se impuso a albania por un contundente 3-0

La España de Isco es la España de siempre

El combinado nacional demostró contra Albania, una vez más, que la manera más corta para llegar a la victoria es tratar bien al balón cuando tienes jugadores para hacerlo

Foto: España celebra el primer gol. (Reuters)
España celebra el primer gol. (Reuters)

España juega muy bien al fútbol. España tiene estilo propio. España tiene duende. España tiene a Isco, que mira cara a cara a los mejores, sin bajar el rostro. España está en el Mundial. Porque es brillante y porque su victoria 3-0 contra Albania se une al empate de Italia ante Macedonia. Combinación válida para sellar un billete.

Albania no es el rival para la gloria, es un equipo mediano, de esos que aspiran como mucho a darse el alegrón de meterse en la fase final de algún gran torneo. El contrincante, en todo caso, es un poco lo de menos cuando de lo que se trata es de hacer una declaración de intenciones. Juegas contra lo que te ponen enfrente y no preguntas si son estrellas mundiales o esforzados trabajadores.

Lopetegui tenía muchas bajas en esta convocatoria. No está Iniesta, quizá el más brillante jugador de siempre. Tampoco Carvajal, indiscutible en la banda derecha, ni los delanteros habituales, Morata y Diego Costa. Tampoco importa demasiado porque por encima de los nombres está el concepto general de juego, ese que se enseña desde las categorías inferiores y que consiste, fundamentalmente, en querer al balón.

Tratarlo bien, como si fuese un familiar más a quien quieres tener en el salón de casa. No arriesgarlo, no maltratarlo, no rifarlo. Poco a poco, y con el inmenso talento de unos cuantos jugadores, hacer del fútbol una cuestión de equipo. Y, lo más curioso es, quizá, que en este nivel de juego van entrando piezas nuevas y, como vienen enseñadas de casa, no solo no chirrían sino que cuadran a la perfección en la idea general del equipo.

Es el caso de los dos jugadores de menos fama que Lopetegui alineó contra Albania. Odriozola llegó a última hora por los problemas médicos de Carvajal. Era nuevo, pero le dio para ser titular en su primer partido. No solo no desentonó, es que estuvo fenomenal, subiendo con mucho criterio, con su zancada amplia y, al llegar a la orilla del campo, centrando con muchísima clase. La propuesta futbolística de la Selección obliga a tener laterales largos, necesarios para ensanchar el campo y que oxigenar a los muchos centrocampistas encargados de mover el balón por dentro y entre líneas. Lo es Carvajal, por descontado, pero también lo puede ser Odriozola. Y tiene 21 años.

Isco. (Reuters)
Isco. (Reuters)

Un genio de Málaga

Rodrigo, el otro jugador de menos nombre, también dio motivos a Lopetegui para confiarse. Era su segundo partido con La Roja, pero parecía un veterano. Jugador de escuela española, se ha ganado más convocatorias en este partido. Muy participativo, asociándose bien con Thiago -que además, marcó el último-, con Isco, con Saúl. Y un gol sensacional, el primero de la contienda, en el que amortiguó el balón con el pecho y se volvió para hacer un excelente remate. Un buen recambio para la posición que más problemas ha dado a Lopetegui. Porque Morata y Costa, los dos más fiables, han tenido demasiado accidentes.

De los de siempre, Isco. Lo del malagueño es arte puro. Con el centro de gravedad bajo, algo culón, es capaz de dominar el balón como el hipnotizador duerme a los voluntarios. Es una cosa de ritmo, y de llevarla pegada al pie. Lo mismo te da pausa que acelera. Y vuelve a parar para arrancar de nuevo. Los defensas que se están viendo las caras con el en sus dulcísimos últimos meses podrían constituir una asociación de afectados, porque los está volviendo locos. Y es muy difícil de parar, el balón prácticamente no se ve.

