Es noticia
Menú
Lendoiro: "A Fraga le iban más rápido las ideas que las palabras"
  1. Deportes
  2. Fútbol
Entrevista al expresidente

Lendoiro: "A Fraga le iban más rápido las ideas que las palabras"

53 años estuvo en la presidencia, desde que comenzó con 15 en el Ural hasta que se retiró con 68. Durante su mandato, llegaron los mejores años de la historia del Deportivo

Foto: Augusto César Lendoiro, expresidente del Deportivo de La Coruña. (EFE/Cabalar)
Augusto César Lendoiro, expresidente del Deportivo de La Coruña. (EFE/Cabalar)
EC EXCLUSIVO Artículo solo para suscriptores

El Deportivo era un equipo más, que deambulaba entre la Primera y la Segunda División en 1992. Habían logrado la permanencia en la máxima categoría en la promoción ante el Betis. Los aficionados no estaban ilusionados con el equipo. Seguramente, porque desconocían el plan que preparaba Augusto César Lendoiro (Corcubión, La Coruña, 1945).

El histórico presidente del Deportivo estuvo 26 años en el cargo. Antes ya había pasado por el Ural (equipo de barrio) y por el Liceo (equipo de hockey). Le pidieron, por favor, que cogiera al Depor en 1988. Habría que hacerle un gran homenaje a los que tuvieron esa idea, porque con él llegaron los mejores años futbolísticos en La Coruña.

Bajo su mandato llegaron a La Coruña jugadores como Bebeto, Mauro Silva, Makaay, Rivaldo, Djalminha… Y la lista es aún más larga. Para lograr esos fichajes, utilizó siempre la misma táctica. Como buen trasnochador que era, alargaba las cenas hasta que se cerraba la negociación. Sus rivales supieron sus planes y optaron por la siesta para jugar en igualdad de condiciones. Aquello, sin embargo, no afectó a Lendoiro y a su estrategia. Actualmente, escribe sus memorias y quiere unificar al fútbol en Ourense.

*****

PREGUNTA. ¿A qué se dedica ahora Augusto César Lendoiro?

RESPUESTA. Sigo bastante vinculado a todo el tema futbolístico. Cuando dejé la presidencia del Deportivo, fui embajador de LaLiga. Sin embargo, me destituyeron cuando ocurrió la desgracia de Jimmy (seguidor del Deportivo que fue asesinado cerca del Manzanares). Yo fui a su entierro y eso no le gustó a Tebas. El entierro fue discreto y creí oportuno ir. Actualmente, escribo artículos de actualidad, voy a conferencias en foros de universidad y estoy escribiendo mis memorias. Como las escribo yo, sin otro tipo de ayuda, pues voy con cierta calma. Además, también estoy colaborando en la unificación del fútbol en Ourense.

P. ¿Cuánto le queda de esas memorias?

R. Espero terminarlas en unos meses para publicarlas de una vez. No obstante, siempre me acuerdo de muchas cosas y las apunto. Tengo que organizar más de 500 páginas de apuntes importantes para no volver loco al lector.

P. ¿Le queda algo por contar o ya lo ha contado todo?

R. Por supuesto que me quedan muchas cosas por contar. Y algunas que ya conté, pero que se perdieron. Hace un par de días, periodistas de Producciones del Barrio me entrevistaron para una serie que van a emitir sobre los presidentes de los 90. Estuvieron tres días conmigo. Las memorias, sin embargo, es un asunto más detallado porque soy una persona que ha estado vinculado a la presidencia de algún club desde los 15 años (en el Ural) hasta los 68 (en el Deportivo).

P. ¿Sigue sin acostarse antes de las dos o tres de la mañana?

R. Sí, sí, efectivamente (risas). Aprovecho esas horas porque precisamente son momentos de tranquilidad en los que escribo, pienso… Durante esos momentos, tengo la tranquilidad de que no suena el teléfono.

