reed, mcilroy y fowler le aventajan

Jon Rahm se da la oportunidad de sentirse bien en un grande como Augusta

Su golf es buenísimo, pero hasta este fin de semana no había aparecido en los 'major'. Empezará cuarto el domingo después de firmar 65 el sábado, con opciones para soñar con vestirse de verde

Foto: Rahm, después de su 'eagle' en el 8. (Reuters)
Rahm, después de su 'eagle' en el 8. (Reuters)

Jon Rahm tiene 23 años o, lo que es lo mismo, un montón de sensaciones por vivir. Su juego le dará, con el tiempo, muchas alegrías, porque es un superdotado para el golf. Tiene, de hecho, mucho mejor historial que casi cualquier jugador porque en su primera temporada como profesional ha logrado convertirse en uno de los mejores jugadores del mundo. De los diez, de los cinco, de los tres... eso ya está en la interpretación de cada uno, pero nadie le quitaría hoy en día de la lista de los grandes. Ya ha ido ganando cosas, pero por el momento le faltaba que ese juego también apareciese en los cuatro torneos más importantes del circuito.

Bien, puede tachar la frase "una vuelta enorme en un 'major'" de la libreta de sueños por cumplir. Este sábado fue el mejor de todos los que participaron y el domingo, en buena lógica, peleará por la chaqueta verde que distingue al campeón del Masters de Augusta. Le llega la oportunidad con una edad a la que no se suelen tener opciones. El golf pide experiencia, porque hay que leer cada hoyo, porque los errores gravan las puntuaciones y no hay nada más propio de la juventud que el error.

La lista de los que ganaron la chaqueta verde con 25 años se resume en cuatro nombres; Woods, Spieth, Ballesteros y Nicklaus. Es casi imposible pensar en una compañía mejor. Si Rahm consigue este domingo dominar su juego y llevarse el gato al agua se colará en una de la listas más exclusivas del deporte mundial. No se le puede exigir tampoco, el de Barrika decía estos días que en su cabeza está competir, verse en el último día de competición con opciones, no tanto ganar. Eso, por lo menos, ya lo ha logrado, y desde luego será una experiencia magnífica de cara a lo que pueda ocurrir en los próximos años de su carrera. Pase lo que pase.

El sábado, en los torneos de golf, se conoce como el 'moving day'. Después de dos jornadas colocándose es el día que determina quiénes competirán realmente por la victoria final. En ese día, Rahm fue el mejor de todos. Ni un solo fallo importante cometió en toda la tarde de Augusta, ni un solo 'bogey' se dejó por el camino, jugó con una calidad pasmosa y los pocos momentos en los que pudo dudar resolvió sin hipotecas.

El 'eagle' del 8

Son pocos los que pueden firmar una tarjeta de 65 en un torneo como este. -7 en el día, recortando hoyo a hoyo la distancia que tenía con la cabeza. Su primer día fue malo, se fue a la casa club con +3, pero desde entonces ha ido incrementando su nivel y demostrando que tiene el mismo golf que los mejores. En este tercer día, en ese tarjetón, empezó marcando terreno. Dos 'birdies' en las dos primeras opciones demostraban que había llegado al sábado con la mente limpia y muchas ganas de jugar su mejor golf. Y eso es sinónimo de hacer cosas grandes. Siguió sacando pares adelante, evitando los lugares en los que en los días previos había tenido dificultades, como ese difícil hoyo 7 en el que se dejó dos golpes los días previos.

En el 8 dio el golpe definitivo. Un 'eagle', algo que en su juego no es tan extraño pero que a casi todos los golfistas cuesta horrores. Para conseguir recortarle dos golpes a un hoyo tienes que jugar perfecto, pero es que ese fue, ni más ni menos, el nivel que mostró. En ese momento dio el mejor golpe del día, un precioso chip desde lejos que encontró bandera y que le ponía, en ese instante, con cuatro por debajo en el día y cinco en el total.

