Los 'macarras' de Las Palmas "tendrán que cambiarse de teléfono móvil... y de isla"
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la fiscalía investiga posibles delitos

Los 'macarras' de Las Palmas "tendrán que cambiarse de teléfono móvil... y de isla"

En algunas plataformas se están recopilando datos como dirección, teléfono y fotografías de la gente que saltó al campo para tomarse la justicia por su mano

Foto: Un aficionado lanza una silla a las personas que se colaron, refugiadas debajo de la grada (EFE).
Un aficionado lanza una silla a las personas que se colaron, refugiadas debajo de la grada (EFE).

Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad apasionada por el deporte de su ciudad. El canario es patriota de su tierra y por definición apoya acérrimamente a sus equipos, sin que por ello haya alcanzado jamás la violencia por defender su pasión. Cada fin de semana hay al menos un recinto deportivo con una magnífica entrada. Ya sea el Gran Canaria Arena (o hasta hace pocas semanas, el Centro Insular de Deportes) donde juega sus partidos el equipo de baloncesto de la Liga Endesa, Herbalife, o en el Estadio de Gran Canaria, donde la Unión Deportiva Las Palmas lleva jugando sus partidos desde 2003.

Desde siempre, los canarios acuden a ver a sus equipos, pero ha sido ahora, después de que una ínfima minoría de seguidores alocados saltó al campo contra el Córdoba, cuando la reputación de los aficionados canariones se ha puesto en entredicho. Hay varios interrogantes todavía por resolver sobre la invasión de campo a pocos instantes, apenas segundos, para la conclusión de la final por el ascenso a Primera. Según testigos presenciales, apenas fueron unos 200 aficionados que se distinguieron de la inmensa mayoría y abandonaron las gradas para primero acceder a las pistas de atletismo y seguidamente al césped, cuando verdiblancos y amarillos todavía tenían en juego el partido más importante de sus historias recientes.

Los hechos ya están bien claros, pero siempre ayuda resumirlos. Cuando corría ya el tiempo de descuento y la Unión Deportiva tenía ventaja mínima en el marcador y saboreaba el ascenso, las puertas de seguridad, como suele ser habitual, se abrieron cerca del final y cientos de personas del exterior se colaron en el estadio y directamente saltaron la valla y accedieron al terreno de juego. El árbitro del partido, el murciano Sánchez Martínez, decidió con buen criterio detener el juego hasta que no desalojaran el campo. Juan Carlos Valerón pedía calma a todos.

El ímpetu de los aficionados invasores finalmente se relajó y se pudo continuar para acabar los dos minutos que quedaban. Fue entonces cuando Uli Dávila cambió la historia con su gol y tras ese tanto, la afición en el campo empezó a ponerse violenta. Desde la grada lanzaban objetos a los que saltaron y que estaban sobre el césped. Sánchez Martínez acabó el partido y los cordobeses se marcharon hacia el vestuario, asustados. La fiesta por el ascenso tuvo que seguir en los vestuarios. Previamente, algunos aficionados golpearon a varios jugadores del Córdoba, siendo Eduard Campadabal el más afectado. Lo acorralaron en la pista de atletismo y fue lo suficientemente ágil para escapar después de recibir algún golpe.

Pero la locura de esos descerebrados, que habían estado bebiendo en un ‘botellón’ varias horas antes a las afueras del estadio, no se concentró después del término del partido sólo en los jugadores rivales. Unos amenazaron a Juan Carlos Valerón con un palo exigiéndole que les entregara su camiseta. Esa gente entró sin ni siquiera conocer el resultado del partido. Estuvieron una media hora aporreando las puertas de entrada para la afición y cuando las abrieron (siempre se abren unos instantes antes del final para permitir la salida de los espectadores) entraron sobre todo por la puerta de la Curva Sur al grito de “invasión, invasión”. Incluso la prensa se vio involucrada, ya que un trabajador de la Radio Televisión Canaria fue agredido.

