LA CRISIS DE LOPETEGUI ESTÁ APAGÁNDOSE

Carlos Marchena, el pacificador: el papel del fichaje de Hierro en la Selección

Carlos Marchena es el factor integrador para volver a sentar en la mesa de negociación a Luis Rubiales y Sergio Ramos, dejar de lado lo malo y volver a pensar en ganar el Mundial

Foto: Sergio Ramos y Fernando Hierro, durante la concentración de la Selección española en el Mundial de Rusia. (EFE)
Sergio Ramos y Fernando Hierro, durante la concentración de la Selección española en el Mundial de Rusia. (EFE)

Hay paz... de momento. Los internacionales necesitaban alguien cerca con el que desahogarse después de la tormenta desatada con el despido de Julen Lopetegui. En un escenario crítico y convulso, había que tener la cabeza fría para pensar y acertar con la figura de un pacificador que pudiera tender los puentes rotos entre el vestuario y el presidente de la federación. Alguien que conectara de inmediato entre el capitán Sergio Ramos y Luis Rubiales. El elegido fue Carlos Marchena, y enseguida tuvo la aceptación de todos los internacionales. Es uno de los factores que hacen posible que en la Selección se siga superando el trauma del despido de Lopetegui porque, aunque siguen las heridas abiertas por lo que unos jugadores entienden como un calentón de Rubiales (Sergio Ramos a la cabeza) y otros le encuentran sentido por las formas en que se produjo su fichaje por el Real Madrid (Piqué a la cabeza), la normalidad ha ido ganando terreno a las turbulencias.

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La idea de fichar a Carlos Marchena la tuvo Fernando Hierro. Obligado a ponerse el chándal de urgencia y abandonar el cargo de director deportivo, puso de condición a Rubiales incorporar a un profesional que se hiciera respetar y escuchar por su facilidad para conectar con los futbolistas, cercanía y experiencia. Al núcleo duro del vestuario lo tenía ganado de antemano, porque coincidió en su última etapa en la Selección con Iniesta, Sergio Ramos, Piqué y David Silva. Marchena era un veterano en el inicio de la época dorada de la Selección española que conquistó la Eurocopa de Austria y Suiza en 2008 y el Mundial de Sudáfrica en 2010. A los nuevos llegaría con el respeto y aceptación de los capitanes y el bagaje de haberse curtido en múltiples vestuarios.

La influencia de Marchena como pacificador de los futbolistas empieza a tener efectos positivos en la convivencia de los internacionales. Se han fortalecido la estabilidad, ánimo y moral en parte de una plantilla que afrontó el encuentro contra Portugal con la nostalgia de no ver a Lopetegui en el banquillo. Se tendrá que hacer notar la mano de quien ha sido encargado de la función de enlace entre Rubiales, Hierro y los jugadores. Una labor que tiene varias aristas, porque debe actuar con mucho tacto para transmitir los diferentes puntos de vista de los internacionales y sus sensibiliadades al presidente y el seleccionador.

Carlos Marchena, sonriente, en la concentración de España. (EFE)
Carlos Marchena, sonriente, en la concentración de España. (EFE)


El papel más duro y exigente de Hierro

Carlos Marchena es el factor integrador para volver a sentar en la mesa de negociación a Luis Rubiales y Sergio Ramos, coger perspectiva para dejar de lado lo malo que ha sucedido, lo que pueda intoxicar la convivencia, y centrarse en lo único que realmente interesa. Su finalidad es fomentar la familiaridad y hacer el día a día más llevadero. Marchena ha llegado para unir grietas y los actuales entrenamientos de la Selección tienen risas, bromas y cachondeo. Como cuando estaba Julen.

Al que ahora se le ve en otra dimensión es a Fernando Hierro. Tiene un papel más duro y exigente como responsable de la parcela técnica y de la toma de decisiones. A ojos del vestuario, ya no se le verá como cuando estaba Lopetegui. Unos estarán contentos si juegan y otros, con el ceño fruncido si no lo hacen. Por su cabeza pasa y tritura planteamientos tácticos, alineaciones, análisis de los rivales, preparación de los entrenamientos… Es el único que no se ha contagiado de la alegría de los jugadores y debe procurar que no se desate una euforia que lleve a engaño. Los resultados de Alemania, Brasil y Argentina invitan al optimismo, pero lucha contra la osadía española: hemos pasado de vernos fuera del Mundial por echar a Lopetegui y que nos empatara Cristiano Roanaldo un partido que estaba ganado al ‘viva España’ porque jugamos mejor que los otros favoritos. Ni blanco ni negro.

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