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Otro wéstern en el Bernabéu: el tiro en el pie de Xabi, un equipo sin pólvora... y el pistolero final
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ANÁLISIS

Otro wéstern en el Bernabéu: el tiro en el pie de Xabi, un equipo sin pólvora... y el pistolero final

Nueva derrota del Real Madrid para alejarse del liderato, en un encuentro donde volvió a regalar una hora de partido y que, cuando se lanzó a remontar, no pudo hacerlo por su incapacidad para encontrar con garantías la portería del equipo rival

Foto: Momento en el que el colegiado comienza a amonestar y expulsar a jugadores del Real Madrid. (EFE/Chema Moya)
Momento en el que el colegiado comienza a amonestar y expulsar a jugadores del Real Madrid. (EFE/Chema Moya)
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Pues no, el problema no era jugar fuera del Bernabéu. Después de seis partidos consecutivos en el exilio voluntario para poder albergar la Superbowl en su feudo, el Real Madrid regresaba al templo blanco ante el Celta de Vigo. Volvía a casa, a su zona de confort, a su lugar seguro. Pero en el enésimo partido similar que juega el equipo en las dos últimas temporadas, con un guion que el aficionado ya tiene más que aprendido, la película salió mal. Hubo un wéstern y el muerto fue el de casa.

El Real Madrid, después de varias salidas sufriendo (Rayo, Elche y Girona), parecía enterrar esa crisis de juego y resultados con una importante victoria ante el Athletic. Era el momento de volver a casa para volver a pelear por tres puntos en un estadio donde sumaba todo por victorias en la presente temporada. Pero un gran Celta de Vigo (0-2) sorprendió a los blancos que, desquiciados, fueron incapaces de ganar el partido y, lo que es peor, acumularon una nómina de bajas excesivamente amplia.

Foto: real-madrid-celta-bernabeu-xabi-claudio

Como suele ser habitual en este tipo de partidos, donde el Madrid se ve muy superior al rival, volvió a regalar la primera hora. En lugar de lanzarse al ataque, jugar profundo y buscando la portería de Radu con paciencia, calidad e inteligencia, el equipo blanco se dedicó a sestear, a esperar que apareciera una oportunidad por calidad individual y a tratar de que pasara el tiempo sin ningún plan de juego. Y, como suele ser común en estos casos, el que juega al empate termina perdiendo.

En la primera clara que tuvo el Celta, una ocasión que el Real Madrid suele conceder siempre en los primeros compases de la segunda parte, Williot Swedberg no perdonó. Y a partir de ahí, como ya es costumbre, a correr. Al equipo blanco le vuelven a entrar las prisas solo cuando va perdiendo y es entonces cuando empieza a pelear, a presionar, a jugar a algo más que a pasar balones en estático y a cargar el área. La pregunta es: ¿por qué no se hace esto desde el primer minuto?

placeholder Si Mbappé no ve portería, los partidos se complican. (David Canales/DPA)
Si Mbappé no ve portería, los partidos se complican. (David Canales/DPA)

Pero esta vez, la película no salió bien y el wéstern que comenzó a tener lugar en el césped se le atragantó al Real Madrid. Y es que el conjunto blanco se volvió a pegar un tiro en el pie, especialmente un Xabi Alonso que, por no enfadar a sus estrellas, volvió a confeccionar un equipo que tuvo que ir retocando en busca de soluciones... hasta que la expulsión de Fran García lo dinamitó todo. El mensaje de Asencio jugando de lateral era la clave para entender lo que iba a pasar.

El canterano, que nunca se ha negado a jugar en esa posición, no es el más hábil cuando juega en la derecha y el equipo lo nota. Pero su desplazamiento a la banda obligó a colocar a Carreras como central. O, dicho de otra manera, por no molestar a Valverde, el tolosarra movió a otras dos piezas en la defensa. Pudo corregir el tiro por la desgraciada lesión de Militao, pero en lugar de dar entrada a un centrocampista y reorganizar piezas, apostó por dar entrada a un Rüdiger entre algodones.

Cuando no hay pólvora...

Xabi Alonso se dio un tiro en el pie y lo hizo por no volver a crear un problema con la plantilla. Pero el sheriff debería serlo siempre y demostrar quién manda no está mal de vez en cuando. Y de esos polvos... porque cuando el Madrid encajó el primer gol y tocaba de nuevo remontar, Fran García cometía dos estúpidas faltas con un minuto de diferencia que le costaban la roja. Más difícil todavía. La tuvo Mbappé en una vaselina que no encontró portería y un cabezazo de Gonzalo. Poco más.

El equipo, carente de pólvora, sabía que iba a tener que pelear de lo lindo si quería remontar el partido, pero faltaba un pistolero por aparecer, un tal Alejandro Quintero que quería su cuota de protagonismo en el partido. El festival comenzó con una amarilla a Bellingham por regresar al campo mientras se cambiaba la camiseta, la misma que se había tenido que quitar por sangrar tras un manotazo que ni se revisó (¿se acuerdan de la expulsión de Cabrera con Yamal?). Acababa de empezar.

placeholder Xabi Alonso, dando indicaciones a sus futbolistas ante el Celta. (AFP7)
Xabi Alonso, dando indicaciones a sus futbolistas ante el Celta. (AFP7)

Tras varias correcciones del lugar de inicio de una jugada, iba a expulsar a Carrera por dos desconsideraciones y el festival no iba a esperar: varias amarillas y otra roja más, a Endrick, para redondear su tiroteo desde el centro del campo. Un dato habla por sí solo: 6 faltas hizo el Madrid en todo el partido, por 12 del Celta: 7 amarillas y 3 rojas recibieron los blancos, por una amonestación de los vigueses. Y llegaría el segundo gol de Williot que sentenciaba el partido.

"Nos han desquiciado las decisiones del árbitro. La tarjeta a Álvaro es muy discutible, se la ha sacado con muchas ganas", explicaba Alonso. Posiblemente tenga toda la razón, pero el colegiado no es el que pone el once, no ordena a sus jugadores, ni hace los cambios. Tampoco el que insufla actitud a una plantilla que es ciclotímica o el que debe de encontrar la portería rival. El wéstern del Bernabéu tuvo un muerto y volvió a ser el de casi siempre en las últimas semanas.

Pues no, el problema no era jugar fuera del Bernabéu. Después de seis partidos consecutivos en el exilio voluntario para poder albergar la Superbowl en su feudo, el Real Madrid regresaba al templo blanco ante el Celta de Vigo. Volvía a casa, a su zona de confort, a su lugar seguro. Pero en el enésimo partido similar que juega el equipo en las dos últimas temporadas, con un guion que el aficionado ya tiene más que aprendido, la película salió mal. Hubo un wéstern y el muerto fue el de casa.

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