bien. Por primera vez desde que se juegan 'majors' y eso son más de 150 años, un italiano se hizo con uno de los grandes torneos de la temporada. En su día estuvo cerca Costantino Rocca, que perdió un play-off. Italia era un casi, pero ya no. Francesco Molinari, más italiano que la canción melódica, es el primero en rugir.

Su jarra de clarete es incontestable, su juego ha sido el mejor del fin de semana. Ha logrado algo realmente difícil, apaciguarse ante la perspectiva de ganar lel Abierto Británico. Estaba rodeado por jugadores excelentes, no solo Woods, también Spieth o McIlroy, gentes que no se ponen nerviosas porque están más que acostumbrados a ganar y a ser escrutados por el universo entero. No se puede decir lo mismo de Molinari, que cumplió una de las particularidades que hacen más grandes al golf, y es que en un fin de semana cualquiera puede terminar ganando. Incluso un 'major'. Incluso recorriendo los últimos 18 hoyos junto a Woods, que fue su pareja de baile en la última jornada, con lo que impone una leyenda.

Woods y Molinari. (EFE)
Woods y Molinari. (EFE)

Un buen fin de semana vale

Bueno, no, cualquiera no puede ganar un grande, que Molinari es, antes que nada un buen golfista. Pero, por extrapolar, es imposible plantear que un Molinari, el 25 o el 30 del mundo, ganase en el tenis. Esas cosas simplemente no ocurren, son demasiadas pruebas y test hasta la victoria. En golf no funciona así, un fin de semana inspirado, controlando los fallos, y con los rivales sin brillar tanto como tú pueden darte un título espectacular. Eso es lo que le ocurrió al italiano, que es un buen golfista y, como tal, siempre candidato a ganar algo. Eso mismo puede ocurrirle un día, por ejemplo, a Rafa Cabrera-Bello, que en su traducción a tenis nunca tendría opciones.

Molinari es un turinés del Inter de Milán, que en sí mismo es una rareza. Es un golfista italiano, algo poco habitual. Es hermano de golfista, lo cual tampoco es corriente. Edoardo, que así se llama su familiar, ganó en su momento el US Open amateur y apuntaba fuerte a ser el futuro de este deporte en su país. Pero fue Francesco, como acaba de demostrar en Carnoustie, ese campo de hierba macilenta, el que finalmente logró un triunfo lo suficientemente relevante como para abrir la prensa del país.

Venía avisando, eso también es verdad. Estaba teniendo la mejor temporada de su carrera, solo unos días antes de llegar a Escocia se impuso en Quicken Loans, el primer torneo del circuito americano que lograba sumar el jugador turinés. Lo hizo con mucha autoridad, aventajando en ocho golpes al segundo, Ryan Armour, en la victoria más contundente en la historia del torneo que se juega en las proximidades de Washington, la capital del país. Eso fue el 1 de julio, pero también llegaba fuerte, porque el 27 de mayo había logrado la que, hasta ese momento, era su victoria más prestigiosa, el BMW PGA Championship.

En esa ocasión ganó a McIlroy, que estos días también estaba husmeando por Carnoustie a ver si se podía llevar el gato al agua cuatro años después. Jugó bien, pero no tan bien como Molinari, que cumplirá 36 años en diciembre y vive habitualmente en Londres donde se divierte animando al West Ham. Porque nunca puede faltar el fútbol en la vida de un transalpino.

Se vieron en la Ryder

Esta siendo su mejor temporada, sí, y lo del British supera cualquier expectativa. Su lucha con Tiger, de todos modos, no es nueva del todo. Ambos tienen en su pasado un duelo que es mítico en el que Molinari se convirtió en héroe. Fue en la Ryder Cup, esa competición de solera interminable en la que europeos y americanos compiten por ver quién es mejor. En Chicago, en el campo de Medinah, en 2012, estuvo presente el italiano. Se emparejó con Woods en la jornada final y logró empatarle el partido, en lo que era el punto que aseguraba la victoria para los del viejo continente. Algo más hay que contar, y es que esa es, probablemente, la más grande de las victorias europeas. Se llama el Milagro de Medinah y es por algo.

Los estadounidenses se plantaron en la jornada final con cuatro puntos de ventaja, una holgada diferencia, más aún si se tiene en cuenta que las primeras jornadas suelen ser más propicias para los europeos. Necesitaban ganar casi todo los capitaneados por Chema Olazabal... y lo hicieron. Uno detrás de otro fueron entrando con victoria en la casa club y Molinari, que jugaba contra el rival más duro, logró el empate final que devolvía el trofeo a las vitrinas del viejo continente. El título fue dedicado a Seve Ballesteros, que no mucho antes había fallecido.

La victoria de Molinari en este British Open también apela a la Ryder. Este mes de septiembre se jugará en Francia esta competición, que es bienal, y los europeos estaban temiendo la escabechina. Los últimos cinco grandes torneos habían caído del lado de Estados Unidos y la regularidad de sus mejores jugadores asusta. No es que los golfistas europeos no vayan a competir, hay muchos y muy buenos, pero el ánimo del viejo continente necesitaba una victoria para llegar al otoño con la cabeza alta y la sensación de que se puede mirar al rival a los ojos.

"¿Es una máquina o un hombre?", preguntaba Thomas Bjorn al conocer la victoria del italiano. Es el capitán del equipo este año y en Carnoustie le ha dado para subrayar un nombre que no se daba del todo por hecho para el equipo final. Molinari irá con Europa, pero más aún, será una de sus estrellas.

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