solo dos jugadores habían nacido en 1990

"It's coming home": de Beckham a Windsor, la victoria inglesa deja de ser un chiste

La selección inglesa de Southgate vuelve a semifinales del Mundial, algo que no conseguía desde 1990. Fueron campeones en el 66, pero la desgracia siempre fue la acompañante habitual

Foto: Seguidores ingleses en el partido de cuartos de final que ha enfrentado a las selecciones de Suecia e Inglaterra. (EFE)
Seguidores ingleses en el partido de cuartos de final que ha enfrentado a las selecciones de Suecia e Inglaterra. (EFE)

"Creo que son malas noticias para el juego inglés". "No somos lo suficientemente creativos, no somos lo suficientemente positivos". "Continuaremos obteniendo malos resultados". Three Lions es una de las canciones más emblemáticas de la historia del fútbol. La crearon para la Eurocopa de Inglaterra de 1996 y comienza con esos tres versos, hablados más que cantados, obra de analistas deportistas que recuerdan que Inglaterra y el fracaso son sujetos que bailan juntos con frecuencia en el fútbol. Asumiendo la desgracia como desenlace habitual, los compositores recordaban en el resto de la canción que lo difícil no es imposible, para ello tiraban del único éxito real del equipo en su historia, el curiosísimo Mundial de 1966. Ahora toca desempolvar esa canción, los medios y los aficionados la cantan, los jugadores se aferran a ella y suena hasta en el cambio de guardia en el castillo de Windsor. Y, por lo que se ve, empiezan a creérsela. Como en 1990, están en semifinales del gran campeonato. El objetivo es volver a aquello que sucedió una vez en 1966.

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Lejos, muy lejos en el tiempo. La última vez que Inglaterra llegó a semifinales fue, fundamentalmente, gracias a un sensacional campeonato de Paul Gascoigne, al que una generación entera recuerda más como un alcohólico pendenciero que como un futbolista profesional. Lo era, y de los buenos. Aquel equipo en el que 'Gazza' sobresalía perdió en los penaltis contra su odiada Alemania, que unos días más tarde sería campeona. Todo esto es mejor que no se lo pregunten a los jugadores ingleses, pues solo dos, Young y Cahill, nacieron antes de aquel 1990. Esa es una de las primeras cuestiones que llaman la atención de la selección inglesa, tiene mucho fútbol por delante porque casi todos son jóvenes o están en el punto más alto —al menos en teoría— de la carrera de un futbolista.

Volviendo a la canción, repite hasta la saciedad la frase "it's coming home" que no quiere decir otra cosa que el fútbol vuelve a casa, y es que en Inglaterra, todavía hoy, hay un sentimiento patrimonial sobre este deporte que al forastero no puede hacer más que sorprenderle. El fútbol es un evento cultural más extendido que el McDonald's, pero en las islas se toma poco más o menos como ese juego que se inventaron en un bar en una tarde lúcida. De hecho, uno de los motivos por los que estaban enfadados cuando este Mundial se concedió a Rusia es, precisamente, porque la simple petición de Inglaterra debería ser suficiente para que el fútbol volviese a casa, no solo el trofeo, también el torneo en sí. No lo tuvieron, pero sus anhelos ahora mismo son que el enorme país euroasiático se convierta en el lugar más exitoso para su fútbol más allá de su territorio.

Prometer y no cumplir

Para llegar hasta este punto, Inglaterra ha tenido una larga travesía de tropiezos ridículos y selecciones que prometieron mucho y nada cumplieron. Tanto que la prensa especializada inglesa, de colmillo afilado por naturaleza, eligió hace tiempo el sarcasmo como modo de relacionarse con la inevitable tragedia. Antes de este Mundial, como antes de la última Eurocopa, el análisis buscaba más bien el giro inexplicable que el camino que lleva a la gloria. El deporte nacional había sido arrebatado por alemanes, brasileños, franceses, italianos, argentinos, españoles, uruguayos...