P. No sé si usted ha disfrutado de la noche tanto como 'Mágico' González.

R. Toda la vida me he acostado muy tarde. La diferencia es que ahora sí duermo al menos siete u ocho horas. Antes, sin embargo, no podía porque me tenía que levantar a las siete u ocho de la mañana. Había muchas cosas por hacer. Más aún si eras un tipo pluriempleado nato como yo, que trabajé para alimentar a mis seis hijos. Eso es lo que me obligó a dormir pocas horas durante la semana y a recuperar algunas el fin de semana.

placeholder Augusto César Lendoiro conversa por teléfono. (EFE/Cabalar)
Augusto César Lendoiro conversa por teléfono. (EFE/Cabalar)

P. ¿Por qué le sedujo más la dirigencia que, por ejemplo, los banquillos o el terreno de juego?

R. Yo hice de todo cuando era joven. Fui capitán del juvenil del Deportivo, fui entrenador y utillero del Ural… Yo no era solo el presidente. Aquel equipo no se quedó en uno de barrio porque fue muchas veces campeón de Galicia y participó en los Campeonatos de España. También fui árbitro. Esa faceta la desarrollé especialmente cuando estuve en la facultad, porque pité muchísimos partidos amistosos entre colegios mayores y facultades.

"Yo hice de todo: fui árbitro, utillero, entrenador, presidente..."

P. A la vez que dirigente, usted fue profesor de Empresariales y Económicas en la universidad. ¿Qué tipo de docente era?

R. Yo di clases en la universidad de algunas asignaturas de Derecho y especialmente en Empresariales. De hecho, fui adjunto al catedrático. También ejercí durante muchos años la abogacía, aunque luego me volqué profesionalmente en el colegio Liceo La Paz de La Coruña cuando fui su director. Es un centro muy importante, que tiene 3.000 alumnos. Ahí surgió el Liceo (equipo de hockey sobre patines), campeón de España, de Europa y del mundo muchas veces. Yo fui su fundador y luego presidente. En realidad, fue mi primer salto importante al deporte de alto nivel. Al haber hecho tan buena gestión en el Liceo, me presionaron para que fuera el presidente del Deportivo.

P. Ha hablado del equipo del Liceo y del Deportivo. ¿Había alguna semejanza entre el fútbol y el hockey en la gestión?

R. Hay similitudes porque la gestión es parecida. La gran diferencia es que el fútbol estaba cargado de millones. Yo en eso no tenía mucha experiencia, a pesar de llevar desde los 15 años como presidente, porque había ido puerta por puerta pidiendo dinero para subsistir. Ese salto fue un cojín sobre patines. También fui presidente de la Federación de Balonmano. De hecho, he practicado prácticamente todos los deportes. Fui el primer secretario general de Deportes en Galicia, en el primer mandato de Manuel Fraga. Y fui el que escribí 'El libro blanco del deporte' y 'El Libro blanco de la juventud'.

P. ¿Es tan fea la política desde dentro como parece?

R. Es mucho más que fea. Yo estuve 12 años intensos en la vida política porque fui presidente de la Diputación de La Coruña, además de senador y diputado en Madrid. Voluntariamente, dejé los dos cargos. Debe haber españoles contados que lo hayan hecho.

P. Trabajó con Fraga. ¿Lo entendía cuando hablaba?

R. Cada vez hablaba más rápido y más y más (risas). Le iban más rápido las ideas que las palabras. Era impresionante su preparación en todos los aspectos. Además de dominar todo el mundo de la política, hablaba cuatro o cinco idiomas. En aquella época había grandísimos políticos y hemos ido para atrás de forma verdaderamente vertiginosa.

placeholder Manuel Fraga, en el primer congreso de Alianza Popular. (EFE)
Manuel Fraga, en el primer congreso de Alianza Popular. (EFE)

P. ¿Alguna semejanza entre fútbol y política?

R El fútbol es mucho más difícil que la política. En política, te presentas cada cuatro años. Esos son los partidos importante. En el fútbol, en cambio, tienes cada cuatro días. ¿Cuántos políticos irían al palco de su estadio para un partido importante cuando las cosas no le van bien?

"Cuando me ofrecieron la presidencia, tenía todos los problemas del mundo"

P. Nacho Carretero escribió: "Ser de un equipo es como una conga: es muy fácil entrar, pero es muy difícil salir". ¿Es peor en el caso del Deportivo?

