ambos buscan este viernes las semifinales

Neymar y Mbappe, dos maneras diferentes de ser el sucesor de Pelé

Mbappe, francés, trata de ser el jugador más relevante en el Mundial con menos de 20 años desde 'O Rey'. Neymar, el compatriota, comparte estilo, camiseta y ansias por ser grande entre los grandes

Foto: Neymar y Mbappe celebran un gol con el PSG. (EFE)
Neymar y Mbappe celebran un gol con el PSG. (EFE)

El talento es limitado, y desde que Qatar se encaprichó con el fútbol, carísimo. Son muy pocos los jugadores que realmente marcan las diferencias, esos que tienen la vitola de crack, y escasísimos los destinos en los que pueden recalar. A ciertos niveles, y por el nivel de cifras que se manejan, solo un puñado de equipos pueden soñar con ver vistiendo su camiseta a las más fulgurantes estrellas. Cristiano, Messi, Neymar o Mbbapé tienen un mercado limitado, dos equipos en Manchester, uno más en París y, por descontado, Real Madrid y Barcelona. Se habla de que el luso puede ir a la Juventus, el equipo más grande de Italia, y a muchos las cuentas no les cuadran. Tampoco terminan de cerrarse con el Bayern, aunque si se lo propusiesen, los bávaros sí tendrían músculo financiero suficiente para hacerse cargo de una nómina estratosférica.

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Cualquier detalle puede romper el equilibrio entre los titanes e inundar el mercado. Cuando Cristiano Ronaldo se pone en Kiev delante de un micrófono, hace mohínes y se pone en la rampa de salida, los otros gallos del mercado reaccionan y empiezan a evaluar la situación: goleador de probada solvencia, salario imposible, buen cuidado de su cuerpo, 34 años... hay unos pocos jugadores en el mundo que no necesitan de un informe técnico, son estrellas que van mucho más allá del fútbol, por talento y por repercusión. Algunas se conocen desde hace tiempo, otras necesitan de un Mundial para dar esa imagen. Pero ahí están.

Dos de esos pocos cracks buscarán esta tarde un lugar en las semifinales del Mundial. Comparten equipo, son dos de los mejores del mundo y, probablemente, las dos piezas más caras del mercado si este fuese realmente abierto, libre y sin restricciones. No, Neymar y Mbappé no se han levantado esta mañana siendo mejores jugadores que Cristiano Ronaldo o que Messi, pero son bastante más jóvenes que ellos, lo que les convierte en piezas de mayor valor, pues un contrato se firma por el futuro, no por lo conseguido hasta ese momento. Los dos, y no hay nada de casualidad en ello, aparecen como los anhelos de Florentino Pérez para el verano. Hay algo de rutina en enlazar a los jugadores más descollantes con el Real Madrid, la lógica de pensar que el mayor transatlántico siempre se fijará en los tripulantes de más alta fama.

Antes de llegar a ellos, una pequeña consideración sobre el mercado de fichajes y la casuística del PSG. Lo que sucedió la temporada pasada es, exactamente, lo que la UEFA lleva años intentando prevenir. Que un equipo hipermusculado por dinero de un país rompa el mercado es la más dura de las pesadillas de los dirigentes del fútbol mundial. Comprar a Neymar y a Mbappé en el mismo verano, como hizo el equipo francés, puede estar (o no) dentro de la normativa, pero en cualquier caso es algo que la UEFA hubiese estado encantada de detener. 222 millones por uno y 180 -en diferido- por el otro. Romper la banca.

Este verano toca media vuelta más a ese pulso, que de algún modo definirá el fútbol europeo en las próximas décadas. Quieren revisar de nuevo los contratos y las cuentas de los franceses, ver si cumplen la filosofía básica del 'fair play financiero' que no es otra que los clubes tienen que se autosuficientes, gastar solo el dinero que ellos mismos pueden generar. Ni que decir tiene que, de momento, va perdiendo la norma y en los años recientes el dopaje financiero, camuflado como patrocinio inverosímiles y otras piruetas contables, ha logrado ser más fuerte que la idea primigenia de los rectores del fútbol europeo.

Kylian Mbappe. (EFE)
Kylian Mbappe. (EFE)

La tarde de Argentina

La UEFA ya ha dicho que va a reabrir la investigación, y hace solo unos días ya dejo al Milan sin competiciones europeas. Llegado el caso, puede obligar al PSG a estrechar sus balances, y eso podría suponer la salida de Neymar o de Mbappé al mercado. El Madrid, se supone, estaría al acecho en ese caso. Hay mucho condicional en este párrafo, pero es que el mercado no está hecho de certezas, cualquier pieza que salte es capaz de modificar todo lo que quede alrededor, como una bomba de racimo.