Esta recurrencia en el fatalismo nunca alejó al país del fútbol, más bien al contrario. Las calles de Londres ayer estaban llenas de ingleses emocionados, como las de Moscú, Bogotá o Madrid. Allá donde hay un inglés hay un aficionado con muchas ganas de celebrar lo que parece difícil. En estos 58 años desde aquel Mundial el país ha ido de derrota en derrota, pero por el camino han seguido manteniendo esa relación cercana, íntima, con el fútbol. Han tenido desde hace ya muchos años la mayor liga del mundo, entendieron antes que nadie que el fútbol era un valor comercial tremendo y lo extendieron por partes del planeta que antes no soñaban con un esférico besando la red.

El orgullo nacional por el fútbol, demostrable, no era suficiente para ganar mundiales fuera de casa. Y, de un modo no pensado pero efectivo, el fútbol inglés también fue cambiando. Más aún, se sofisticó y en todo ello tuvo muchísimo que ver que los clubes quisieron ganar y, para ello, empezaron a reclutar todo lo mejor que había por el mundo. La Premier se convirtió en una liga de genios, pero más allá de los jugadores, siempre buenos pero no necesariamente las mayores estrellas, se centraron en la recopilación de entrenadores de fuera con estilos que muy poco tenían que ver con lo que siempre se jugó en Inglaterra. Wenger, Mourinho, Guardiola, Pochettino, Benítez, Klopp, Conte...

El trabajo de cantera

El equipo de Southgate, un hombre que pasará a la historia del fútbol inglés por algo más que su chaleco, recoge tradiciones que no son la propia. Y por eso funciona. El fútbol es global ahora, pero uno piensa en Inglaterra y ve centrales rudos, delanteros rudos, mediocampistas rudos... mucho balón aéreo, mucho cabezazo y poco juego con los pies. Este equipo no está hecho de eso, su delantero y estrella, Harry Kane, es grande en talla pero también en fútbol, jugadores como Sterling o Rashford nunca hubiesen tenido un lugar en las escuadras del pasado y Dele Alli es más creativo que lo que se estilaba en el pasado de los 'pross'. Los laterales, incluso los centrales, fantásticos en todo el campeonato, tienen más movilidad que la del pasado. Pickford, el portero, está haciendo un Mundial sensacional, aunque las dudas sobre él aún se admiten, que la tradición de los porteros ingleses es bastante dolorosa.

A Suecia la desarticuló sin problemas y con eso ya son cinco partidos notables de los ingleses. Esta selección es deudora de todos esos que cada semana organizan una liga excelente, pero también de un buen trabajo federativo. Los países que mejor han trabajado en las oficinas y en las categorías inferiores son los que en tiempos recientes han encontrado el camino hasta las cotas más altas del fútbol. Lo hizo España, lo hizo Alemania, lo han hecho Bélgica e Inglaterra, que además de esta semifinal actualmente es campeona de los mundiales sub-20 y sub-17. Los cuatro países sistematizaron su jerarquía de producción de fútbol, hicieron a sus selecciones inferiores aprender unos conceptos que más tarde conformarían equipos brillantes. Poco a poco fuero generando futbolistas pero, más allá de eso, estilos de juego y conceptos colectivos. No busquen nada de esto en Argentina o Brasil.

Vuelve a sonar 'It's coming home', que empezó con sorna en las semanas previas a la gran cita y ahora aparece como algo tangible y súbitamente real. En su cuenta de Instagram Beckham, un eslabón en la tradición perdedora, dice la eterna frase, que es la misma que aparece en alguna de las muchas bromas sobre Ikea —ganaron a Suecia, no se olvide—, en las retransmisiones o en el castillo de Windsor. Puede ser, porque ya solo quedan cuatro. Y si lo es, será por una serie de factores, ingleses y no ingleses.

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