R. Efectivamente. El fútbol fue una vocación para mí porque aprendí a leer con 'Marca' y a los 15 años ya era presidente de un club. Durante 53 años estuve dedicado a él y finalmente se convirtió en mi profesión. Es un sentimiento excepcional que quiero transmitir a los demás. A mí me obligaron casi a ser presidente del Deportivo. En aquel momento tenía todos los problemas del mundo, pero no me quedó más remedio en el buen sentido de la palabra.

P. ¿Desde el principio pensó que podía formar un equipo campeón?

R. Sí, sí, sí. ¿Esa fue la razón por la que me llamarón, no (risas)? La gente no pensaba eso. Cuando ascendimos a Primera en 1991, llevábamos 19 años sin estar en la categoría. En aquel momento, desde el Palacio de María Pita, ante 30.000 personas, dije: "Barça, Madrid, ya estamos aquí". Aquello se lo tomaron a risa. A los dos años, estuvimos cerca de ganar la Liga porque fuimos terceros. Y una primavera después, fue el penalti de Djkuic.

P. Explíqueme cómo un equipo que peleó por el descenso el año anterior fichó a Bebeto y Mauro Silva.

R. Eso fue en 1992, cuando apenas quedaban unos días para la constitución de las sociedades anónimas deportivas (SAD). El 30 de junio, finalizó el plazo y depositamos los 387 millones de pesetas (2’32 millones de euros) que pidieron. Sin embargo, nosotros recaudamos 400 (2’4). Esa diferencia la destinamos a fichar a Bebeto y a Mauro Silva, unos fichajes en los que nadie confió. Fueron dos grandes profesionales en todos los aspectos, no solamente en el deportivo. El salto de calidad con ellos fue extraordinario.

P. A Bebeto lo quiso el Barcelona y usted le dijo: "Si dejo que te vayas, nos tenemos que ir ambos de España". ¿Cómo fue eso?

R. La gente hablaba de que lo quería uno u otro equipo, pero a mí no me llegaban las ofertas. No sé si es porque tenía fama de duro negociador. Quizá hablaban con el propio jugador o sus representante. Es cierto es que seguramente me comentó que tenía esa oferta. Y es muy probable que le dijera eso, aunque no me acuerdo.

placeholder Bebeto, en el sorteo del Mundial. (EFE/Noushad Theyakil)
Bebeto, en el sorteo del Mundial. (EFE/Noushad Theyakil)

P. Usted tuvo vestuarios fiesteros. No sé si despertó a Arsenio o a Irureta como Lopera hizo con Juande Ramos.

R. Había jugadores fiesteros, pero luego rendían en el campo. El fútbol se escribe con b de Brasil porque es un espectáculo. Es el balompié de la samba, el que le gusta al espectador y le entra por los ojos. Y provoca que vayan al estadio. Me quedé con ganas de ver más a un brasileño, Djalminha, jugar junto a Valerón. Eran dos talentos de tal magnitud que hubiese sido una gozada verlos en su plenitud.

"Le dije a Djalminha que a ver si demostraba de una vez que era el mejor"

P. ¿Qué tal con Djalmina? Parecía que solo jugaba con ganas frente al Madrid, Barcelona y al Celta.

R. Claro, a él no lo mandases a jugar a Valladolid en pleno invierno. A mí muchas me decía: "Presidente, soy un crack, el mejor del mundo". Y yo le respondía: "A ver si lo demuestras de una puñetera vez". Efectivamente, las cosas que hacía no las imitaba nadie. Era sinónimo de gran espectáculo y valía la pena pagar la entrada para verlo en esos partidos.

P. Usted puso en práctica el capitalismo popular (repartir las acciones entre los socios). ¿Cree que tendrían que haberlo emulado el resto de equipos?

R. La primera pregunta que nos hicimos cuando llegó al conversión fue: ¿de quién es el club? El club era de los socios y queríamos que siguiera así. Por eso la propiedad recayó en ellos, porque había que devolverles el club. No obstante, había que recoger casi 400 millones de pesetas. Llegamos a tener 25.000 accionistas y lo bauticé como capitalismo popular porque todos éramos dueños de una parte.

