Phil Mickelson le pone entre los mejores del mundo

Jon Rahm, el golfista que aprendió inglés escuchando Eminem y haciendo flexiones

El de Barrika, que ha quedado tercero en el Mundial de golf disputado en México, es dicharachero, confiado de sus posibilidades, no se pone límites y es un aficionado apasionado del Athletic

Foto: Jon Rahm, en el Mundial de Golf (EFE)
Jon Rahm, en el Mundial de Golf (EFE)

Jon Rahm empieza algo entumecido la tercera ronda del Campeonato Mundial de Golf que se celebra en México. En el tercer hoyo se deja un bogey que le complica la jornada después de dos días brillantes. Unos aficionados españoles que le están siguiendo el recorrido se atreven a darle ánimos:

- Venga, Jon, que no pasa nada.

- Sí, sí, ya sé que no pasa nada -responde con tono amable-.

Son solo 22 años los que tiene el vizcaíno, pero nada ni nadie parece capaz de ponerle nervioso. Efectivamente, sigue el recorrido con normalidad y acaba con -4 en el día. Suficiente para, en la última jornada, mostrarse entre los favoritos. Solo dos bogeys en los tres últimos hoyos le alejan de la victoria, conseguida finalmente por Dustin Johnson, número 1 del mundo. Es su primera temporada como profesional, aún está afianzando la tarjeta para poder competir en todos los eventos. También es ya, por derecho propio, uno de los mejores golfistas del planeta. Su sexta plaza en el ránking FedEX así lo atestigua.

Lleva unas semanas pletórico, y no es una racha sino una aparición estelar. Hace tiempo que en los mentideros del golf suena su nombre pero ¿quién es Jon Rahm? ¿cómo ha llegado hasta aquí? Nació en Barrika, es vizcaíno y la primera definición clara que se tiene de su amor al deporte tiene que ver con los colores rojo y blanco propios del Athletic, club del que llevó el escudo en la bolsa de palos de golf hasta que Adidas, que le proporciona la ropa deportiva, le pidió que lo quitase, pues al equipo le patrocina Nike. Se plegó a la petición, pero no dejó de la afición, un pequeño león vestido de rojiblanco siempre le acompaña en su bolsa. Es socio desde los seis años y nunca ha dejado de renovar su abono, a pesar de vivir en Estados Unidos: "Hay cosas que no se tocan"

Lo del fútbol es pasión, como lo es en deporte en general. Era un niño hiperactivo en una familia en la que gustaba la pelota vasca, deporte que practicó así como artes marciales o piragüismo. En una de esas sus padres consiguieron una invitación para un torneo de golf, acudieron y les entró el gusanillo de los 'greenes' y las calles. Primero de una forma modesta, sin entender demasiado. Quizá por eso su padre no se creía del todo lo que iba a pasar con el pequeño Rahm.

Empezó a ganar campeonatos de España en todas las categorías, se convirtió en la mayor promesa del deporte español y, finalmente, recibió una llamada de la prestigiosa universidad Arizona State. Ahí se abría una disyuntiva ¿seguir en España o probar otra fórmula? Sin salir del país se puede llegar, es un dato objetivo. Lo han hecho Sergio García, Cabrera Bello y tantos otros. Las dudas eran lógicas ¿para que hacer un camino más costoso si el objetivo es llegar al mismo punto?

"Mi padre siempre me ha dicho que el futuro del golf pasa por los Estados Unidos. No hay muchos golfistas españoles que vengan al college, pero me cogió y me dijo: 'lo peor que puede pasarte es que aprendas inglés", explicaba Rahm en el último US Open. Y eso fue todo lo que necesitó para dar el salto.

Jon Rahm, recibiendo el premio al mejor jugador universitario (Reuters)
Jon Rahm, recibiendo el premio al mejor jugador universitario (Reuters)

Aprender inglés con Eminem y flexiones

Así que cogió las maletas, se marchó a Arizona, un sitio considerablemente más cálido que Barrika, y allí se encontró con Tim Mickelson. El simple apellido ya suena al golf pues es hermano de Phil, uno de los mejores jugadores de la última década. El técnico de los Sun Devils se encontró con un grave problema para la adaptación de Rahm: No sabía inglés. "Le dije a mi asistente que ese chico no lo iba a conseguir, que probablemente se iría de allí tras el primer semestre", cuenta ahora Tim.

Porque sí, el inglés de Rahm era el propio de un español con sus 17 años, más bien escaso. Muy duro, tanto que hace unas semanas, después de ganar su primer torneo profesional en Torrey Pines, aseguró que haber conseguido ese logro estaba a la altura en dificultad del aprendizaje de la lengua de Shakespeare. El modo de conseguirlo lo más rápido posible -estaba en la universidad, la cosa urgía- llegó en dos vías diferentes.