Y mientras tanto, los artistas, sueñan con ganar el Mundial. A las 16.00 será Kylian Mbappe, ese jugador que puede cambiar el futuro del fútbol en cada una de sus arrancadas. En este campeonato, como mínimo, habrá conseguido pasar a la historia de la infamia en Argentina. Él fue, más que nadie, el ejecutor de la albiceleste. Dos goles, un penalti provocado y uno de esos pocos partidos redondos que se ven en las más difíciles circunstancias. Mbappe es fuerza, arrancada, un especie de Ronaldo -Nazario, el de siempre- de bolsillo, con remate y movimientos infinitos. Pero hay una cosa más en él, descollante: todavía no ha cruzado la barrera de los 20 años.

Llegaba, en principio, como el escudero de Griezmann, por derecho propio una estrella universal, pero ese partido contra Argentina le da relevancia y presión a partes iguales. Se sabe de lo que es capaz ese crío, solo se pueden esperar de él grandes cosas. La pasada temporada, antes del puñetazo en la mesa del PSG, el Madrid estuvo olfateando la posibilidad de ir a por él. Estaba metiendo al Mónaco en las semifinales de Champions contra todo pronóstico y no era más que un niño. Más incluso de lo que es hoy.

Esa precocidad, extrema, también le emparenta con Ronaldo Nazario, un jugador al que recuerda por su arrancada y por su definición. Con 17 años fue convocado para el Mundial de Estados Unidos, en una especide premio a lo que estaba por venir. Ni un minuto disputó, pero a pesar de todo fue campeón. Es que, de todos modos, a esa edad lo normal es ver el campeonato por la tele. Ronaldo no hizo eso, pero prácticamente, sí. Ahora queda una pregunta ¿quién ha sido verdaderamente relevante en un Mundial con menos de 20 años?

Neymar, en Brasil. (EFE)
Neymar, en Brasil. (EFE)

Mucho más que mercadotecnia

Solo una respuesta es posible, y habla también del tipo de material del que estamos hablando: Pelé. Para muchos es el mejor jugador de siempre y no había cumplido 18 años cuando fue una de las figuras del Mundial que ganó Brasil en Suecia en 1958. A nadie se le puede poner ese listón para saltar, porque es injusto de antemano, pero la combinación de edad y talento de Mbappe es una de esas que se da cada varias generaciones. Los 180 millones del pasado año, a todas luces escandalosos, pueden resultar algo menor cuando su carrera haya terminado. Porque él es de ese tipo de futbolistas.

Y si de Brasil se habla, Neymar. Es compañero de equipo de Mbappe, es objetivo del Real Madrid y puede ser semifinalista de este Mundial. También es único en la historia de este deporte, y del deporte en general, uno de esos tipos que han venido al mundo para revolucionarlo. Antes de empezar a hablar de personalidad, que es un vicio recurrente cuando de Neymar se trata, unas pinceladas futbolísticas.

Porque no hay muchos jugadores así. Es encarador, es descarado, es rápido, probablemente el mejor regateador del mundo. Tiene gol, juega como muy pocos y es capaz de darle una velocidad más al equipo en el que esté jugando. Y si recuerda a alguien es, cómo no, a Pelé. Por la nacionalidad, pero también por esa manera de jugar al fútbol tan del país, ese recorte, ese modo de afrontar el fútbol con una sonrisa en la boca y una gambeta en la bota.

Tiene 26 años y un padre al que le encanta sacar cada verano un contrato más apabullante que el anterior. También es el oscuro objeto de deseo de Florentino Pérez, que le ve no solo como un jugador trascendente capaz de ayudar al equipo en la victoria, sino también como una manera de vender más y mejor al mundo la imagen del Real Madrid.

Este viernes, ambos jugadores tienen mucho que ganar. Están en esa parte del campeonato en la que el fracaso ya no es una opción, ganar partidos es aspirar a la gloria. Ser estrella en el equipo, marcar goles, hará que la vorágine alrededor de ellos sea todavía mayor de lo que ya es. Es lógico, no son muchos los elegidos ni demasiadas las opciones que hay de mostrarse en un Mundial.

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