P. ¿Por qué ya no hay presidentes como los de esa época?

R. Aquello era un espectáculo. Estábamos Jesús Gil, Manolo Lopera, José María Caneda, Mendoza, Ruiz Mateos, Paco Roig… Ahora es todavía peor porque están los jeques, los indios… Fue una época fenomenal del fútbol a nivel de presidentes. Es llamativo que nos sigan recordando todavía.

P. El entrenador del Superdepor era Arsenio Iglesias. ¿Por qué acabaron mal ustedes dos?

R. Más que acabar mal, él tomó la decisión de marcharse. Él se lo comentó a los periodistas antes de que se disputara un encuentro. A mí nunca me dijo nada y estuve uno o dos meses esperando. Entonces, para no estar sin entrenador a última hora, me puse a buscar un sustituto. Eso no le gustó y la relación se deterioró.

placeholder Arsenio en el homenaje que le hicieron en Riazor. (EFE/Cabalar)
Arsenio en el homenaje que le hicieron en Riazor. (EFE/Cabalar)

P. La primera gran noche del deportivismo se frustró por el penalti de Djukic. ¿Cómo recuerda ese día?

R. Como una enorme desgracia. Eso no ocurre en ninguna empresa: en un minuto pasamos de ser campeones de Liga y jugar la Copa de Europa, con todo lo que suponía a nivel económico, a ser segundos y jugar la UEFA. Por eso siempre dije que un club es mucho más que una sociedad anónima.

"Arsenio tenía que haberles preguntado quién tenía el valor de tirar el penalti"

P. Algunos no entienden por qué no tiró Bebeto aquel penalti.

R. Era el sistema que tenía establecido Arsenio. El primero en lanzarlos era Donato, que salió del campo diez o 15 minutos antes del penalti. Fue un cambio raro que nadie entendió. El segundo era Djukic porque Bebeto era el tercero o el cuarto. En ese penalti, tendría que haber llamado Arsenio a todos y preguntarles quién tenía el valor de tirarlo. Quizá López Rekarte era el que tenía personalidad para lanzarlo porque era un hombre de temperamento. Podría haber metido al portero en la portería o haberle dado a la señora que estaba tomando el sol en la playa.

P. La reacción de González levantó suspicacias.

R. Suspicacias no. Confirmó que, efectivamente, el Barça había primado a los jugadores del Valencia. No solamente lo hicieron en ese partido, también con muchos otros equipos en los partidos anteriores de la segunda vuelta. Eso sí, reconozco que la segunda vuelta que firmó el Barcelona fue espectacular.

P. Usted utilizaba cenas hasta altas horas de la madrugada para hacer los fichajes. Supongo que algunos le pillarían el truco…

R. Como algunos ya la conocían, se echaban una siesta en el hotel antes de que nos sentáramos a negociar. Para mí, en cambio, era algo natural porque lo hacía muy a menudo. Si tenía que estar más horas, lo aguantaba bastante bien. Ese hábito no lo perdí nunca. Eso lo aprendieron los contrincantes, que se preparaban para la noche.

P. En 1995 llegó el primer título de la historia del club (Copa del Rey). ¿Sintió que había tocado techo?

R. No, no, no. Nosotros siempre decíamos que España nos debía una Liga, que no conseguimos hasta el 2000. Precisamente, ese año fue el primero en el que me convertí en profesional del Deportivo. Desde el 2000, estuve dedicado en exclusiva al club. Y salió bastante bien. Fuimos campeones de Liga y jugamos cinco años seguidos la Champions. Tiene gracia cuando algunos dicen que la Europa League de ahora es la UEFA de antes. Nada de nada.

placeholder Javier Irureta, en una imagen de archivo. (EFE/Esteban Cobo)
Javier Irureta, en una imagen de archivo. (EFE/Esteban Cobo)

P. Desde que se fue Arsenio, pasaron una serie de entrenadores hasta que llegó Irureta. ¿Eran perfiles similares?

R. Sí, en algunos de ellos. Tenían conceptos similares, aunque la diferencia de edad también jugaba en ese aspecto. Ambos encajaron bien en la idiosincrasia del club porque eran hombres sencillos. Y el Deportivo era un club humilde. Pero orgulloso de lo que era y de lo que podía conseguir. Nosotros nunca nos creímos más de lo que éramos ni muchísimo menos; nunca pensamos que el Deportivo podría aspirar ser mínimamente cercano a un Madrid o Barcelona. Teníamos que ser modestos y sensatos a la hora de tomar decisiones.