Jon Rahm, en México (Alfonso Polanco)
Jon Rahm, en México (Alfonso Polanco)

Por un lado, el hip hop. No le gustaba antes de llegar a Estados Unidos, pero a su compañero de habitación sí. Y en estos casos el 'roommate' es la extensión de uno mismo. "Sabía algo de inglés, pero la parte más dura era la pronunciación, ahí es donde entra el rap, son muchas palabras muy rápidas, si podía aprender eso cualquier cosa era posible", contaba a ESPN tras su primera victoria profesional. Sus canciones favoritas para llegar a tener un nivel casi nativo fueron 'Love the way you lie' de Eminen y 'Swimming pools' de Kendrick Lamar. "Me costó cuatro años sabérmela entera", dice sobre la música de Lamar.

No todo fue ocioso en el aprendizaje. Tim Mickelson se encontró con otro problema, y es que en su equipo, además de Rahm, estaba el mexicano Alberto Sánchez. La tendencia obvia era que ambos hablasen castellano, pero el técnico no lo permitió. Puso como castigo que cada palabra pronunciada en español supondría para ellos una sentadilla y una flexión. Es decir, una frase de diez palabras suponía un esfuerzo físico considerable. "No es fácil, eso cansa", explicaba estas semanas Rahm. El palo y la zanahoria.

Su adaptación, más allá del idioma, fue magnífica. Su carácter es de esos que encandila, todos sus compañeros hablan de él como alguien dicharachero y accesible, con una enorme confianza en sí mismo. Quizá en exceso a veces, pues ha llegado a decir que se ve capacitado para ganar 19 grandes, más de los que cualquier otro golfista ha logrado jamás. Una 'bilbaínada' que él, como nativo, se puede permitir. "Solo son sueños, una manera de motivarse", dice él ahora, quitándole importancia a la rotunda frase.

Su carrera como estudiante ha sido fantástica. Dos veces nombrado mejor jugador amateur del año (el trofeo Ben Hogan) once torneos ganados, cuatro veces en el equipo de los mejores del año. En la historia de su universidad solo Phil Mickelson le supera en laureles. Esta temporada ha decidido que quiere jugar torneos también del circuito europeo ("al fin y al cabo, soy de allí") lo que ha supuesto cierta tranquilidad para el capitán de Ryder Cup, Thomas Bjorn, que sabe que en el futuro podrá contar con él en el gran evento intercontinental. No se olvida de la tierra, lo demuestra el Athletic, pero también cuestiones más mundanas. Ben Shur, que hasta hace poco era su 'caddie', tenía para él una ventaja considerable: era capaz de traducirle con rapidez las yardas a metros. Y es que la manera de ver el mundo no cambia tan drásticamente en cuatro años de universidad.

La sombra de Seve Ballesteros

Severiano Ballesteros es, probablemente, el nombre que más ha oído en entrevistas y ruedas de prensa, Rahm es español y en el golf eso es tanto como hablar del cántabro, uno de los jugadores más luminosos que nunca han pisado un recorrido. Su leyenda es enorme y él, aunque solo comparta la nacionalidad, no puede escapar de ello. "Nunca seré como Severiano Ballesteros", comentaba hace unas semanas el vizcaíno.

La asunción no tenía que ver tanto con lo deportivo como con la figura de la que se habla. "Era único, me gustaría lograr todo lo que él logró, aunque será difícil, puedo ser el nuevo Jon Rahm, pero el siguiente Seve no", explica. Y es que en Ballesteros, además del excelente juego, está la noción de ser un pionero. No solo para el deporte español, que eso se da por descontado, sino para un continente entero. El cántabro, como se puede comprobar en cada Ryder, es una figura reverenciada por el mundo del golf, una leyenda que, en el Reino Unido, está a la altura de los más grandes.

Lo que no le falta a Rahm, y esto es obvio a estas alturas, es juego. Esta semana varios comentaristas de Sports Illustrated le ponían entre los candidatos a ganar la chaqueta verde del Masters de Augusta en abril. Otros le señalaban como un posible nuevo número 1 mundial. Todos estiman que estará, y el que más le conoce, que es el golfista Phil Mickelson, es quien mejor le define: "Es ya uno de los mejores jugadores del mundo, todas las partes de su juego son fortalezas". El zurdo, que tiene en su haber cinco grandes, ha jugado algunas partidas de entrenamientos con él. "Y a partir de ahora solo seré su compañero de entrenamientos, no su rival, he jugado con él un par de veces y no le he podido ganar nunca".

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