La rabia entre todo el club canarión y la afición amarilla es, evidentemente, enorme y la decepción, interminable. Durará varias semanas y casi con toda seguridad, recuperen la competición en agosto con el regusto desagradable del recuerdo aún presente. Pero hay otro sector de los seguidores canarios que pretende tomarse la justicia de lo que pasó por su mano y con su idea, el remedio podría ser incluso peor que la enfermedad ya sufrida. Unas personas han creado una plataforma en Facebook para identificar a los energúmenos que saltaron al césped y hay un movimiento radicalizado que pretende encontrar a esas personas que detuvieron el encuentro para “matarlos”. En esa web están colgando los números de teléfono, direcciones personales, fotos de los implicados… Una fuente consultada porEl Confidencialasegura que esa gente "tendrá que cambiarse de teléfono móvil... y de isla".

Es decir, que toda esa gente, que ciertamente actuó de forma negligente, ahora mismo puede temer realmente por su seguridad en la isla. Claro que no es seguro que las personas que están ‘invitando’ a hacer daño a los asaltantes vayan en realidad a hacerles nada grave, pero la duda siempre residirá en la mente de esa gente, que se equivocaron un día y no deberían tener que pagarlo de otra forma que no sea a través del sistema judicial.

Al final, la que puede llevarse los mayores problemas es la propia Unión Deportiva. Según el Jefe de la Policía Nacional de Gran Canaria, Valentín Solano, el problema y por lo que se produjo todo fue que “se abrieron las puertas y entraron cientos de personas. Entonces, da igual que hubiera cien vigilantes de seguridad o cien policías, no se puede actuar contra una avalancha de tantas personas que saltaron”. Como dice, no es un problema del número de miembros de vigilancia, “aunque hubiéramos tenido doscientos o trescientos, poco se podía hacer”. En cambio, el presidente de la UD, Miguel Ángel Ramírez, que a su vez es presidente de Seguridad Integral Canaria (empresa encargada, junto a la Policía de la seguridad) dijo que "la Policía es la que tiene la responsabilidad, nosotros hemos puesto los vigilantes que nos han pedido".

En palabras de Solano, cuando la gente saltó al terreno de juego la situación “era incontrolable”, y señala al club como responsable al decir que “el control de los accesos depende del organizador del encuentro”. Para Solano, nada de esto es culpa, en absoluto, de la mayoría de la afición grancanaria, que se comportó “con total civismo y como unos buenos seguidores. El problema lo originaron los descerebrados que entraron a liarla con una actitud incívica y de falta total de educación”. Además, se atrevió a confirmar que “no se trata de que fuera responsabilidad de la seguridad privada o de la policía. Eran varios cientos y si no entran, no habría habido ningún problema”.

Pero los problemas no acaban en la Policía Nacional, sino que la Fiscalía Provincial de Las Palmas abrió una investigación ante “la flagrancia y la notoriedad de lo sucedido en el estadio por una posible comisión de hechos delictivos”. La Fiscalía ha pedido tanto a la Unión Deportiva, como a la Policía como a Seguridad Integral Canaria informes que traten de aclarar lo sucedido este domingo. Pide además que todo se aclare cuanto antes para evitar que algunos “se tomen la justicia por su mano”. También habló el diputado en el Congreso de los Diputados por Nueva Canarias, Pedro Quevedo, que tildó de “irresponsables y sin civismo” a los que saltaron al campo y denunció que fue “un fallo clamoroso” la planificación de seguridad, “era fácil prever que la situación se podría descontrolar”, además de pedir explicaciones al Gobierno.

Y era fácil prever, ciertamente, porque hay referencias históricas de una situación similar. En el año 2000, en el antiguo y ahora abandonado a su suerte Estadio Insular, la Unión Deportiva Las Palmas se jugaba el ascenso contra el Elche. En este caso, toda la afición esperó a que el árbitro sí señalara el final del partido para invadir de forma masiva el terreno de juego para festejar el retorno a Primera División. Es decir, en Las Palmas de Gran Canaria se sabía que podía pasar. Quizás, a la próxima no se abran las puertas.

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