Spieth, Thomas, Johnson y Leishman, los rivales

Jon Rahm se pone a la caza de los diez millones de dólares

El jugador español llega quinto en los play off de final de temporada y si es campeón en el torneo de Atlanta se alzará con el premio final, el más cuantioso del golf mundial

Foto: Jon Rahm, en el BMW championship. (Reuters)
Jon Rahm, en el BMW championship. (Reuters)

Es su primer año completo como profesional Jon Rahm aspira a ganar el Tour Championships. Es más, depende de sí mismo, si gana en Atlanta, en la última cita de la temporada, se llevará a casa el premio final del circuito FedEx y los diez millones de dólares de premio que supone haber sido el mejor en los cuatro torneos del play-off. Aparece en el listado como quinto mejor golfista de los campeonatos de este ciclo de septiembre, colofón de la temporada, solo por detrás de Spieth, Thomas, Johnson y Leishman.

La victoria en el torneo, sin embargo, le asegura comerle el espacio a todos ellos. Incluso siendo segundo tendría opciones de llevarse el premio final, aunque eso es bastante más improbable. En Atlanta compiten los 30 mejores jugadores del año y todos ellos tienen alguna posibilidad teórica de ganar los diez millones, aunque solo los cinco primeros, y esto incluye a Jon Rahm, dependen de sí mismos para lograrlo. Para colocarse en las mejores posiciones antes han jugado en septiembre tres torneos. Solo los cinco mejores en ellos tienen en su mano el título final.

Sergio García también disputará el torneo, aunque el hecho de aparecer como número 25 del mundo prácticamente le descarta para llevarse el premio final. Tendría que ganar, que Spieth, número 1 del mundo, no estuviese entre los 19 mejores, ni que Justin Thomas, el segundo del mundo, quedase entre los cinco primeros. En resumen, una quimera. Y es que el castellonense ha tenido el mejor año de su vida por enfundarse la chaqueta verde como campeón en Augusta, pero fuera de esa enorme victoria no ha logrado la regularidad que le caracterizaba en otras temporadas.

Y es eso, la regularidad, lo que está asombrando en los primeros pasos en el circuito de Jon Rahm. Si aparece en el torneo final de este lucrativo circuito con opciones de ser campeón no es porque haya ganado mucho sino porque Rahm prácticamente no ha fallado. En los tres torneos previos de los campeonatos FedEx, claves para afinar la clasificación en este Tour Championship, nunca ha bajado de los cinco mejores en la clasificación. Es cierto, no ha ganado ninguno de ellos, pero como la gota malaya él está ahí siempre al acecho, cerca de conseguirlo.

Los buenos resultados de Rahm en esos tres torneos previos tienen muy poco de casualidad. En un deporte tan complicado como el golf, en el que cualquier día malo te manda a galeras, él ha demostrado ser desde el primer momento el más regular de todos los competidores. Así lo demuestran los datos, en 21 torneos disputados por el de Barrika esta temporada ha estado entre los 10 mejores en 12 de ellos. Más de un cincuenta por ciento y más que nadie entre todos los golfistas.

La extrema regularidad de Rahm

Rickie Fowler y Jordan Spieth, que también dependen de sí mismos para lograr los diez millones, han conseguido estar en el top-10 en una decena de ocasiones, dos menos que Rahm. Fowler, el mejor de los dos, lo ha hecho en 20 torneos disputados, lo que quiere decir que se sitúa junto con el español como el único que cuenta con más de un 50% de finales en esas posiciones de privilegio. Jugadores del talento de Dustin Johnson (9) o Justin Thomas y Justin Rose (8) se quedan bastante lejos de lo conseguido por el vasco en su, repetimos, primera temporada como profesional.

Y todo esto, en su primera temporada completa. Rahm tiene 22 años, una edad cortísima para este deporte. Está aún a la espera de su plenitud, tiene mucho golf por delante, mucho que aprender. Pero sin todo eso ya es uno de los mejores del mundo. "Han pasado muchas cosas este año", reflexionaba la pasada semana el español tras el tercer torneo de la FedEx Cup.

"Estoy consiguiendo cosas que no esperaba demasiado pronto en mi carrera, es un factor asombroso cuando lo piensas", decía el golfista. "Eran objetivos a largo plazo y yo los estoy logrando a corto, pero necesito intentar mantenerme lo máximo posible", concluía mientras firmaba más de 200 autógrafos, algo también muy nuevo para él: "Intentas hacerlo de una manera rutinaria, lo más normal que puedas, pero la verdad es que es difícil no pensar en ello".

Rahm, un excelente jugador, mira al año y ve sus defectos. Algunos le echan en cara ser demasiado visceral, reaccionar con pasión a los errores, perder los nervios en ocasiones. "Es parte de lo que soy, cada uno reacciona de un modo diferente a los malos golpes, yo soy emocional", cuenta el joven. "Entiendo que necesito mantenerlo bajo control, más que otros, y cerciorarme de que me ayuda más de lo que me daña", relata.

Rahm este año ha ganado en premios más de cinco millones de dólares, pero en su cabeza está atacar el último premio, una anomalía, el más grande de toda la temporada. Él, de todos modos, va aprendiendo los términos propios del deportista profesional. "Jugamos por la gloria. El premio final es muy importante, no hay nada parecido en el m undo del golf y pocos deportes tienen algo así. Está el honor de ser campeón del año, pero eso es algo también en lo que pensar", resume en una charla con El Correo.

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