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20 años de la muerte de Andrés Escobar, la motivación colombiana para ganar a Brasil
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fue asesinado tras el mundial de 1994

20 años de la muerte de Andrés Escobar, la motivación colombiana para ganar a Brasil

No hay Mundial que se tercie que no provoque un recuerdo para Andrés Escobar, asesinado tras caer Colombia eliminada en el Mundial de Estados Unidos

Foto: Andrés Escobar murió cuando apenas tenía 27 años (Imago).
Andrés Escobar murió cuando apenas tenía 27 años (Imago).

Este Mundial tuvo un inicio extraño, con una circunstancia que no es inusual pero sin embargo cuando sucede parece algo antinatural, contrario a la esencia del fútbol mismo. Marcelo Vieira se marcó un gol en propia puerta que suponía la ventaja efímera de Croacia sobre los anfitriones. Anotar un gol y que sume tu rival es doloroso, pero al final todo queda en el campo, se olvida para siempre en el cajón de sastre que es la memoria del fútbol, tan defectuosa como inmensa. Todo pasa, cae en saco roto… en principio. Ese gol no hizo sufrir sólo al lateral madridista y momentáneamente a todo aficionado a la Canarinha. Ese tanto heló la sangre de una familia colombiana que hace veinte años perdía a un ser muy querido.

No hay un Mundial que se precie desde 1994 en que alguien no recuerde la figura de Andrés Escobar. Fue un antes y un después para el fútbol colombiano… para todo el fútbol en general. Ese 2 de julio de hace veinte años fue el día más negro de la historia de las Copas del Mundo. Nada sucedió en un Mundial tan terrible como la muerte del buen defensa colombiano. Todo por un hecho ínfimo dentro de la enormidad del fútbol, pero cruelmente extrapolado hacia una persona que, como el resto del combinado cafetero, trató de hacerlo lo mejor posible pero sin tener suerte, esquiva como otros tantos días.

En la agonía de las últimas respiraciones y con el cuerpo empapado en sangre viscosa, Andrés se preguntaría qué había hecho él para que un absoluto desconocido decidiera dispararle por la espalda a la salida de un tugurio de Medellín. La discusión, el enfrentamiento verbal con Humberto Muñoz Castro no había sido más significativa que cualquier otra que tiene un jugador conocido con un aficionado irritado. La reacción de Andrés fue tan simple y cotidiana que no hacía presagiar la cruel reacción de su verdugo. Lo ignoró, decidió salir del bar y comenzar el camino de regreso a casa, donde jamás pudo llegar.

María Ester confirma algo que es tan evidente como doloroso: por mucho tiempo que pase, nadie olvida la muerte de un hermano. “A veces uno preferiría que no le recuerden a Andrés todos los días, porque es realmente muy doloroso, pero prefiero agradecerle a Dios habérnoslo prestado durante 27 años. No fue mucho, pero fueron años importantes”, decía la hermana de Escobar en una entrevista a FIFA. El deseo de María Ester, de hecho, es tratar de seguir hacia adelante, porque ‘la vida no termina aquí’.

En la edición mundialista que coincide con el 20 aniversario de la desaparición de Andrés, el destino quiso ser cruel y comenzó este torneo con el gol de Marcelo a Júlio César, misma situación por la que a muchos de los 22 jugadores colombianos que cayeron en primera ronda en el Mundial de Estados Unidos que no regresaran a su país, porque si lo hacían habrían represalias. El 22 de junio, Colombia perdió 2-1 contra los anfitriones y un autogol de Escobar abrió la cuenta norteamericana. Desde entonces, todo el país cafetero puso todo su peso en contra del que hasta entonces había sido considerado un gran defensa, en vez de casi un proscrito.

Pero ahora Colombia sonríe, vive inmersa en un mar de alegría en su ya mejor clasificación histórica. La felicidad de James y Cuadrado se contagia a todo el país, que ahora vive los mejores años desde, precisamente, los años de Andrés Escobar. Jugar contra Brasil no es simplemente la culminación de un gran Mundial, sino el mejor homenaje posible al héroe inolvidable cuya muerte lo convirtió en mito eterno y en la mayor motivación posible para los pupilos de Pékerman.

Este Mundial tuvo un inicio extraño, con una circunstancia que no es inusual pero sin embargo cuando sucede parece algo antinatural, contrario a la esencia del fútbol mismo. Marcelo Vieira se marcó un gol en propia puerta que suponía la ventaja efímera de Croacia sobre los anfitriones. Anotar un gol y que sume tu rival es doloroso, pero al final todo queda en el campo, se olvida para siempre en el cajón de sastre que es la memoria del fútbol, tan defectuosa como inmensa. Todo pasa, cae en saco roto… en principio. Ese gol no hizo sufrir sólo al lateral madridista y momentáneamente a todo aficionado a la Canarinha. Ese tanto heló la sangre de una familia colombiana que hace veinte años perdía a un ser muy querido.

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