-3 en el día, -4 en el total

Sergio García lidera el Masters de Augusta al final de su segundo recorrido

El castellonense empezó el día con tres 'birdies' y aunque tuvo problemas supo recomponerse. Lidera junto a Pieters, Hoffman y Fowler. Rahm firma un -2 en el día y está en la pomada

Foto: Sergio García, en el Masters. (Reuters)
Sergio García, en el Masters. (Reuters)

Sergio García siempre llega a punto antes de los grandes torneos. Es un gran jugador de golf y especialista en aparecer en los primeros días de los grandes. Su regularidad es pasmosa, muy pocos tienen tantos finales entre los diez mejores como él. Aunque no ha ganado nunca, que es todo lo que le falta para que su carrera sea vista de otra manera.

Su vuelta del viernes fue sensacional, en su estilo. En unas condiciones climatológicas difícil, con el fuerte viento que está siendo un gran quebradero de cabeza para todos en este inicio del Masters de Augusta, él se mostró seguro desde el 'tee' del hoyo 1. Tres 'birdies' para empezar, para reclamar su lugar en esta carrera por la chaqueta verde. La tarjeta final, muy sólida, -3 en el día, -4 en el total. Muy pocos fallos y momentos muy brillantes.

Está entre los mejores, coliderando la competición con Pieters, Hoffman y Ricky Fowler. Por detrás acechan otros, como Mickelson. El golf, un deporte hiperprofesionalizado, siempre propone un buen ramillete de jugadores que pueden pensar en ganar hasta el último día. En eso este Augusta, complicado, no es diferente. Quien quiera la chaqueta verde se la tendrá que ganar unas cuantas veces.

Especialmente bien estuvo en el 'putt', un palo clave para dominar este deporte y que no siempre ha sido el mejor aliado de Sergio García. Esta vez, y a pesar de un pequeño error en el hoyo 18, demostró que está en perfecta forma, embocando algunos hoyos difíciles cuando el último golpe se le había quedado bastante largo.

En ocasiones pasa un poco lejos de las previsiones y las apuestas, tanta costumbre hay de que esté en la pomada que ya no emociona, algunos le ven como parte del mobiliario, no como lo que es, un excelente golfista que puede conseguirlo si tiene un gran fin de semana. Argumentos con el palo en la mano tiene sobrados, el problema es que en ocasiones la narrativa prefiere lo nuevo, lo rutilante, antes de lo que es muy seguro.

Incluso supo sobreponerse a momentos malos, momentos extraños. Como en el hoyo 10, cuando la organización marcó en su tarjeta un triple 'bogey' que le empujaba varios puestos en la clasificación. No se puso nervioso, sabía que le habían adjudicado dos golpes más de los que había hecho, así que siguió jugando como todo el resto de la jornada: sólido, tranquilo, confiado de sus posibilidades.

No haber ganado nunca un grande es la losa de Sergio, pero su experiencia está ahí. En los primeros días de estos torneos los nervios no le atenazan, él se considera de la élite y sabe que lo normal es estar peleando. Peor son las cosas en los últimos 18 hoyos, esos domingos eternos que quitan mucho y le han dado muy poco. Eso, en todo caso, es un futurible, nada más.

Tan bien lo hizo que, con un 'birdie en el 17, terminó marchándose líder a casa club. Ahora espera lo que haga el resto, pero su posición de cara al fin de semana, en todo caso, es buena para intentar desquitarse.

Jon Rahm, en Augusta.
Jon Rahm, en Augusta.

Jon Rahm también brilla

Sergio García no fue la única buena noticia para la afición española, Jon Rahm, en su primer Masters, está demostrando que él también puede estar entre los mejores. Lleva semanas siendo la sensación del circuito, ha aparecido de repente en las apuestas y el tipo de campo que propone de Augusta se ajusta muy bien a sus características como golfista. Pero una cosa es predicar y otra dar trigo.

En el golf son casi inexistentes las victorias de novatos en los cuatro grandes. Es un deporte que beneficia la experiencia y el conocimiento del terreno, haber jugado cien veces el Amen Corner es algo que solo se consigue con el tiempo, que es probablemente lo único de lo que no puede presumir Rahm. Todo lo demás lo tiene, la distancia, el toque, incluso la finalización.

El primer día, a pesar de las condiciones del campo, muy desfavorables, consiguió mantenerse a tono. El +1 sonaba peor de lo que era, porque el golf no es tanto un deporte de notas como de comparaciones, y la galerna de Augusta estaba pegando a todos por igual. El segundo día, con un recorrido un poco más sencillo, ya estuvo bajo par. En -2, concretamente, que es una puntuación que le dejaba entre los diez primeros a su llegada al club y que, evidentemente, también le deja opciones para soñar con un gran fin de semana. Su juventud, evidente, no quita que él también pueda soñar.

Y todo esto a pesar de que, como Sergio, él también tuvo un hoyo rebelde. El mismo, de hecho, pues los dos se pegaron con el 10, difícil por encima de todos. En su caso, un 'doble bogey', una actuación impropia de un grande. Pero él lo es, lo demostró acto seguido, con un 'birdie' en el siguiente. Porque esto suena a frase motivacional, o a taza de Mr. Wonderful, pero en el golf no deja de ser cierto: caer no es un problema, el problema es no levantarse.

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