Está, además, con ángel de cara a gol. El segundo de España fue suyo. Un buen pase interior de Koke, Isco recibe, mira y fusila. El balón sale disparado como si saliese de un cañón. Y el portero lo intenta, pero no le da. Lleva seis en esta clasificación, incluidos dos contra Italia. Si España está en Rusia, y está ya seguro, es en parte porque el malagueño ha dado un salto adelante y se ha quedado con los mandos de La Roja.

Este equipo se parece ya muy poco al que ganó con brillo las Eurocopas o el Mundial de Sudáfrica. Son otros jugadores y hay un nuevo entrenador, lo que en principio podría ser suficiente para que ambas versiones no se parecieran. No es así, el estilo es el mismo, el diálogo de un equipo y otro es el del padre y el hijo, hay discrepancias, hay diferencias sin duda, pero hay una carga genética, una parte de identidad irrenunciable que está ahí es evidente. Ha sacado el niño los ojos del padre, y la altura, y el porte. Eso no quiere decir que vaya a darse el mismo resultado, porque estas cosas no funcionan así. No es matemática, es fútbol, no hay cálculo racional. Es, en todo caso, la única manera que conoce España de llegar al triunfo. La única que se ha probado fiable. ¿Recuerdan la furia y aquellas cosas del pasado? ¿Tienen en la memoria a Javier Clemente y su interminable colección de centrales? ¿De aquellos gritos y apelación a la masculinidad, tan demodé hoy en día?

Hubo que hacer mil ensayos para encontrar la respuesta. Si tienes buenos jugadores, y en España no faltan, lo mejor es dejarles que hagan su trabajo. Aquello tan manido de pasárselo bien, que sin ser exacto sí da una idea aproximada de lo que se busca. Esto es un trabajo, hay esfuerzo y dedicación, no es tanto pasarlo bien como hacerlo bien. Y esta España, la de Thiago, Silva, Saúl y, sobre todo, Isco, sabe perfectamente cómo hacerlo.

Y a Piqué, pitos

Esta crónica lleva diez párrafos y ha regateado hasta aquí el elefante en la habitación. Piqué jugó y fue silbado. Es probable que ese sea su futuro a perpetuidad. Es un engorro para él y para sus compañeros, todos coinciden en que lo mejor sería que esos pitos no existiesen. Hubo hasta una rueda de prensa larguísima en la que intentó desplegar su pedagogía, porque no hay nadie más convencido de la bondad de Piqué que el propio Piqué. Son cosas que pasan, no se le puede dar mucha más vuelta. El público, que es soberano, decidió no comprar sus explicaciones.

La clave, a pesar de todo, la puede tener Thiago, que un día antes se puso delante de los medios y abordó la cuestión. Piqué ya no es un niño, nada ni parecido a eso. Sabe perfectamente lo que hay y está más que acostumbrado a la bronca. Son jugadores de fútbol profesional, desatan pasiones, cargan las gradas de alegrías y de enfados y acostumbran a ser reverenciados en exceso tanto como criticados con crueldad. Es parte del papel que juega el fútbol y sus actores en esta sociedad, una manera de evadirse de los problemas cotidianos. A veces se hace con aplausos y otras con pitos. En ocasiones se olvida que esto es fútbol y solo fútbol, lo más importante de las cosas no importantes, que decía el rapsoda Valdano. Y darle más trascendencia que la que tiene no deja de ser un acto un poco estéril.

España, con Isco, con Thiago, con De Gea, con Lopetegui y, sí, también con Piqué, tiene un objetivo dentro de unos meses. Pueden pasar mil cosas en este tiempo, modificaciones infinitas hasta llegar en un vuelo que aterrice en territorio ruso. Lo que es improbable, casi imposible, es que el guión de La Roja cambie. Porque España es así, un equipo con estilo propio, que tiene duende, juega muy bien al fútbol, tiene a Isco. Y, para el caso, también tiene a Piqué, que como central es excelente.

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