españa y argentina se enfrentan en el wanda

De Gea no se siente profeta en su tierra y Messi necesita ganar el Mundial para serlo

El portero afirma que se siente más valorado en Inglaterra. No siempre fue sencillo su camino hasta la titularidad en La Roja. La estrella argentina tiene que brillar en Rusia para igualar a Maradona

Foto: David de Gea, en un entrenamiento de la selección. (EFE)
David de Gea, en un entrenamiento de la selección. (EFE)

David de Gea es uno de los mejores porteros del mundo y es, a buen seguro, el portero de la selección en el próximo Mundial. Es probable que se mantenga en esa posición unos cuantos años más, aunque Kepa, del Athletic, acecha su oportunidad. Es muy joven todavía, no hay que apresurarse. El caso es que De Gea, tantas veces sondeado por el Real Madrid, es el titular y nadie lo discute, pero quizá, en su caso, dejarlo en eso es quedarse corto.

"Al final en Inglaterra tengo un cariño y un respeto enorme que no lo noto tanto aquí", cuenta el portero en la rueda de prensa previo al partido de España contra Argentina. Podría ser poco más que una pataleta, pero si se rasca un poco es más entendible. De Gea ha sido cuatro veces elegido el mejor portero de la Premier League y tres veces considerado como el mejor jugador de la temporada del Manchester United, que aunque no pase por sus mejores tiempos no deja de ser uno de los equipos más poderosos del mundo.

No es difícil encontrar referencias en las que aparece como el mejor portero del mundo incluyendo, por supuesto, a excompañeros como Rooney o a su propio entrenador, Jose Mourinho. Lo que nadie parece dudar es que es el mejor de todos los de la Premier, la liga más cara del mundo. Si se tiene en cuenta que hay otros como Courtois por ahí ya tiene bastante mérito.

En España, sin embargo, se encuentra con algo más de indiferencia. No es que no se le considere un gran portero, que tampoco es eso, pero nadie parece tenerle el suficiente cariño como para reivindicar su grandeza. Se asume que es el mejor para La Roja, pero también se señala que su agilidad bajo palos luego se descompensa con cierta torpeza en las salidas. Es más, si se hiciese una encuesta es posible que Courtois, que en Inglaterra sale claramente por debajo de las preferencias de los aficionados, estuviese por encima.

Los dos jugaron en el Atlético, el belga sucedió al español y dejó un mejor sabor de boca en la afición del Calderón. De Gea se marchó y sus coqueteos con el Madrid, que han existido y probablemente existirán de nuevo en el futuro, no sentaron bien. Courtois, que dio aún mejor rendimiento que su excompañero en el Atlético, también ha tenido una actitud parecida, pero probablemente se le acepta mejor porque no es canterano. Cuando Fernando Torres dejó el Atlético siguió siendo un ídolo para el club del Manzanares, De Gea, salvando las muchas distancias, simplemente cayó en el olvido.

David de Gea. (EFE)
David de Gea. (EFE)

La herencia de Casillas

Y eso, de algún modo, influye en el debate en España. Le faltan defensores de verdad, de los que salen de la piel, lo que termina girando la conversación a su alrededor en unos parámetros mucho más fríos y distantes. De Gea, por el tiempo que lleva fuera y por sus sucesores en la portería rojiblanca -además de Courtois, el excelente Oblak- ha caído un poco en el olvido, sin importar que sea el portero que defiende la meta de La Roja.

También su modo de llegar a la selección hace un poco más difícil la empatía, no por él, que nunca tuvo la culpa, sino por las circunstancias aparejadas. De Gea tuvo que sustituir a Iker Casillas, que es tan portero como leyenda. Es muy difícil sustituir a un ídolo, mucho más aún a uno que no hace nada sencilla su salida. El exmadridista, que probablemente es el mejor guardameta de la historia de España, llegó a un punto en el que había bajado su nivel. Derribar a un tipo con su peso específico es muy ruidoso salvo que él mismo se de cuenta de que es el momento de dar el relevo. No fue el caso. Él intentó seguir yendo, trató de mantener la titularidad... al final se marchó y hoy ya nadie habla de él, pero es Iker Casillas, no se le puede tratar como si fuese una anécdota y su salida de la selección, desde luego, no lo fue.

