la relación entre los dos centrales de españa

Ramos y Piqué, un matrimonio de conveniencia muy bien avenido

Ramos y Piqué han sabido quitarle importancia a sus enfrentamientos. Las pullas dialécticas que se lanzan el uno al otro no enturbian la confianza que se tienen en el terreno de juego

Foto: Sergio Ramos y Gerard Piqué forman la pareja de centrales de la Selección desde el 2009. (EFE)
Sergio Ramos y Gerard Piqué forman la pareja de centrales de la Selección desde el 2009. (EFE)

Si hay dos jugadores que ejemplifican la relación entre los jugadores del Real Madrid y del Barça en la Selección española esos son Sergio Ramos y Gerard Piqué. Y los aficionados de la Roja, como la bautizó Luis Aragonés, pueden estar tranquilos. No son uña y carne, no son amigos del alma, no son confidentes ni almas gemelas, pero ambos han sabido superar sus diferencias, mantener una buena relación y entender que reman por un bien común y que de su manera de tratarse depende también el éxito de la Selección en el Mundial de Rusia. Ahora incluso son socios en un negocio, ‘Power to the Players’, y las pullas dialécticas que se lanzan el uno al otro cada vez que defienden a sus respectivos equipos no enturbian la confianza que se tienen. Son un matrimonio de compromiso muy bien avenido.

Desde el 2010, antes del Mundial de Sudáfrica, cuando a Piqué en una concentración con España le preguntó un periodista de TV3 en catalán y Ramos, visiblemente molesto ante la respuesta de su compañero, soltó aquello de “En andaluz, díselo en andaluz a ver si lo entiende” ha llovido mucho. “Con Piqué antes no teníamos prácticamente relación, nos respetábamos y ya está, pero cuando vas creciendo y madurando dejas cosas de lado que no tienen importancia y ahora nos llevamos bien”, admitió Ramos hace siete meses en una entrevista en ‘Onda Cero’, cuando ya habían comenzado las negociaciones para ser socios de la empresa. El central catalán, por su parte, desveló en ‘The Players Tribune’ hace tres meses la existencia de un grupo de WhatsApp con compañeros de la Selección culés y merengues en el que, básicamente, les hacía bromas: “Hace poco, cuando estábamos a 8-9 puntos por encima del Real Madrid en la Liga, empecé un grupo muy especial con algunos de los jugadores con los que coincido en la Selección y que juegan en el Real Madrid y Barcelona. Si solo lees lo que la prensa dice, pensarás que nos odiamos unos a otros. Pero, de hecho, nos llevamos bien”.

Piqué, el agitador constante

“Piqué nos toma el pelo a todos”, dijo una vez Vicente del Bosque cuando todavía era seleccionador con ese tono suyo de padrazo, condescendiente ante las travesuras del retoño que es incapaz de dejar de hacer trastadas. El propio jugador, en la carta de ‘The Players Tribune’, lo admitía: “Es lo mejor, somos como niños. Y la verdad es especialmente gracioso para mí ahora, que le llevamos 15 puntos al Madrid en Liga. Así que mando respuestas muy creativas. La temporada pasada, cuando el Madrid lo ganaba todo, ellos se sentían muy bien y no dejaban de decir ‘mierdas’ cuando nos veíamos en los entrenamientos de la Selección. Cada vez que ganaban un partido la temporada pasada, subían fotos en Instagram sin camiseta en el vestuario, ¿os acordáis de eso? No paraban de sonreír y de flexionar sus musculitos como ‘La Roca’ y diciendo #HalaMadrid con un montón de emojis de trofeos. Esta temporada, sin embargo, el ambiente es diferente. Todas sus fotos de Instagram son como muy sombrías. “3 puntos hoy. ¡Debemos seguir trabajando duro!”, dicen. Así que yo les envío mensajes de texto en el grupo de WhatsApp: “Vamos chicos, ¿por qué estáis tan serios?”. Y les pongo un pequeño emoji llorando y otro risueño”.

Ramos no tardó en contestar a la carta de su compañero: “Es cierto que ese grupo existe, pero yo no lo leo, porque me quité hace tiempo de WhatsApp y así vivo más tranquilo”. El madridista, que suele recordarle a Piqué que su segundo apellido es Bernabéu, tiene 32 años y tres hijos; el culé 31 y dos vástagos. Ya no son unos críos y han vivido juntos la gloria, el éxtasis de ser campeones del mundo en Sudáfrica en 2010 y la Eurocopa del 2012 (Piqué no fue convocado en la del 2008) y los batacazos en el Mundial de Brasil y de la última Eurocopa en Francia. Ellos son ahora los veteranos, los referentes, los considerados por muchos como la mejor pareja de centrales del mundo y han aprendido no solo a tolerarse, sino a llevarse bien. No es una pose ni un esfuerzo, ninguno de los dos tiene por qué disimular y han demostrado carácter suficiente a lo largo de sus extensas carreras como para no dudar de su palabra porque no se suelen morder la lengua precisamente.

