Es imposible competir peor: el drama del Real Madrid lo resume la media hora de Huijsen
Enésima derrota del Real Madrid en la temporada, la cuarta de Arbeloa en 12 partidos, que confirman que el equipo no funciona, no rinde y que no existe ninguna mejora en el juego
Dean Huijsen atraviesa un momento muy gris. (AFP7)
Vergüenza es la palabra que más se escuchó este lunes en el Santiago Bernabéu. El Real Madrid, en el enésimo partido dantesco de la temporada, se vio superado en absolutamente todas las facetas por un Getafe que pelea por no descender (0-1), desnudando todas las carencias del equipo. En un encuentro digno de poner en todas las escuelas de fútbol para enseñar a los niños y niñas qué no se debe hacer si quieres ganar un partido, el Madrid se pegó un nuevo tiro en el pie.
Una vez más, el equipo de Álvaro Arbeloa saltó al césped con esa soberbia que le impide ser competitivo. ¿Por qué? Porque muchos jugadores piensan que con la camiseta ya se ha ganado el partido y ni mucho menos es así. Cuando el Madrid juega en casa ante un rival teóricamente inferior, el guion siempre es el mismo, pero parece que nadie lo aprende. Los blancos tienen la posesión, el equipo contrario defiende en bloque bajo... y las posesiones son inofensivas.
¿Problema? Que el Madrid soba el balón el 70% del tiempo, pero sin peligro ninguno. Nadie se mueve sin el esférico, todo el mundo la quiere al pie, todos los ataques son previsibles y el jugador no busca dar soluciones al compañero, sino desaparecer del foco y evitar las iras de la grada. Nadie asume responsabilidades, nadie quiere salir en la foto. Solo Thiago Pitarch ofreció algo diferente, con esfuerzo físico, pelea, lucha, movilidad y tratando de superar líneas en un Madrid estático.
Como no existe profundidad, ni desmarques a la espalda, ni se mueve al equipo rival con velocidad, la manera de defender al Madrid es muy sencilla. Líneas muy juntas, poner el cebo a los blancos para que terminen jugando con Vinícius y, una vez ha llegado el balón al brasileño, tres jugadores encima de él. Todo el mundo sabe que va a intentar la jugada más difícil, individual a ser posible, para aparecer en los highlights. Encontrar la mejor solución para el equipo no es la prioridad.
Eso va desgastando al equipo, porque Vinícius es la única solución que se encuentra en ataque. La oportunidad más clara en la primera parte fue suya, tras un robo en presión alta —¡oh, milagro!— de Thiago Pitarch, el único que parecía que tenía piernas y alma ante el Getafe. Pero, en el mano a mano con David Soria, no acertó: la portería mide 7,32 metros; el portero puede ocupar dos metros como mucho. Saquen sus propias conclusiones sobre si el disparo está bien ejecutado.
Y, como viene siendo habitual, en una de las pocas opciones que se le concede al equipo rival, el Madrid recibe el mayor castigo. Golazo de Satriano al borde del descanso para condenar al Madrid al desastre. Nula reacción, escasas ideas del entrenador y las soluciones del banquillo no mejoran lo que hay en el campo. Pese a ello, tres claras ocasiones al limbo para tirar a la basura un partido más en el Bernabéu y quién sabe si la Liga. Los pitos del público bien lo sabían.
Hace no mucho tiempo, el Madrid había ganado 14 de 15 partidos, había derrotado al Barcelona y era líder destacado con 7 puntos de ventaja sobre el segundo. Pero el inexplicable enfado de Vinícius con aquel "me voy del equipo" lo dinamitó todo. El club se puso del lado del jugador, terminó echando tiempo después a Xabi Alonso y se cargó su propio proyecto. De aquellos polvos, estos lodos. Esto no es más que el resultado de una política de club a la deriva y descontrolada.
Esta es una de las mayores aberraciones futbolísticas que he visto en mi vida
Es imposible competir peor o tener menos ganas de llevarse tres puntos. Si un equipo quiere salir a perder, es incapaz de jugar de manera más triste y apagada, como si estuviera deseando que se acabara el partido para dedicarse a otros menesteres. Y el mejor resumen de todo lo que le pasa a este Real Madrid fue la gris media hora que tuvo Dean Huijsen sobre el césped. La mejor confirmación posible de que algo no funciona en este equipo es el internacional español.
Llegado al equipo como una verdadera revelación, tras triunfar en Juventus, Roma y Bournemouth, amén de titular indiscutible en la Selección, de repente parece que es incapaz de dar un buen pase a dos metros. Ya no hablamos de defender a campo abierto, de anticiparse a la jugada o de tener una buena lectura de partido. ¿Cómo un futbolista que venía de ser el jugador revelación parece que ha perdido toda la confianza del mundo? Alguien debería explicar este misterio.
Sin pólvora en ataque, sin un medio del campo que mueva rápido el balón, sin nadie que quiera el pase al espacio y sin un banquillo que mejore lo que hay sobre el césped, la solución fácil de Arbeloa fue cargarse a Thiago Pitarch el primero, a pesar de estar siendo el mejor del partido. El resto de la historia ya está contada: el Madrid tiene poco o nada a lo que agarrarse con este estilo, con estas ganas y con la actitud de muchos jugadores. Y eso que Pintus llegó para enchufarlos a todos...
Vergüenza es la palabra que más se escuchó este lunes en el Santiago Bernabéu. El Real Madrid, en el enésimo partido dantesco de la temporada, se vio superado en absolutamente todas las facetas por un Getafe que pelea por no descender (0-1), desnudando todas las carencias del equipo. En un encuentro digno de poner en todas las escuelas de fútbol para enseñar a los niños y niñas qué no se debe hacer si quieres ganar un partido, el Madrid se pegó un nuevo tiro en el pie.