La CBF acepta la dimisión de un Scolari al que nadie echará de menos
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deja el cargo tras el fracaso en el mundial

La CBF acepta la dimisión de un Scolari al que nadie echará de menos

La era Scolari ha terminado. El seleccionador brasileño ha presentado su dimisión una vez terminado el Mundial y la CBF la ha aceptado

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La era Scolari ha terminado. El seleccionador brasileño ha presentado su dimisión una vez terminado el Mundial. El pasado sábado, tras la derrota en el partido por el tercer y cuarto puesto, dijo que la decisión estaba en las manos de José María Marín, presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF). "Acordamos que yo lo entregaría (en referencia al cargo) bien sea ganando o perdiendo y así será", comunicó en la rueda de prensa a la derrota por 0-3 ante Holanda. Y la CBF ha aceptado esa dimisión.

Scolari, de 65 años, se hizo cargo de la selección brasileña hace 20 meses, en noviembre del 2012. Era su segunda etapa al frente de la 'verdeamarela', a la que dirigió entre junio del 2001 y julio del 2002, justo después de llevarla al título de campeona del mundo en el Mundial de Corea y Japón tras vencer a Alemania por 2-0. El final de las dos etapas no ha podido ser más diferente. En el 2002 se fue con reconocimientos, y ahora abandona el cargo en medio de una tormenta como nunca ha vivido el fútbol brasileño.

Al ex entrenador de la selección portuguesa y el Chelsea se le considera el principal culpable de la debacle histórica de Brasil en el Mundial que organizaba. El golpe tras la derrota por 1-7 ante Alemania en las semifinales fue tan duro que incluso puede tener implicaciones sociales y políticas, y todo ello con Scolari como responsable. Su contratación en el 2012 ya tuvo componentes políticos: la CBF apostó por un entrenador con mano de hierro que ya había triunfado diez años antes, pero cuyos métodos se han quedado totalmente obsoletos.

A Scolari se le acusa de entrenar poco, de preparar casi nada los partidos, de apostar por el músculo antes que por la calidad y de ser un arrogante. Figuras históricas brasileñas piden un cambio de rumbo en la selección, un regreso a la humildad y a los valores clásicos de la selección pentacampeona del mundo. Zico, por ejemplo, pide una revolución: "Necesitamos elegir gente nueva con nuevas ideas sobre cómo jugar al estilo brasileño".

Un ejemplo de cómo puede reinventarse Brasil es precisamente su verdugo en semifinales, Alemania. La 'Mannschaft' cayó eliminada en la primera fase de la Eurocopa del 2004 con Rudi Völler y comenzó un cambio que le llevó hasta e tíitulo mundial diez años después, pero que antes dejó muy buena actuaciones en otras eurocopas y mundiales. Jürgen Klinsmann y Joachim Löw establecieron métodos que cambiaron la cara del fútbol alemán sin dejar de ser competitivo.

Ahora le toca a Brasil iniciar el mismo camino. Sea cuál sea el rumbo que elija la CBF, lo único claro es que Luiz Felipe Scolari no estará ahí para comandarlo. Al mismo tiempo se ha reabierto un viejo debate: el del seleccionador extranjero. La crítica a Scolari va más allá de su persona y dispara también con las raíces del fútbol brasileño, algunas de las cuales están siendo cuestionadas. Algunas voces ya se han pronunciado sobre la idoneidad de contratar a un entrenador de fuera de Brasil para reconducir el rumbo.

Con el que tiempo se ha demostrado que la victoria el año pasado en la Copa Confederaciones, lejos de ser positiva, escondió muchas de las carencias de un equipo y un seleccionador que se vieron superados en el momento decisivo del Mundial. Scolari se va y nadie lo va a echar de menos.

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