sergio garcía falla en la primera jornada

Corbatas y estampados de postales: el British Open de golf acepta cualquier vestuario

Desde los más sobrios y clásicos a las más puras estridencias, el golf lo acepta todo, incluso en su torneo más tradicional que lidera Jordan Spieth y vio una excelente labor de Rafa Cabrera

Justin Thomas aparece en el 'tee' del uno del Abierto Británico con una curiosa mezcla de atuendo entre joven alumno de colegio privado inglés y cantante 'indie' tipo Pete Doherty. Lleva un cardigan de lana azul que combina a la perfección con una corbata de punto del mismo color. Muy niño bien salvo que la corbata está aflojada y el botón superior del cuello no está prendido. El caballo de Ralph Lauren destaca en el pecho del golfista, un logo de tamaño considerable que en la mayor parte de deportes estaría prohibido. En golf no, aquí el atuendo es libre como un taxi, con alguna salvedad que tiene que ver con la imposición de llevar cuello, sea como camisa o como polo. Aunque eso también ha ido cambiando. "Siento que en el British es el único torneo en el que realmente puedo ponerme una corbata", explica el jugador.

El 'look' sorprende, pero no está ni cerca de ser el más estridente entre los participantes. Ese puesto tiene dueño desde hace años, es cosa de John Daly, gran campeón, alcohólico rehabilitado y uno de los jugadores más carismáticos del circuito mundial. Se hace los pantalones a medida y pensando en cada evento. En este caso el estadounidese ha decidido que a la primera jornada iba a salir con unos inspirados en postales de diferentes países. Vaso de cocacola en la mano derecha, cigarro en la izquierda y a pasear por el campo. Los días en los que ganaba grandes torneos ya son parte del pasado.

Antes de Daly estuvo Payne Stewart. También carismático, único y gran campeón. Se mató en una avioneta y quedó para siempre grabado en el golf con los calcetines por las rodillas y una curiosa boina escocesa de colores chillones. Todo lo contrario que Seve, siempre con su jersey azul y camisa blanca, muy sobrio, lo que es un contraste en sí mismo, porque pocos fueron más pasionales que el de Pedreña. O Tiger Woods, que salía de rojo en la última jornada de cada torneo para amedrentar a los rivales. Jon Rahm piensa utilizar una gama cromática similar, siguiendo al ídolo. El golf no entiende de normas, tampoco es supersticioso. No puede serlo, Jack Nicklaus, el mejor jugador de todos los tiempos -o eso dice su historial- salía con frecuencia a pegar golpes vestido de amarillo chillón.

No hay códigos en el golf, un lugar en el que no existen los equipos y todos los jugadores visten como les place. Por descontado, las marcas deportivas se han hecho en los últimos tiempos con cierta tiranía en la indumentaria de los deportistas. Nada tiene de casualidad que cada día lleven polos distintos o que los jugadores vistan los colores que ese mismo año han reinado en la pasarela de moda. Cobran demasiado dinero como para que esa libertad sea real, y solo hay que ver la descripción minuciosa de Ralph Lauren del atuendo de Thomas para entender que no solo es un golfista, también es un modelo perfecto para vender rebecas y corbatas de punto.

Jordan Spieth.
Jordan Spieth.

Spieth toma el mando

Royal Birkdale, el campo en el que se celebra este año el torneo más clásico del golf, es un campo inhóspito. La última vez que el British llegó allí ni un solo jugador fue capaz de bajar del par del campo. Ganó Padraig Harrington con +3, lo cual es en sí mismo una anomalía. Al fin y al cabo se espera de profesionales que cobran millones de euros que sean capaces de ser mejores que el terreno. Pero no, no siempre, a veces la lluvia, el viento, los obstáculos o las ondulaciones del terreno amenazan y hacen que sea imposible. Gana la naturaleza, y también un poco un deporte que gusta menos si parece fácil.

La dificultad del campo del oeste de Inglaterra no pareció importar demasiado a Jordan Spieth, uno de los mejores jugadores del golf actual. Joven, ya campeón de dos grandes, parecía que tras su 2015 iba a ser el siguiente gran dominador de este deporte. Pero el golf no es una disciplina para correr, tampoco en las conclusiones, y el año pasado, después de desplomarse en la jornada final del Masters de Augusta, su juego dio un bajón y dejó de ganar con tanta facilidad.

Spieth, de todos modos, sigue siendo un prodigio. Es un jugador completo, pero especialmente bueno cuando tiene le 'putt' en la mano. El golpe más difícil, el que siempre hay que controlar porque nunca se puede evitar. Dominar el juego corto y de 'green' es clave para llegar a ser una estrella. Le entraron todos o casi todos, tanto que se fue a la casa club sin haberse dejado un solo 'bogey' y con -5 en el global del día.

Algo parecido hicieron otros dos estadounidenses, ambos jugadores a tener muy en cuenta. Son Brooke Koepka y Matt Kuchar. Ambos comparten el liderato con Spieth. No tienen tanto nombre, pero llevan años en el circuito americano dando guerra cada fin de semana. Unos pocos días de inspiración pueden otorgarles el mejor momento de sus vidas. En el golf es una tradición que haya 'outsiders' capaces de llevarse el gato al agua.

Rafa Cabrera salva el honor español

Puede no tener el nombre de Sergio García o el potencial de Jon Rahm, pero Rafael Cabrera Bello es un excelente jugador de golf. Lleva años en la élite y él, como tantos otros, tiene también potencial para una semana buena plantarse entre los mejores de cualquier torneo. No ha podido empezar mejor en este caso. Desde el primer momento recordó su mejor juego, con golpes afilados, fallando poco y remontando los malos momentos.

Quitarle tres golpes a un campo como el Royal Birkdale es un meritazo. Quedarse a uno de los líderes es solo una muestra más de que puede estar en la pomada. Si sigue jugando como en este jueves de cielos azules, lo puede conseguir. Leyó a la perfección los hoyos y entendió mejor que la mayoría lo que puede hacerse y lo que no en un recorrido tan complicado.

Él fue el mejor español mientras que el más decepcionante fue Sergio García. Todo pareció salirle mal. Se fue con tres golpes sobre el par a casa, y suerte que tuvo de que en los dos últimos hoyos recordase, por fin, el jugador que hace solo unas semanas ganó la chaqueta verde. Esos dos 'birdies' finales no llegan a salvar el día, pero sí que acercan al jugador a la posibilidad de pasar el corte mañana si le sale un buen día. No es un gran consuelo.

Más extraño es todavía el caso de Jon Rahm. Estaba jugando a un nivel menor del que tiene, pero a pesar de todo iba sacando adelante la tarea. El par, poco más que eso. En esas llegó el hoyo 17, empezó a jugar con normalidad e, incluso, dio un golpe de aproximación excelente que le ponía, en principio, en una clara oportunidad de 'birdie'. Pero en un primer momento pareció que la bola se había movido y eso significa dos golpes de penalidad en la tarjeta. Lo que iba a ser uno de los golpes del torneo, y uno de los mejores hoyos del día para cualquier golfista, se convirtió en un vórtice de desgracia. Se fue frustrado a la casa club, tan solo para llevarse un alegrón poco después. Los jueces del torneo consideraron que no había movimiento y le dieron -1 en ese hoyo 17. También en el día, lo que le coloca a cuatro golpes de los líderes. Lo que no es tanto si se tiene un talento tan mayúsculo como Rahm.

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