empieza una nueva era en la selección

Una España con tres fracasos y una revolución, pero 'que nos quiten lo bailao'

Ha sido una década mitad prodigiosa y la otra mitad decadente. No hay que ser nostálgicos y entender que toca una revolución, pero siempre disfutaremos de algo que fue histórico

Foto: Andrés Iniesta se retira del campo aplaudiendo y cierra su etapa en la selección española. (Efe)
Andrés Iniesta se retira del campo aplaudiendo y cierra su etapa en la selección española. (Efe)

El ciclo de la prodigiosa a la decadente Selección española de fútbol ha durado una década. Los años de la edad de oro en los que se acumularon la Eurocopa de 2008, Mundial 2010 y Eurocopa 2012 han girado a tres fracasos en el Mundial de 2014, Eurocopa 2016 y Mundial 2018 que obligan a cerrar una etapa que es dura para los nostálgicos, pero higiénica para recuperar el pulso. La frustración y decepción no pueden tapar la realidad de un hundimiento que empezó en Brasil, siguió en Francia -los dos con Del Bosque de seleccionador- y continuó en Rusia -sin Lopetegui y con Hierro de interino-. Cuanto antes se haga la revolución que necesita el fútbol español, sin traumas ni ataduras, más rápida será la recuperación de esta crisis. El recuerdo siempre estará ahí para aliviar las penas.

En los últimos diez años hemos vivido lo mejor y lo peor de una Selección española que ha sido admirada por su estilo de juego, fiabilidad para ganar y envidiada por las principales potencias del mundo futbolísticos hasta agonizar en Moscú contra Rusia, un rival menor, que puso en evidencia que la España de los huevos de oro se ha agotado. El fracaso se ha consumado y, como dirían los menos dramáticos, 'que nos quiten lo bailao’. Tampoco nos vamos a poner trágicos porque sólo puede ganar uno y la Selección nos ha dado muchas satisfacciones que compensan las decepciones.


España está ya en otro nivel, en el de los campeones de Europa y del Mundo que necesitan volver a ser inconformistas y contemplar el fracaso como una oportunidad para aprender de los errores. Alemania se la ha pegado en Rusia y seguro que tienen el proyecto en revisión porque esa es la mentalidad con la que uno se tiene que levantar y reinventar. Con Rubiales y sus valores, la Selección tiene que afrontar su primer gran gabinete de crisis. ¿Se ha dormido España después del empacho del éxito con el triplete de un Mundial y dos Eurocopas? La realidad dice que sí. Después ha venido otro triplete de fracasos que tienen que servir para poner fecha de caducidad a los descalabros.

Iniesta y Silva, dos de los jugadores que han marcado una época en la Selección española. (Efe)
Iniesta y Silva, dos de los jugadores que han marcado una época en la Selección española. (Efe)

El fin de ciclo lo marca el adiós de Iniesta

Es el fin de ciclo porque se va el último futbolista de una España de autor, auténtica, original y todos los adjetivos más brillantes que se nos puedan ocurrir. Nos deja Andrés Iniesta y su despedida tiene que servir para darnos cuenta de que ya nada será lo mismo y que se necesita esa revolución que nos haga ganar, ganar y volver a ganar -como diría El Sabio-.

Con Iniesta parece que hace las maletas David Silva, otro exponente de la mejor España y artífice de los mejores éxitos. Sin ellos, sin poder clonarlos, como a los Xavi, Xabi, Fernando Torres, Villa, Puyol, Casillas… lo que queda es apostar por otros futbolistas con calidad y talento que sean capaces de hacer fluir un estilo dominante, equilibrado y solvente. Dejemos de comparar a unos con otros. Ni Isco será Iniesta, como nunca Diego Costa ha podido ser Villa, y así sucesivamente. El seleccionador que venga que invente y revolucione hasta hacer un equipo con su propia identidad y sin la mochila de una herencia de la que ya no queda nada.

Quedará Sergio Ramos, que se niega a una retirada, como el único exponente de la España dorada y con él bastará para recordar que un día fuimos campeones del Mundo y de Europa, pero que ahora tocar ser más humildes que nunca para que no nos vuelvan a pintar la cara y tengamos que irnos a casa sin pisar, cuando menos, los cuartos de final.

Del fracaso se saldrá reconociendo los errores y con mucho trabajo para el nuevo seleccionador del que esperamos que tenga la suficiente claridad para acertar en la elección de jugadores, el estilo y la capacidad para crear un proyecto que nunca puede asegurar el éxito rotundo, pero que sí demuestre que hay algo fresco, diferente y original.

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