DE ROSSI REPRESENTA LA TENSIÓN VIVIDA

Italia, fuera del Mundial: "¿Qué coño voy a entrar yo? ¡No necesitamos un empate!"

Italia ha sido incapaz de marcar un solo gol a la no especialmente buena Suecia en dos partidos completos, motivo más que suficiente para quedarse fuera de Rusia y Ventura sin trabajo

Foto: Buffon llora tras la eliminación. (Reuters)
Buffon llora tras la eliminación. (Reuters)

180 minutos después, Italia seguía sin ser capaz de marcar un gol. Ha pasado dos partidos enteros sin encontrar un tanto contra Suecia, una selección que, de todos modos, tampoco es nada del otro mundo. Se queda, consecuentemente, fuera del Mundial y la historia dirá que es una pena, que un campeonato así no puede prescindir de un equipo cuatro veces campeón. Pero el fútbol no les dio para más, hoy la 'azzurra' no se encuentra entre las 32 últimas selecciones del mundo. El drama es de proporciones históricas, desde 1958 no sucedía una catástrofe de esta magnitud. Buffon salió entre lágrimas, Ventura corriendo y De Rossi, uno de los emblemas, enfadado con el técnico porque quería sacarle a él antes que a Insigne, a pesar de la necesidad de ganar que tenía el equipo: "¿Qué coño voy a entrar yo? ¡No necesitamos un empate, tenemos que ganar!".

El partido de San Siro venía precedido de una derrota en Solna y un reguero de declaraciones que hablaban de pasión, de la grada y del corazón. Nunca de fútbol, que es el principal problema actual de la selección transalpina. En Milán, el equipo lo intentó, tuvo el balón y atacó, pero casi siempre sin sentido. De hecho, fueron muy pocas las oportunidades reales de los de Gian Piero Ventura. Suecia, que se dedicó a defender, no tuvo que hacer enormes esfuerzos para contener a la cuatro veces campeona.

Este fue, probablemente, el último partido de Buffon con su selección. Aspiraba a disputar su sexto Mundial, algo que no ha conseguido por el momento ningún futbolista en la historia. Y él, uno de los mejores guardametas de todos los tiempos, no será el primero. Salía del campo cariacontecido y atendía a la prensa entre lágrimas. Intentó incluso acudir al área sueca a tratar de rematar varios córneres del final. Pero eso también fue estéril, una más en un equipo cuyo planteamiento futbolístico es inane. Los minutos finales, los de la mítica zona Cesarini, tampoco valieron para nada en esta ocasión.

El desconsuelo del capitán será una imagen que pasará a la historia del fútbol, aunque esto no deja de ser una clasificación, un lugar indigno para que caiga un gigante. "Es una pena, una pena, no por mí, yo soy lo de menos, la pena es por la gente, acabar mi carrera o no era una cuestión de tiempo. No hemos logrado conseguirlo, una pena, una pena, pero no por mí", repetía Buffon una y otra y otra vez. Es un hombre especial, uno de esos jugadores que trascienden, y, en este mar de lágrimas, volvió a demostrarlo. Desde el primer momento, de hecho, cuando se puso a aplaudir el himno sueco mientras San Siro se dedicaba a silbarlo. Porque él es un caballero.

Con él se va uno de los grandes porteros de siempre, un recorrido que ya hizo antes Iker Casillas, por derecho propio también en esa lista de los más grandes. Han sido rivales durante 15 años y, de tanto encontrarse en el campo de batalla, han llegado a ser amigos. El portero del Oporto, ahora suplente en su equipo, no quiso dejar pasar la oportunidad de recordarle al mundo que Gianluigi Buffon es un grande. Lo hizo con un bonito tuit en el que repetía que no quería verle llorar.