Otro 'birdie' en el 10 y, no mucho después, la confirmación de que todo iba a salirle bien. En el hoyo 13 tiró al agua la bola, algo que normalmente carga la tarjeta con un borrón. Pero cuando las muñecas vuelan no tiene que pasar lo inevitable. Controló el palo y dio otro sensacional golpe de aproximación, que dio a la bandera y se quedó manso junto al agujero. Salvar los problemas es otro de esos puntos claves para cualquier golfista que quiera prosperar.

Ese par cinco, por caer al agua, y el del 15, son probablemente los mayores remordimientos para el de Barrika. Sacó un par en ambos, pero son hoyos en los que él, normalmente, puede hacer mejor resultado. Porque el joven español tiene distancia suficiente para que esos pares cinco no sean fieros. Esto no quiere decir mucho, es imposible acertar siempre, pero da un poco más de grandeza a la tarjeta de Rahm, que ni siquiera estuvo perfecto en los lugares comunes.

Se plantó en el 16 con -5, lo cual ya era una magnífica vuelta. Pero él quería más, de las pocas cosas que ha podido demostrar en este tiempo como profesional es que Jon no es conformista. Dos 'birdies' seguidos justo antes de terminar. En el 18, cuando empezó a llover, un no muy buen segundo golpe le puso en problemas, pero también lo sacó adelante. Porque era el día de Rahm y todo lo que salía de sus manos parecía oro.

Rory McIlroy. (EFE)
Rory McIlroy. (EFE)

Los rivales

No va a ser sencillo el final, tanto por los rivales que va a tener Jon como por la distancia que el líder, Patrick Reed, se llevó a la casa club. El de San Antonio está jugando con toda la soltura, lleva ya dos temporadas en la brecha, demostrando que puede competir con los mejores. Los momentos de duda, como el 'bogey' en el 12, los solventó con una clase tremenda. De hecho, en los últimos cinco hoyos hizo dos 'eagles'. Sensacional. Hay que ver cómo afronta una última ronda desde el liderato, que hay que rematar y no está hecho eso para todos los golfistas. Ahora bien, si juega como estos tres días nadie más tendrá opciones, porque está sensacional.

Es improbable que le tiemble la mano al segundo, pues es Rory McIlroy, que hizo una tarjeta de 65 y sin 'bogeys'. Cuando eres caballero del imperio británico y has ganado cuatro grandes en tu carrera sabes perfectamente que lo puedes volver a hacer. Si es el norirlandés quien lo consigue habrá logrado cerrar el grand slam, pues es el único de los torneos importantes que le queda por ganar. Toda la vida le han dicho que tiene el juego perfecto para Augusta, pero a él empezaba a cansarle la frase. ¿Si eso es cierto, por qué nunca gana?

En la tercera posición está otro caimán, Rickie Fowler, que estuvo a la altura de Rahm en esta tarde de golf. Nunca ha ganado un grande y aunque sigue siendo joven empieza a ser algo pesado para quien este año cumplirá 30 primaveras. Porque el juego lo tiene, ha sido quinto en Augusta, segundo en Estados Unidos y en el Británico y tercero en la PGA... pero no ha ganado. El tiempo apremia, lo sabe bien Sergio García, porque cuando pasan los años tener buen golf no es suficiente, te señalan con el dedo como un perdedor si no logras ganar en grande.

Hay más nombres, el golf es un deporte de detalles y una buena jornada, o una muy mala, puede hacer moverse una clasificación bastante. Están por ahí Stenson, Fleetwood, el bicampeón Watson o, un poquito más atrás, Thomas, Spieth y Johnson. Nombres todos ellos entre los mejores del universo de golf. Contra todos ellos se medirá Rahm que, en todo caso, ya ha demostrado algo que le faltaba por conseguir: es capaz de ser competitivo en un grande y llegar al último día con opciones.

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