El colmillo del Barça es Raphinha: la lección del capitán (de la que debe aprender el Madrid)
El brasileño volvió a ser el futbolista que marca las diferencias en el conjunto azulgrana, siendo la extensión del entrenador sobre el césped y contagiando al resto de compañeros
Raphinha celebra su gol ante el Atlético de Madrid. (Matthieu Mirville/DPA)
El Barcelona consiguió una importantísima victoria en el Camp Nou (3-1) que le permite seguir como líder de la Liga, en un partido donde volvió a tener que remontar, en este caso ante el Atlético de Madrid, pero donde mostró una realidad: cuando el equipo corre, es muy difícil de ganar. En los últimos meses, el Barça ha contado con varias bajas importantes que han mermado al equipo, pero hay un jugador en concreto al que ha echado mucho de menos Hansi Flick.
Es evidente que Pedri es el gran dinamizador de juego del conjunto culé y que, con el canario sobre el césped, el fútbol es más fluido, efectivo y fino. Es el que da sentido al juego, entiende lo que necesita el partido en todo momento y cuál es el mejor camino para llegar a la portería contraria, generando la ocasión más clara posible. Pero hay un futbolista que, sin aportar esas mismas cualidades sobre el césped, todavía extraña mucho más el equipo cuando no está: Raphinha.
El brasileño se ha convertido en un futbolista capital de este Barcelona. Su papel es fundamental para el equipo, pues, sin ser uno de los jugadores de más calidad, ha confirmado que es imprescindible. Su capacidad para pelear, luchar, recuperar balones en todo el campo, tirar continuos desmarques a la espalda de la defensa y dinamizar el ataque con y sin balón, son elementos básicos que marcan la diferencia. Pero, además, es un líder que muestra el camino con su ejemplo.
El Barça no empezó demasiado bien el partido, donde el Atlético parecía que le tenía cogida la manera para hacerle daño. Especialmente en ese último pase, donde Julián Álvarez estiraba a la línea defensiva para que, en un engaño de trilero, el medio del campo no le mandara el balón al espacio al argentino, sino a Álex Baena. El internacional español aprovechaba continuamente cómo el 19 empujaba a la zaga rival para romper el fuera de juego en otra zona del campo.
De hecho, en una jugada similar, se adelantó el Atlético e, incluso, tuvo un par de ocasiones más para aumentar su ventaja. Pronto, Raphinha entendió cuál era el problema: la presión no estaba siendo efectiva. Cuando un equipo quiere jugar con la línea defensiva adelantada sin que sea un suicidio, necesita que el resto del equipo apriete en la salida rival. Primero, los delanteros tienen que evitar que la defensa rival juegue cómoda y, después, la médula, cerrar los lanzamientos a su espalda.
Y el Barça no lo estaba haciendo bien. Fue entonces cuando Raphinha demostró por qué lleva la banda de capitán en su brazo: no es un simple trozo de tela para determinar quién hace el sorteo de campo o quién puede dialogar con el árbitro. Es una cuestión de personalidad, de ser un ejemplo para los compañeros y de que le respeten. Ante el Atlético, lo demostró una vez más: cuando peor estaba el Barça, su arranque de furia hizo que el equipo reaccionara.
"Me encanta Raphinha, juega de todo...". "No sé cómo no ganó el Balón de Oro...".
Viendo lo que sucedía, decidió comenzar a presionar como si no hubiera mañana. Lo hizo una vez, lo hizo dos... y, a la tercera, estalló. En vista de que era el único que lo hacía, no tuvo problema en reprender a sus compañeros. Con gritos y gestos ostensibles hacia sus jugadores, no tuvo reparo en pedirle a Lewandowski y, especialmente, a Lamine Yamal, mucha más implicación en la presión. Y, por si fuera poco, no tardó en ser el autor del gol que empataba el partido.
Los compañeros no tardaron en seguirle y la presión del Barça se intensificó. Los esfuerzos de Raphinha sirvieron, una vez más, de ejemplo a sus compañeros de cómo se ganan los partidos. El afectuoso abrazo de Hansi Flick cuando dejaba el campo en el minuto 74, similar al que le dio en el banquillo hace unos días, confirma que es el jugador en el que confía para ejecutar sus órdenes sobre el terreno de juego. La extensión del entrenador al que todos siguen en el campo.
Raphinha, peleando un balón con Barrios. (EFE/Enric Fontcuberta)
"No tengo ni idea de cómo Raphinha no ganó el Balón de Oro el año pasado. Es un jugador increíble. Puede jugar en todas partes: de extremo, de centrocampista, de delantero o incluso de carrilero. Puede marcar, crear, presionar y correr. Me encanta Raphinha", explicaba Diego Simeone al término del partido, elogiando la labor del brasileño. Es el futbolista diferencial del equipo, el que contagia a los compañeros y hace que este Barcelona sea mucho más peligroso.
El ejemplo de Raphinha es el mejor para el Barcelona... y para el Real Madrid. Y es que el conjunto blanco, que sigue sin entender por qué se deja puntos de manera habitual cada vez que juega como visitante, tiene la mejor explicación en el puente aéreo. Para ganar, no basta con la calidad. Hay que correr, sacrificarse y trabajar. De otra manera, los puntos se esfuman. Raphinha lo sabe y dio, una vez más, un ejemplo de lo que hay que hacer para ganar. Es el colmillo de este Barcelona.
El Barcelona consiguió una importantísima victoria en el Camp Nou (3-1) que le permite seguir como líder de la Liga, en un partido donde volvió a tener que remontar, en este caso ante el Atlético de Madrid, pero donde mostró una realidad: cuando el equipo corre, es muy difícil de ganar. En los últimos meses, el Barça ha contado con varias bajas importantes que han mermado al equipo, pero hay un jugador en concreto al que ha echado mucho de menos Hansi Flick.