Ventura y el abismo

El primer señalado será, sin duda, Gian Piero Ventura. A sus 69 años, ha pasado la vida entrenando a los más diversos, con momentos buenos y malos, pero sin trascendencia. Ahora sí que pasará a la historia, aunque lo hará por la gatera, señalado entre los villanos. Porque en Italia, un lugar en el que el fútbol es cosa importante, que la selección se quede fuera de un Mundial es casi una afrenta. No seguirá, por supuesto, y esta derrota le acompañará durante el resto de su vida. Los jugadores no hicieron mucho, pero él tampoco puede dar grandes argumentos que le salven de esta quema. Tras el partido, según diversos medios, dimitió. Unos minutos antes de que le echasen, por lo que se ve.

Se empecinó con los tres centrales, se centró en la italianidad, en hablar del corazón y de la pasión y de ese tipo de cosas. Pero el fútbol no se vio, por ningún lado, no hubo construcción, ni remate, ni nada en absoluto. Es más, fue incapaz de darse cuenta de que, en la segunda parte, le sobraban centrales y le faltaban jugadores creativos. El partido terminó, de un modo muy italiano, con una panoplia de balones bombeados hacia la frontal a ver si alguien se equivocaba y así encontraban un billete a Rusia. Suecia no falló.

Se ha metido en el Mundial un equipo escandinavo que tampoco tiene demasiado que decir. Retirado Ibrahimovic del combinado, lo que queda es un equipo sin grandes estrellas y con muchos futbolistas jugando en equipos de medio pelo. Ellos, a diferencia de Italia, sí han sabido funcionar como un equipo. Se aprovecharon de un gol de rebote en Solna y con eso, que es muy poco, les ha sido suficiente para conseguir entrar en el gran campeonato. Su mérito es mayor aún si se tiene en cuenta que en la fase de grupos se deshicieron de Holanda y solo sucumbieron ante Francia. No habrá mucho nombre, pero sin duda ha habido resultados.

La alegría sueca era incontenible, tanto que, en otro nivel, recordaba a la reciente fiesta de los islandeses en circunstancias parecidas. Solo hay que ver cómo lo celebraron, corriendo todos los jugadores hasta la posición de la televisión nacional, que a pie de campo retransmitía el partido. Llegaron en manada y se llevaron por delante a los narradores, a los comentaristas e, incluso, la mesa.

Pero Suecia solo es la historia del día en Estocolmo. El resto del mundo mira con pasmo cómo uno de los más grandes no estará en la cita crucial. Argentina estuvo cerca, pero se reenganchó, Italia no ha corrido la misma suerte. Chiellini, que en los días previos señalaba que las nuevas generaciones son más blandas por el 'guardiolismo', Barzagli o Bonucci, considerados entre los mejores defensores del mundo, no estarán en Rusia. Tampoco Verratti, que sancionado veía desde el banquillo la tragedia. Claro que tampoco en la ida hizo él demasiado para cambiar el destino cruel que le esperaba a esta Italia.

El enfado de De Rossi

Entre las imágenes de este partido, del infierno italiano, quedará sin duda una frase de De Rossi. El jugador romanista, uno de los mejores futbolistas italianos de la actualidad, aunque ya algo entrado en años, se encontraba en el banquillo muerto de nervios. En una de esas, un asistente de Ventura se acercó a él a ver si podía entrar a solventar la papeleta que se estaba viendo en San Siro.

Pero ni él mismo se vio como alternativa, es más, solo consiguió el asistente enfadar a De Rossi, que le recordó que él no era un delantero y que este partido había que ganarlo. "Che cazzo entro io? Non dovemo pareggià, dovemo vince!", expelió el mediocampista en lo que bien podría traducirse como: "¿Qué coño voy a entrar yo? ¡No necesitamos un empate, tenemos que ganar!". Mientras tanto señalaba a Lorenzo Insigne.

Y es que, entre las incongruencias de Ventura, quizá la más grave es esta. Insigne es uno de los hombres de moda en Italia, un delantero con gol y con juego que está teniendo un papel buenísimo en el Nápoles, que lidera la Serie A. Es uno de los jugadores con más talento del país y, sin embargo, en ningún momento el seleccionador ha pensado en él como solución al descalabro. De Rossi, con muchos años de fútbol, le apuntaba a él porque no entendía a su técnico. Quizá nadie le entendió.

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