Suiza '54: el Mundial de Walter

El retorno de la Copa del Mundo a tierras europeas se produjo en 1954, concretamente a Suiza. Esta sede estaba pactada desde 1949, fecha en la que se seleccionó al

Foto: Suiza '54: el Mundial de Walter

El retorno de la Copa del Mundo a tierras europeas se produjo en 1954, concretamente a Suiza. Esta sede estaba pactada desde 1949, fecha en la que se seleccionó al país helvético como sede del Mundial de 1950. Sin embargo, al no contar con la infraestructura de estadios necesaria para disputar el campeonato, cedió su sitio a Brasil para convertirse en sede mundialista cuatro años más tarde, fecha en la que ya sí estaba preparado para albergar esta cita.

Por primera vez en la historia, y gracias a la creación de la Confederación Asiática de Fútbol, se realizó una fase previa en el continente asiático, de la que salió clasificada para el Mundial Corea del Sur. Sin embargo, no fue el primer equipo asiático en jugar una fase final de una Copa del Mundo, pues las Indias Holandesas Orientales ya lo habían hecho en 1938. Además, en la zona latinoamericana también se realizó por primera vez una fase clasificatoria para el Mundial, de la que saldrían mundialistas Brasil, México y Uruguay.

España no pudo clasificarse para disputar el Mundial de Suiza. El combinado nacional se enfrentó en las eliminatorias previas a la cita mundialista a Turquía. Mientras que en el partido de ida España venció por 4 a 1, Turquía se llevó la victoria por a 1 a 0 en la vuelta. Al no existir el 'gol-average', se tuvo que disputar un partido de desempate, cuyo resultado fue de 2 a 2, prórroga incluida. Por aquel entonces, tampoco se utilizaban los penaltis como modo de desempate. Así que una moneda sería la encargada de decidir qué selección jugaría el Mundial: salió cruz, y España se quedó fuera de la cita helvética.

Alemania Federal, denominación que tomó parte del territorio germano tras los cambios políticos acaecidos tras la Segunda Guerra Mundial, volvió a jugar un Mundial después de la contienda bélica, y su participación no defraudó lo más mínimo. La gran favorita para la victoria final era la selección de Hungría, que llegaba a la cita después de llevar más de 28 partidos internacionales sin conocer la derrota. Los 'Magiares Mágicos' de los Puskas, Kocsis, Bozsik, Czibor o Hidegkuti, entre algunos otros, era un conjunto temible, pero sufrió para llegar a la final.

Para ello, superaron a Brasil por 2 a 4 en cuartos de final en el partido conocido como 'La batalla de Berna', un encuentro que finalizó en una verdadera pelea multitudinaria en la que tres jugadores fueron expulsados. Sin duda, fue uno de los partidos más duros de la historia de los mundiales, donde brasileños y húngaros se enzarzaron en una batalla campal sobre el césped. De hecho, al término del encuentro, la pelea continuó en los vestuarios, donde tuvieron que ser atendidos varios jugadores de ambos equipos con cortes en sus caras, además de algunos otros que quedaron inconscientes por los golpes recibidos.

Otro de los partidos que pasaría a la historia de los Mundiales sería el disputado en cuartos entre Suiza y Austria. El partido finalizó con un 7 a 5 favorable a los austríacos, en el partido con más goles de la historia de una fase final de un Mundial. Sin embargo, Austria sería humillada por Alemania Federal en semifinales (6-1), mientras que Hungría, con un equipo repleto de bajas tras el partido ante Brasil, se deshizo con alguna dificultad de Uruguay (4-2).

La final se disputó entre ambos conjuntos, en un partido en el que los 'Magiares Mágicos' eran los claros favoritos. De hecho, Hungría pronto se distanció en el marcador, pues en el minuto 8 vencía 0 a 2 gracias a dos goles de Puskas y Czibor. Sin embargo, en el minuto 10, Morlock iba a recortar distancias para los alemanes y, a partir de entonces, iba a surgir un desconocido centrocampista teutón que se iba a convertir en verdadera leyenda de su país: Helmut Rahn.

El centrocampista alemán consiguió el empate en el minuto 18 de partido, lo que daba verdadera vida a su selección. Y cuando el partido expiraba, en el minuto 84, Rahn conectó un excelente disparo que superó a Grocics para dar la victoria a Alemania Federal. El conjunto germano había dado la sorpresa y se había llevado la victoria ante los claros favoritos en un encuentro recordado como 'El milagro de Berna’. Este choque, además, sería recordado por poner en uso uno de los grandes descubrimientos del fútbol moderno: sobre un césped embarrado por las lluvias, los alemanes decidieron usar las zapatillas de Adi Dassler, creador de Adidas, que permitían el uso de tacos de distinta longitud, dando mayor agarre a los jugadores, lo que iba a marcar el resultado final.

El trofeo de campeón del mundo sería recogido por otra leyenda del fútbol alemán, Fritz Walter. El germano se vio obligado a alistarse al ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial, pero pronto fue hecho prisionero de guerra. Confinado en un campo de concentración, Walter, por su calidad, fue un privilegiado, jugando al fútbol junto a los soldados húngaros y soviéticos que custodiaban a los prisioneros. Cuando el jugador teutón iba a ser trasladado a un Gulag, uno de los soldados le salvó la vida, al asegurar que era austríaco y no alemán. Este hecho le hizo salir con vida del campo de concentración. Años más tarde, sería el encargado de levantar la copa que convertía a Alemania Federal en la nueva campeona del mundo.

 

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