En el día de Jason, en el año de Spieth
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EL pga championship, más emocionante que nunca

En el día de Jason, en el año de Spieth

El australiano y el estadounidense saldrán en el partido estelar del domingo del PGA después de una tercera jornada eléctrica

Foto: Jason Day celebra un birdie en el hoyo 17 de la tercera jornada.
Jason Day celebra un birdie en el hoyo 17 de la tercera jornada.

Jason Day (-15) y Jordan Spieth (-13) se habían citado el pasado 20 de julio, lunes, a las 14,20 horas de Escocia en el tee del 1 del Old course de St. Andrews, para salir a jugar en el penúltimo partido de la ronda decisiva del Open Championship. Lo hicieron después de entregar sendas tarjetas de 67 y 66 golpes, respectivamente, en la tercera ronda. Casi cuatro semanas después repiten quedada. Esta vez, como ellos son chicos muy viajados, será a las 13,45 de Wisconsin en el tee del 1 de Whistling Straits, aunque el plan ha sido ligeramente retocado, pues en aquella ocasión ninguno de los dos cantó victoria y se ve que no les gustó la experiencia. Así que se las han arreglado para salir en el partido estelar después de firmar sendos registros de 66 y 65 golpes, respectivamente, en la tercera ronda...

No queda más remedio que mirarles sólo a ellos, aunque bien sepamos todos que el Wanamaker todavía no tiene dueño, que en un domingo de 'major' puede ocurrir de todo y que los precedentes cuentan lo justo. No queda más remedio que recordar que Jordan Spieth ha salido este año en alguno de los dos últimos partidos del domingo en los cuatro grandes, y que Day, a codazos, se ha convertido en un eterno aspirante a la victoria en un 'major' en apenas cinco años...

Ambos son un prodigio de intensidad, cada cual en su perfil. Tanta, en el caso de Day, que casi ha sido capaz de comprimir en una sola ronda, la tercera, las dos anteriores: sumó diez birdies, un eagle y tres bogeys en los primeros 36 hoyos; y el sábado firmaba ocho birdies, un eagle, dos bogeys y un doble bogey. El joven texano, acuciado por la ansiedad en los primeros nueve hoyos, encontraba finalmente la manera de hacer resultado por la segunda mitad del recorrido (30 golpes en este tramo). Él asegura que fue gracias a las sabias palabras de su caddie, Michael Greller, que mantuvo su paciencia a raya. La cuestión es que, además, da la sensación de que al fin se ha hecho con la velocidad de estos greenes (palabras mayores para un killer del putter), una asignatura en la que Day le llevaba ventaja esta semana.

Al australiano, y no es para menos, se le ve ciertamente preocupado con su compañero de fatigas el domingo en Whistling Straits. Day entiende que al fin le corresponde vivir su gran día, su merecido bautismo en un Grande, pero es consciente de que este es el año de Spieth, auténtico Midas del golf mundial en 2015 sin siquiera pedir permiso a Rory McIlroy, todavía Número 1 del mundo. Veremos si lo sigue siendo al final de la última jornada, porque todavía hay cuatro supuestos según los cuales podría perder el trono: si Spieth gana y él no es segundo en solitario; si Spieth en segundo en solitario y Rory no termina dentro del top-6; si Spieth es segundo empatado con un jugador y Rory no es top-13; o bien si Spieth acaba segundo empatado con dos jugadores y Rory no acaba dentro del top-33. Nada descabellado, según están las cosas y después de que el norirlandés dejara a medias su intento épico de ganarse un puesto en los últimos partidos del domingo (vuelta de 68).

La determinación de Jason Day parece fuera de toda duda, y no hay más que ver de qué modo ha venido jugando esta semana, con todas y cada una de las banderas tatuadas en el entrecejo. Sin embargo, ya estuvo en posiciones parecidas en otras ocasiones (nunca, eso sí, como líder con dos golpes de ventaja después de 54 hoyos) y no pudo rematar con éxito. La batalla será épica, porque seguro que Rose (-12), Kaymer (-11) y Grace (-12) esperan unirse pronto a la lucha en primera línea. Y alguno más que salga por delante encendido (¿Dustin Johnson (-9)?). Debe ser épica también porque las previsiones meteorológicas avisan de la presencia del viento, un factor que puede resultar decisivo en la batalla por controlar los nervios.

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