De Gea no tenía la culpa de nada de esto, tener que reemplazar al hombre que le sacó la pierna a Robben en aquella jugada mítica ya era suficiente. Dentro del ruido empezó a hacer su trabajo, poco a poco a quedarse con el puesto que ya le correspondía en España y, entonces, llegó su primera gran competición. Como de lo que se habla es de adaptación y de facilidades, de estar cómodo, es muy evidente que él en ese campeonato no pudo sentirse así. Estalló el Caso Torbe y a él le pilló en medio. Es cierto que luego ni siquiera fue investigado por él, pero el simple hecho de verse relacionado con unos hechos tan desagradables -y un personaje así- ya era un problema importante de relaciones públicas para el portero que se atajó como se pudo.

En el debe del portero puede estar su timidez, que es un rasgo de la personalidad que aleja un poco a la afición. Tampoco se vende especialmente bien con los medios de comunicación, le cuesta mucho dar entrevistas y cuando tiene un micrófono delante suele ser huidizo. Saber venderse es un arte que también podría aprender de su predecesor en la portería de La Roja. Cuando eres afable y abierto se te perdonan más los errores y se ensalzan más tus virtudes, porque aquí todos son humanos y le cogen cariño a la gente y demás. Es difícil de cambiar todo esto, se aprende por el camino pero no del todo, la naturalidad, si no se tiene, no existe. Lo cual no cambia nada al portero, pero sí su relación con el entorno. Y, de paso, con la afición.

Messi, entrenándose en Valdebebas. (EFE)
Messi, entrenándose en Valdebebas. (EFE)

Messi y el reto de superar a Maradona

"Cada vez que vengo a la selección siento cariño dentro y es lo más importante", despeja después de asumir que fuera no se le quiere tanto como a él le gustaría. Aparece el tópico futbolístico, ese que habla de los vestuarios y lo cercanos que son todos siempre... es cierto que es probable que sus compañeros, que no dejan de ser profesionales de esto, aprecien más a conciencia todo lo que es capaz de dar un excelente portero.

Esto de que los futbolistas se dan cuenta mejor de la grandeza de un jugador concreto no es aplicable a Messi. Él es colosal para todos, casi infinito. La mayoría del planeta está convencida de que es el mejor jugador que existe y son muchos, cada vez más, los que opinan que es el más grande de siempre. El grado de celebridad de Messi se puede medir en titulares, los medios españoles escrutan todos sus movimientos, parece el único que juega en Argentina. Y si se va a la prensa de allí la cosa es aún más absoluta, porque no solo es el personaje más llamativo, es el único salvador posible de una selección bastante tristona más allá de su zurda.

"Por circunstancia, juego y tiempo no somos candidatos. Hay mejores selecciones como España, Brasil, Alemania y Francia, hoy están por encima y son los candidatos". EL propio Messi dice que para hacer a la albiceleste campeona va a necesitar mucho más de lo que se ha visto. En realidad, si él no estuviese en el campo no habría duda alguna del final fatal de su equipo. Pero sí está él todo parece posible.

Messi es entendido como el mejor en Argentina, pero quizá no es reverenciado como un ídolo. No, desde luego, como lo es Maradona. Las circunstancias son muy distintas, Diego se crió en su país, le vieron crecer en sus canchas y, sobre todo, ganó un Mundial para el país -con otros jugadores que, como la actual selección, estaban más para acompañarle en el trance que para ser realmente trascendentales- y eso le puso en otra dimensión. Tenía, además, ese aroma de potrero, de hombre del pueblo y era realmente carismático. Es difícil de decir hoy, con lo que es Maradona y la cantidad de cosas no muy inteligentes que es capaz de decir en un año, pero en su momento tenía, y aún mantiene, un halo de héroe del pueblo.

A Messi le falta algo de carisma, le falta cercanía con su país y, sobre todo, le falta un Mundial. Llegó siendo un niño a Barcelona, donde ha hecho su vida, y aunque él se siente argentino y aún mantiene muchas de las costumbres de su Argentina, como su preferencia por el asado o la milanesa, no deja de ser alguien que ha pasado la mayor parte de su vida lejos de ese primer hogar. Puede ser profeta en su tierra, viéndole jugar al fútbol ¿cómo no? pero para eso igual tiene que ganar un Mundial de fútbol. Y eso solo es posible en Rusia, o eso dice él. Es la estación final, la que puede dar todavía más lustre a una carrera que nadie más tiene.

Mundial

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