un gol de umtiti da la victoria a los galos

Mbappé arranca y Griezmann manda: así llega Francia a la final de un Mundial

Kylian Mbappé recordó un partido más que es un jugador extraordinario a pesar de no tener ni 20 años. Los galos vuelven a una final tras vencer a Bélgica, que plantó cara todo el partido

Foto: Mbappe, contra Bélgica. (Reuters)
Mbappe, contra Bélgica. (Reuters)

Tiene ese desparpajo de la juventud y es muy complicado mirar hacia otro lado cuando él está en el campo. Kylian Mbappé arranca, recorta, engaña y finta. Todo con una sonrisa en la boca, como si aún estuviese jugando en un campo de tierra de los arrabales parisinos. Pero no, ni mucho menos, es uno más de la máquina de Francia, que este domingo disputará la final de un Mundial. Ni 20 años tiene el niño y ha sido imprescindible en un equipo que aspira a lo más alto a lo que se puede aspirar en el fútbol. Es parte de un conjunto enorme, pero no es tampoco exactamente uno más.

No ha transcurrido ni un minuto de partido y ya está el estadio entero esperando la siguiente arrancada. Ha empezado el partido como si fuese en moto, corriendo por la banda derecha y pasando rivales como si fuesen banderas en una pista de nieve. Pueden intentar pararle, es improbable que lo consigan. Y es poco recomendable esperarle siempre por ese lado porque él, con Griezmann como mejor aliado, es capaz de mostrarse en cualquier zona del ataque hasta convertise en indetectable.

Francia, que el domingo en Moscú puede ganar su segundo Mundial es un equipo lleno de jugadores espectaculares, aunque son claros los dos más brillantes. Griezmann, que seguirá un año más en el Atlético, y Mbappe, que sonará las próximas semanas como opción para el Real Madrid, porque no se puede ser así de joven, de bueno y de caro y no tener un lugar de privilegio en la agenda de Florentino Pérez. Antes de este campeonato era todo Neymar, ahora las tornas han cambiado. Demasiado fuerte es el brillo como para no tenerlo en cuenta.

Giroud, mientras tanto, se dedicaba a desbaratar las ocasiones que iban generando sus compañeros. Francia necesitó un desenlace muy propio de este Mundial: con un gol de cabeza de Umtiti. Nunca antes se vieron tantos, y en esta ocasión corrió a cargo de Umtiti. A los aficionados galos ya les va bien, por lo obvio, pero también por la comparación con su pasado. Cuando fueron los mejores, allá por 1998, resolvieron su semifinal con un gol de Thuram de cabeza. Un defensa, un testarazo. Bueno, en aquellas fueron dos.

En aquella ocasión también se encontraron delante un equipo de enorme talento pero con menos tradición. Aquella Croacia, como esa Bélgica, tenía muchísimo talento pero se quedó en la orilla. Vivían una generación de oro parecida a la de esta Bélgica, que es un equipazo que no ganará este Mundial. Hazard, De Bruyne, Lukaku, Courtois... insuficiente para pelear contra una selección con algo más de músculo y también sobrada de fútbol.

Hazard y Griezmann. (EFE)
Hazard y Griezmann. (EFE)

Dos equipos de verdad

Porque viendo este partido, y a falta de lo que queda de campeonato, es fácil pensar que el fútbol no ha sido injusto, que son los mejores equipos los que llegan a las últimas rondas de los torneos porque la pelota engaña poco, solo a veces. Y aquí se vio mucho fútbol, mucho derroche de energía, una capacidad física y técnica que España, por poner el ejemplo cercano y doloroso, no demostró en ningún momento en su estancia en Rusia.

En el escaparate, además de Mbappe, había algunos de los mejores futbolistas de la tierra. Es el caso de Hazard, que muchas veces sonó como opción en Chamartín. No es eso marchamo seguro de calidad, pero algo dice. Y es normal, es solo verle jugar, con su espectacular visión y esa capacidad para cambiar el ritmo en carrera y en parado. Sus piernas son la banda sonora de un partido, que saben poner tensión cuando le hacen falta, dolor su hay tragedia y alegría en momentos determinados. En los momentos finales, cuando el partido ya perecía y los diablos rojos se veían de vuelta a casa, él cogió el peso del equipo, lo intentó de tantas maneras como se le ocurrió, pero enfrente se topó con la mejor defensa del campeonato.

Y es que Varane y Umtiti se están reafirmando como presente y futuro. Es cierto que Deschamps, que nunca estuvo entre los más atrevidos, les auxilia con dos laterales que piensan más en la espalda que en su proyección ofensiva y la presencia de Kanté, uno de esos pulpos que roban mil balones y que muchos piensan infravalorado, aunque de tanto repetir su nombre entre elogios es posible que ya hayamos pasado esa fase. Resguardados atrás, y desconectando en la medida de lo posible a De Bruyne, a Francia le quedaba tener el balón arriba. Para eso, ni un problema.

Volvamos a Griezmann un rato, porque sin él nada de esto tiene mucho sentido. Es un jugador completo, apabullante, un atacante brutal y cada vez más inteligente. Es de los que igual se puede adaptar a un juego de salón que de contragolpes. Se asoció con Mbappe y recorrió un paso más hacia el Balón de Oro. Es julio, demasiado pronto para hablar. Hoy no sabemos ni cuál es el desenlace de este campeonato. Todo eso es cierto pero, vistas las cosas ¿a alguien le extrañaría que se hiciese con el premio gordo?

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