se adapta bien a su pegada

Por qué el campo del British tiene la hierba amarilla y eso puede ayudar a Rahm

El español Jon Rahm terminó la jornada octavo, dos por debajo del par, y mantiene intactas sus opciones de brillar en el torneo. Sergio García, con +5, tendrá casi imposible pasar el corte

Foto: Rahm golpea en el Abierto Británico. (EFE)
Rahm golpea en el Abierto Británico. (EFE)

Pareciera que el viento lleva milenios pegando en las costas de Escocia tan solo para que hoy se pueda jugar al golf en los links. Los links, por explicarlo un poco, son campos que no necesitaron de un diseñador poniendo búnkers y greenes, que se moldearon con el tiempo y las inclemencias del tiempo, que fueron estableciéndose en las costas del Mar del Norte. Eran tierras en las que no se podía arar, con ondulaciones, dunas y salientes de agua. Los lugareños inventaron en esos campos un deporte que hoy mueve cientos de millones de dólares. En sus mejores lugares, además, acogieron el Open Británico. Y hoy en día, en una rotación estricta, siguen siendo la casa de este señero torneo.

El más mítico es Saint Andrews, donde empezó todo, pero Carnoustie también tiene muchas cosas que decir. Aunque solo sea por su dificultad, que es máxima en comparación con otros campos de la rotación del British. Los links son fáciles de reconocer, no hay calles como tal, ni arboledas ni 'roughs', es un terreno enorme, abierto y con ondulaciones en el que casi lo más complicado es encontrar el camino correcto hasta el hoyo, algo que en los campos convencionales, esos de colores verdes intensos, no se le escapa a nadie. En ese entorno complejo, Jon Rahm tratará de romper, por fin, su barrera psicológica en un grande. Y mal no ha empezado, que esos dos golpes por debajo del par en la primera jornada son un buen síntoma.

Octavo en la casa club, es uno de los mejores entre los favoritos. ¿Favorito? igual la palabra aún le queda un poco larga, porque en el golf hay muchos y muy buenos que han demostrado durante años su capacidad para estar en la pomada. La primera parte, la de ser muy bueno, Rahm la cumple con nota. A sus 23 años ha ganado cinco torneos como profesional, se ha asentado entre los diez mejores del mundo y llegó incluso a ser el número 2. Es un currículo contundente para alguien que es poco más que un novato. Es cierto que el último mes no ha estado tan brillante, lo cual tampoco es algo de lo que tenga que avergonzarse, y que en los grandes todavía no ha encontrado su mejor juego. Logró una cuarta posición en Augusta este año, que no es poca cosa, pero se le supone una evolución más que le lleve a pelear hasta el último hoyo contra todos.

Le gusta el campo

Así que igual para ser favorito necesita algo más, no mucho más, pero sí algo más. Carnoustie, en principio, no es el mejor lugar del mundo para Rahm, aunque más que otra cosa por desconocimiento del terreno. Los europeos, que suelen jugar allí la Dunhill, conocen algo mejor las trampas que puede proponer el campo escocés, incluidas las de los temidos cuatro últimos hoyos. Porque un grande, en golf, se puede perder en cualquier momento, pero la frase es especialmente cierta en este caso, hasta que no se firme la tarjeta cualquier tipo de confianza sobra.

Rahm ha demostrado que se le dan bien los links, incluso los secos y pedregosos como este Carnoustie que amarillea y agarra mal la bola. Ha ganado tres torneos del circuito europeo a pesar de que él juega, fundamentalmente, al otro lado del charco. Tiene en este caso una ventaja, que es su gran pegada. En la primera jornada se admiró su capacidad para meterse de primeras en el 'green' del hoyo tres, un par cuatro que solo son capaces de recorrer de un golpe los golfistas más dotados. Él, sereno, sonreía y se chocaba el puño con su 'caddie'.

El vasco, que es un hombre entusiasmado casi siempre, habla del terreno de este fin de semana embelesado: "Me gusta por la creatividad y la imaginación. No hay límites en los golpes que puedes pegar. En el PGA Tour siempre hay un límite y a veces sólo hay un tipo de golpe posible. Por eso es merecida la fama de que en este torneo el que mejor juega, gana".

Los otros españoles fallan

Rahm estuvo considerablemente mejor que los otros españoles, que dedicaron la primera jornada en Escocia en enterrar sus opciones de hacer algo grande. Jorge Campillo ni tan mal, es joven, está empezando y tiene poca costumbre de estos lugares, terminar con +1 le pone cerca de pasar el corte que, razonablemente, debería ser su objetivo en esta competición. Rafa Cabrera, peleado con el 'putt' toda la jornada, vio como su difícil objetivo se convirtió en casi imposible firmando una tarjeta con tres golpes sobre el par.

Y Sergio García dio un paso más en su olvidable temporada. Nada le está saliendo bien y este torneo no apunta a que vaya a ser un punto de inflexión. Desde que ganó el Masters de Augusta no ha logrado que su juego se alinee con su fama, y ahí está, con cinco golpes por encima del par al final de la jornada, casi desahuciado para lo que resta de British. Tendrá días mejores y torneos mejores, años mejores probablemente, porque ni cambiar de 'caddie' ni pensar y repensar todo le ha servido para devolverle al golf el jugadorazo que puede llegar a ser Sergio García. Solo se salvó un tremendo golpe desde el agua que consiguió salvar de manera milagrosa.

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