la presión de ganar a rusia

Los días más difíciles de Fernando Hierro desde que se hizo seleccionador

Hierro pasa sus días más difíciles y ya asume que tiene que ser más exigente en su discurso con los jugadores, a los que recuerda que hay que subir mucho el nivel para ganar a Rusia

Foto: Fernando Hierro, pensativo, durante un entrenamiento de la Selección en Krasnodar. (EFE)
Fernando Hierro, pensativo, durante un entrenamiento de la Selección en Krasnodar. (EFE)

Fernando Hierro vive en sus carnes el abismo del entrenador que está obligado a ser infalible y demostrar, a ojos del presidente de la Federación, los jugadores y los aficionados, que está capacitado para ocupar el banquillo de España. Han pasado dos semanas desde que asumió el cargo de seleccionador, de forma urgente y precipitada, y llega a su primera etapa de alta montaña. Contra Rusia, la anfitriona, se juega seguir o no en el Mundial, con todo lo que supone que se le haga el máximo responsable de las decisiones que va a tomar para hacer la alineación. Hasta llegar a este punto no ha sido un camino de rosas.

La presión externa y la exigencia empiezan a generar un desgaste en un entrenador que se tiene que aislar de los debates mediáticos para tener la cabeza fría en la toma de decisiones y, a la vez, gestionar un grupo de jugadores que espera soluciones para mejorar el equipo. Es el primer punto de inflexión en la nueva vida de Hierro. Lo anterior le puede valer como una etapa de transición. Si gana a Rusia, sumará votos para hacer cambiar de opinión a los que piensan que fue un inconsciente o demasiado atrevido al asumir el cargo tras la salida de Lopetegui, y si pierde su prestigio quedará tocado.

Fernando Hierro pasa sus días más difíciles y acaba de poner la primera línea de separación con el vestuario después del toque de atención que dio a los jugadores tras el partido contra Marruecos. “Este no es el camino a seguir si queremos hacer cosas grandes”, fue el mensaje de autocrítica que lanzó en caliente el malagueño, quien tiene la obligación ya de exigir a los futbolistas que se pongan las pilas y, a la vez, de convencer a Luis Rubiales de que es el único que maneja la Selección y está capacitado para seguir haciéndolo.

Son los días más complicados para Hierro porque los jugadores escrutan sus palabras y gestos al detalle para comprobar si se dejará llevar por el ruido mediático que pide un cambio en la portería y en dos puestos del centro del campo. De Gea sigue en el centro de la polémica, por su inseguridad, y en los debates periodísticos se continúa poniendo en duda el estado físico de dos pesos pesados: Iniesta y Silva. ¿Habrá o no revolución? ¿Qué cambios, si los hay, introducirá en el once contra Rusia? No hay margen de error y Fernando Hierro lo sabe. Igual que se le cuestionan algunos puestos del once se le critica su tardanza en los cambios.

Fernando Hierro con su ayudante Celades al fondo. (EFE)
Fernando Hierro con su ayudante Celades al fondo. (EFE)

El mensaje y sus deberes

El distanciamiento de Hierro con la plantilla y su lenguaje gestual es obligado, tiene que ser el propio y acertado para hacer ver a los jugadores que hay aspectos que se deben mejorar inmediatamente o si no se van para casa en los octavos de final. Lo primero que les ha podido decir es que hagan autocrítica y ahora tiene que entrar en detalles porque a España le faltan muchas cosas para recuperar el funcionamiento colectivo. Desde la atención y concentración hasta la velocidad y rapidez en sus movimientos. Conseguir que su mensaje cale en la cabeza de los internacionales es fundamental para recuperar la solidez defensiva y un espíritu más competitivo, el déficit detectado en la fase de grupos.

Ha pasado el momento de vender un discurso de unión y familia después del controvertido despido de Julen Lopetegui, que algunos recuerdan -como Saúl- y que no beneficia a Hierro. El jugador del Atlético de Madrid reabrió la polémica, antes del partido contra Marruecos, al manifestar que Lopetegui se merecía seguir en el cargo de seleccionador. Palabras que no debieron de gustar nada a Rubiales y al seleccionador, pese a que Hierro y el futbolista escenificaran un abrazo en el entrenamiento.

Frente a Rusia es el momento de Hierro, que saque su carácter, se note su mano, exija a los jugadores y lea el partido con acierto para buscar las soluciones a tiempo si aparecen las adversidades. De los octavos puede salir reforzado o muy debilitado.

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