La diferencia entre el efecto Matarazzo en la Real y los defectos de Arbeloa en el Madrid
Más allá de que el técnico estadounidense llegue al Bernabéu invicto, el cambio de cara que le ha dado al equipo donostiarra no tiene nada que ver con el maquillaje del salmantino
Rino Matarazzo, durante el derbi vasco en San Mamés. (EFE/Luis Tejido)
Nueve partidos invicto después, decir que Pellegrino Matarazzo ha caído de pie en la Real Sociedad resulta una obviedad. Sin embargo, más allá de los resultados, sin duda lo más importante, desde que el pasado 4 de enero se sentara por primera vez en el banquillo de Anoeta frente al Atlético de Madrid, el entrenador estadounidense ha cambiado radicalmente la dinámica del equipo donostiarra. Recuperando a varios futbolistas, revitalizando a todos y sobreponiéndose a las lesiones.
No era fácil recuperar futbolística y anímicamente a un equipo que, ya en la última temporada con Imanol, daba síntomas de estar agotado. Con 14 puntos de 18 sumados en Liga, el nuevo técnico txuriurdin ha vuelto a poner a la Real mirando a Europa. Sin olvidar que en la Copa está a un partido de la final de Sevilla, tras derrotar a Osasuna en octavos, al Alavés en cuartos y ganar 0-1 en Bilbao la ida de las semifinales contra el Athletic.
"No es el efecto Matarazzo, sino el efecto Real Sociedad", respondió el estadounidense tras el empate en el derbi vasco de Liga que debió acabar en victoria para su equipo. Sin embargo, las aportaciones de Rino para este cambio son más que evidentes. Cómo ha conectado con un vestuario que su antecesor, Sergio Francisco, por lo que fuera, no logró tener comprometido. Y lo mismo con la afición, que incluso le ha compuesto una canción.
Puede superar a Salva Iriarte y Juanma Lillo
Rino, como es conocido el hasta hace bien poco desconocido técnico de la Real, puede superar este sábado los 9 partidos que también permanecieron invictos dos entrenadores guipuzcoanos como Salva Iriarte, en 1994, y Juanma Lillo, en 2008. Claro que no lo tiene fácil, pues tras el desgaste del derbi copero del miércoles en San Mamés, rinde visita al Estadio Santiago Bernabéu, con un Real Madrid descansado y muy presionado.
Pellegrino Matarazzo, en Zubieta con todos sus jugadores. (EFE/Juan Herrero)
Este sábado Matarazzo tendrá en el banquillo rival a Álvaro Arbeloa, un técnico con mucha menos experiencia que él y de cuya interinidad nadie duda, por más que sea "el pelota del presidente", como señaló a este diario un reconocido —más que conocido— entrenador como Jesús Cuadrado. El hasta hace poco técnico del Castilla debutó con derrota contra el Albacete en la Copa, mientras que en la Champions perdió en la visita al Benfica, lo que a su equipo le supuso caer del Top 8.
Eso sí, en este periodo el Real Madrid ha ganado los cuatro partidos de Liga que ha disputado, lo que le ha permitido no perder la estela del FC Barcelona. Además, en la Champions goleó 6-1 al Mónaco. Un resultado tras el que se llegó a decir que Arbeloa había superado "el mal rollo" y su gestión había contribuido a "cambiar la dinámica negativa del equipo".
El Benfica le devolvió a la cruda realidad
Sin embargo, la derrota por 4-2 contra el Benfica de Mourinho y, sobre todo, la forma de hacerlo, devolvió al neófito entrenador blanco a la casilla de salida. Por más que haya ganado cinco de sus siete partidos, el equipo sigue transmitiendo sensaciones incluso peores que cuando estaba Xabi Alonso. La excusa de la preparación física a la que Arbeloa se aferró tras perder en Albacete solo valió para justificar la vuelta de esa especie de druida que es Antonio Pintus.
El ambiente en el vestuario del Real Madrid es ahora mejor, precisamente por la complacencia de un entrenador puesto para estar al servicio de los futbolistas y no, como ingenuamente pretendió Xabi Alonso, ponerlos al servicio del equipo. Aunque tácticamente el conjunto blanco es un desastre. Sin esa pieza en el centro del campo que dé criterio al juego, si bien con Courtois y Mbappé, los mejores del mundo en sus respectivos puestos, a veces le llega para sacar adelante los partidos.
Álvaro Arbeloa, en un entrenamiento en Valdebebas. (EFE/Sergio Pérez)
Cierto es que para un entrenador no supone lo mismo gestionar un vestuario como el del Madrid, donde las individualidades están por encima del equipo, que otro como el de la Real, donde los egos ocupan menos espacio. Aunque, por contra, tiene futbolistas de más nivel, como queda reflejado en sus astronómicas fichas. Con decir que, según el diario A Bola, Fayza Lamari, madre y representante de Kylian Mbappé, cobra 4,5 netos al año. Es decir, más que cualquier jugador de la Real.
A la hora de analizar el efecto Matarazzo en la Real y los defectos de Arbeloa en el Madrid, hay que diferenciar entre lo que significa estar comprometido o simplemente involucrado. El estadounidense ha logrado cambiar la cara a un equipo que había dejado de creer y, como consecuencia, de correr. Basta con ver los datos ofrecidos por LaLiga para ver cómo el equipo donostiarra es el que más esfuerzos de alta y muy alta intensidad realiza.
Por su parte, lo del salmantino ha sido hasta ahora un simple maquillaje. Tener contentos a los Vinícius, Bellingham, Valverde o Mbappé está muy bien, y es lo que parece que se le pide. Pero lo importante, por más que el Madrid muchas veces gane sin funcionar como equipo, es que todos sus futbolistas estén comprometidos, y no solo involucrados. "A mí no me aburre ver videos y trabajar la táctica, al revés, me gusta", dijo hace unos días el realista Carlos Soler. ¿Les suena?
Para explicar la diferencia, podemos recurrir a la parábola protagonizada por un cerdo y una gallina. Ambos deciden abrir un restaurante y la segunda propone que uno de los platos sea huevos con jamón, a lo que el primero responde: "Espera, amiga gallina. Para ti, poner huevos es estar involucrada en el negocio, pero para mí, dar el jamón significa estar completamente comprometido". Pues eso, que en el fútbol no siempre basta con huevos, sino que también hace falta jamón.
Nueve partidos invicto después, decir que Pellegrino Matarazzo ha caído de pie en la Real Sociedad resulta una obviedad. Sin embargo, más allá de los resultados, sin duda lo más importante, desde que el pasado 4 de enero se sentara por primera vez en el banquillo de Anoeta frente al Atlético de Madrid, el entrenador estadounidense ha cambiado radicalmente la dinámica del equipo donostiarra. Recuperando a varios futbolistas, revitalizando a todos y sobreponiéndose a las lesiones.