La celebración de Piqué y Ramos tras el gol del primero en el debut de España en la Eurocopa 2016. (EFE)
La celebración de Piqué y Ramos tras el gol del primero en el debut de España en la Eurocopa 2016. (EFE)

La extraña pareja

Resulta ya habitual que Piqué y Ramos se enzarcen dialécticamente cada vez que se disputa un Clásico. En el último, con el Barça ya campeón, el catalán pidió al cuerpo técnico que les hicieran el pasillo ya que el Madrid se había negado, mientras el sevillano desveló que el árbitro había sufrido presiones por parte de los jugadores azulgranas en el túnel de vestuarios. Hace un año, Ramos vio la roja directa tras el Madrid-Barça en el Bernabéu y dirigiéndose a Piqué le soltó: "Ahora hablas", mientras aplaudía abandonando el terreno de juego. “En el Bernabéu están acostumbrados a arbitrajes muy permisivos y cuando lo hacen bien el árbitro, es el malo de la película", explicaba más tarde Piqué ante un Ramos que tampoco se calló: "Eso dice él, pero para permisivo el suyo ante el PSG. ¿Que en el palco del Bernabéu se mueven hilos? Por mucho que diga Piqué no va a cambiar los valores ni títulos de nuestro club. En todos los palcos se mueven hilos. Ellos tienen más que callar que nosotros. Las declaraciones, si viniesen de Iniesta, sí molestarían al club; viniendo de Piqué, no. Ya sabemos cómo es”.

El toma y daca ha sido una constante entre ellos. "No te voy a negar que nos gusta el morbo, nos hemos acostumbrado a tirarnos de vez en cuando alguna piedrecita, pero nos lo tomamos sin ningún tipo de maldad”, ha llegado a afirmar el de Camas. Y sí, efectivamente se han acostumbrado a que la tirantez cuando cada uno defiende su camiseta se difumine cuando se juntan y pelean por la misma.

No han dejado de lanzarse pullas, pero su relación ha mejorado. Incluso tienen un negocio juntos. (Reuters)
No han dejado de lanzarse pullas, pero su relación ha mejorado. Incluso tienen un negocio juntos. (Reuters)

La cuestión política

Gerard Piqué ya anunció que este Mundial será su adiós a la Selección española después una última época convulsa donde se le ha pitado, y no poco, luciendo la roja. Ramos siempre ha defendido su profesionalidad y su “comportamiento ejemplar”, pero no dudó en criticar el tuit de Piqué a favor del referéndum en Cataluña el pasado 1 de octubre. “No es lo mejor si no quieres que te piten”, afirmó.

El catalán ya está harto de dar explicaciones al respecto. Nunca se ha posicionado a favor del independentismo, pero como no le han servido de nada ni las ruedas de prensa, ni las entrevistas ni su innegable compromiso con la Selección ya se centra únicamente (por ahora, con Piqué todo es posible) en lo deportivo. Con Ramos no habla de cuestiones políticas y en sus primeras reuniones con Julen Lopetegui se sintió absolutamente involucrado con el nuevo proyecto, tuvo muy buena sintonía y, competitivo como es, nadie puede dudar de su deseo de despedirse a lo grande. Igual que Iniesta.

El resto, Carvajal, Nacho, Isco y Asensio por parte del Real Madrid y Alba, Busquets e Iniesta por parte del Barça no tienen tampoco ningún problema serio entre ellos. Por cuestiones de edad y carácter hay quien conecta más con unos que con otros, como en cualquier grupo. Ya apenas se juega a la ‘pocha’ como en los tiempos de Casillas, Xavi y Puyol, sino que entre los más jóvenes la Play y el ‘Fifa 18’ están de moda.

Ramos y Piqué, un matrimonio de conveniencia muy bien avenido

Por mucha rivalidad que exista, nada se puede comparar al clima tóxico, irrespirable, que se vivió en la primavera 2011, con Mourinho y Guardiola en los banquillos, con cuatro Clásicos consecutivos y que tuvo su clímax en la disputa unos meses después de la Supercopa de España, cuando el técnico portugués metió el dedo en el ojo a Tito Vilanova. Casillas llamó entonces a Xavi y se dijeron de todo, según confirmaron los dos protagonistas que fueron galardonados posteriormente con el premio Príncipe de Asturias. De aquellos reproches, y con la intervención también de Del Bosque y Puyol, nació una nueva manera de entenderse para arreglar una situación que amenazaba con volar por los aires la convivencia en la Selección. Ellos plantaron una semilla que ha perdurado con el tiempo.

Las pullas, principalmente entre Ramos y Piqué, sirven para los ‘memes’ en las redes sociales, las tertulias interminables y la polémica de la semana. Nada más. No hay más recorrido y entre ellos han logrado no tomarse demasiado en serio, aceptarse tal cual son y centrarse en lo que les une y no lo en lo que les diferencia. No es poca cosa.

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