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Un gol de Pulisic acaba con el sueño de Irán y mete a una rácana EEUU en octavos (0-1)
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MUNDIAL QATAR 2022

Un gol de Pulisic acaba con el sueño de Irán y mete a una rácana EEUU en octavos (0-1)

Las aficiones y futbolistas demostraron que la mala relación entre los países no contamina a las respectivas selecciones. El encuentro no tuvo nada que ver con la política

Foto: Sargent, en acción durante el encuentro. (EFE/Ali Haider)
Sargent, en acción durante el encuentro. (EFE/Ali Haider)

Citar a Irán y Estados Unidos en una misma frase es hacerlo en un contexto beligerante. El encuentro disputado es el que más morbo del todo el Mundial ha despertado desde lo geopolítico. El 3 de enero de 2020, cuando el mundo aún no imaginaba la que se le vendría encima en un par de meses, llegó el último gran capítulo de esta historia de odio: un ataque aéreo ordenado por la administración Trump provocó la muerte, en Bagdag, del general de división iraní Qasem Soleimani. Jameini clamó venganza, y Biden ha intentado enfriar un poco los ánimos. Pero para entender esta inquina hay que irse muchos años atrás, como contó el analista político Daniel Bashandeh a El Confidencial.

Pero si hay un lugar donde queda aparcada esa inquina histórica es en el terreno de juego. Es una de las cosas maravillosas de la cosa más importante de las menos importantes, como diría Arrigo Sacchi. Irán y USA lo demostraron en 1998, cuando quedaron encuadrados en el mismo grupo del Mundial de Francia. Pese a todo el ruido que había de fondo, dieron al mundo una lección de paz, tanto las aficiones como los jugadores sobre el césped. El encuentro acabó 2-1 para los asiáticos, aunque no le sirvió a ninguna de las selecciones para clasificarse. Durante los noventa minutos no hubo ningún conato ni intención beligerante entre los 22 contendientes. 24 años después, por suerte, la historia se ha repetido: la única tensión que se ha producido es fruto del deseo por clasificarse a octavos, lo que finalmente ha logrado Estados Unidos tras vencer por 1-0.

Otro cambio respecto a lo ocurrido a final del siglo pasado es que los futbolistas asiáticos están en el ojo del huracán mediático, y no por enfrentarse a Estados Unidos, sino por lo que está ocurriendo en su país. Muchos miembros de la selección dirigida por Carlos Queiroz han aprovechado el escaparate del Mundial para, con gran valentía, mostrar el apoyo a la sociedad iraní, levantada contra el sistema desde el asesinato de Mahsa Amini. Pero, ante estas protestas, el poder se ha mostrado francamente autoritario, y ha amenazado, según la CNN, a los familiares de los futbolistas de la selección con encarcelamientos y torturas. Ante semejante situación, el fútbol pasa, claro, a un segundo plano.

Exhibición de McKennie

Estados Unidos no podía especular. Cualquier resultado que no fuese una victoria le eliminaba, y salieron con mayor decisión a por el gol. Tuvo Musah, el jugador del Valencia CF, la primera ocasión, pero la pelota se marchó muy lejos de la portería. Acto seguido fue Pulisic quien probó al meta Beiranvand –que volvía tras su lesión en el partido contra Inglaterra–, pero sin mucho peligro. Se acumulaban las ocasiones, pero los iraníes parecían infranqueables. No hay que olvidar que, como buen equipo de Queiroz, los asiáticos han hecho de su defensa su gran punto fuerte y –si obviamos la paliza inglesa– sus partidos suelen acabar con su arco sin ser penetrado, especialmente, contra rivales de su propia confederación.

El partido siguió el mismo plan durante toda la primera parte. Y, por fin, el ansiado tanto norteamericano llegó en el minuto 37. Un gran pase de McKennie sobre el desmarque de Dest permitió que el exlateral azulgrana dejara el balón en bandeja para que Pulisic anotase su primer tanto en el torneo. Nunca ha estado por debajo del marcador el cuadro yanqui durante el Mundial, pero, tras el gol de su estrella, por primera vez partía como clasificado. Es difícil sortear el muro iraní, pero con gran paciencia el cuadro norteamericano lo logró. Pudo, incluso, ampliar la ventaja Estados Unidos. Primero, tras una ocasión en la que no se entendieron Sargent y Weah en el área contraria y, poco después, con un gol anulado al hijo del único Balón de Oro africano, George Weah, por un milimétrico fuera de juega. Irán estaba noqueada y el pitido final de Mateu Lahoz parecía la mejor noticia para los persas. McKennie fue, con su control de juego y sus pases entre líneas, una pesadilla para los de Queiroz.

Irán: un quiero y no puedo

No le quedaba otra a la república islámica que buscar el gol en esta segunda parte. Dio un paso adelante, pese a lo mucho que le cuesta a una selección estructurada en la relevancia radical de la zaga. A punto estuvo Ghoddos de anotar el empate en el minuto 63. No obstante, Estados Unidos aguantó estos cinco minutos de empuje, y en los siguientes minutos el encuentro se volvió a enfriar.

El tiempo era el enemigo iraní. El gol no llegaba y, de hecho, los acercamientos de los primeros minutos habían desaparecido. Nada hacía presagiar el empate. Incluso, la posibilidad de matar el partido para USA al contraataque era un martillo en la mente de los asiáticos. Fue decepcionante, pues pese a estar con la soga en el cuello, los iraníes no acometieron la previsible acometida final. Solo el pundonor e ímpetu caótico de los guerreros iraníes hicieron que la pelota se colgase en el área y que hubiese alguna mínima opción. Especialmente, en el minuto 98, con un gran susto de Taremi que acabó en nada.

Y Lahoz pitó el final. Por un solo gol, como en Rusia 2018, los iraníes se quedaron sin clasificarse, por primera vez en su historia, para la ronda de octavos. De hecho, es la séptima vez que Irán fracasa en su intentona. La tristeza persa contrasta con la felicidad de los Estados Unidos, que vuelven a los octavos tras su ausencia en la última cita. Su rival en octavos será Países Bajos que, pese a haber quedado líder de grupo, ha dejado muchas dudas. Será un partido muy entretenido.

Citar a Irán y Estados Unidos en una misma frase es hacerlo en un contexto beligerante. El encuentro disputado es el que más morbo del todo el Mundial ha despertado desde lo geopolítico. El 3 de enero de 2020, cuando el mundo aún no imaginaba la que se le vendría encima en un par de meses, llegó el último gran capítulo de esta historia de odio: un ataque aéreo ordenado por la administración Trump provocó la muerte, en Bagdag, del general de división iraní Qasem Soleimani. Jameini clamó venganza, y Biden ha intentado enfriar un poco los ánimos. Pero para entender esta inquina hay que irse muchos años atrás, como contó el analista político Daniel Bashandeh a El Confidencial.

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