P. Por el Deportivo también pasó Rivaldo, jugador que el Barça le arrebató el último día del mercado. No sé si se lo perdonó a Gaspart.

R. En el fútbol se perdona todo. Los jugadores dicen que las cosas quedan en el campo y ocurre igual en los despachos. El fichaje de Rivaldo fue una casualidad porque no estaba ni pensado por parte de ellos. Nos hicieron una oferta brutal (los 24 millones de la cláusula) y no nos quedó más remedio que aceptarla. Eso nos dejó tocados porque ese equipo estaba para pelear por el título. Sin embargo, tuvimos dificultades hasta diciembre.

Foto: Joan Gaspart, en su despacho en el centro de Barcelona. (David Brunat)

P. La Liga llegó en el 2000.

R. Sí, ese fue el título más importante. Si me hubiera marchado tras aquello, me hubiera perdido cinco años increíbles en la Champions. Disfruté muchísimo la Liga porque pensé que luego vendrían tiempos difíciles. El fútbol te enseña a ganar y a perder.

P. Otra gran noche fue 'El Centenariazo'. La noche previa a la final, en la radio, Florentino dijo: "Los madridistas disfrutaremos de un gran día". Y usted respondió: "Eso es. Nosotros disfrutaremos de la noche".

R. Sí, sí (risas). Ese título quedará para la historia del fútbol mundial. Por un lado, era el centenario del Real Madrid. Por otro, el de la Copa del Rey. Los chavales de La Coruña cantan, con acierto: "Esa Copa que 1.000 años durará". Esa es la verdad. Le ganamos al Madrid, el mejor equipo del siglo anterior, en su estadio. Yo siempre distingo entre el título más importante de la historia del Deportivo (la Liga) y el partido más importante, 'El Centenariazo'.

P. ¿Cómo fue aquella celebración en el lugar que estaba preparado para que el Madrid festejase?

R. Siempre habíamos celebrado los éxitos del Deportivo en el Asador Donostiarra porque teníamos muy buena relación con el dueño. Fuimos a reservar el local para la noche de la final y nos dijeron que ya lo había reservado el Madrid. "¿Y si no gana el Madrid?", le pregunté. Pactamos que si el Madrid no ganaba, iríamos nosotros. Tuvimos que esperar un poco porque los globos eran blancos y pusieron algunos azules (risas). Y también que cambiaran algo de la tarta.

P. En 2004 los eliminó el Oporto en las semifinales de Champions. ¿Qué les faltó para ganar ese título aquel año?

R. Faltó el convencimiento de que podíamos ganar. A veces esa modestia, o falsa modestia, que solemos tener los gallego no juega un papel importante. Una cosa es al presión exagerada y otra es decir: tenemos equipo para ganar la Liga o la Champions. Mourinho nos ganó bien la partida. Él tenía más experiencia en el fútbol internacional y eso se notó.

placeholder Mourinho eliminó al Deportivo en las semifinales de la Champions en 2004. (Reuters/Alberto Lingria)
Mourinho eliminó al Deportivo en las semifinales de la Champions en 2004. (Reuters/Alberto Lingria)

P. ¿Algún fichaje que tuvo en su mano y luego se arrepintió?

R. Me hubiese gustado Luis Aragonés. Conversamos con él, pero su representante nos pidió unas condiciones económicas brutales. Otro al que me gustaría haber fichado es Bielsa. Luis estaba loco por venir porque su hija vivía en ese momento en La Coruña. Su yerno era uno de los ingenieros que se encargaban de la construcción de la A-6 (autopista de Madrid a La Coruña).

P. Aldana me dijo que usted se tendría que haber ido antes del Deportivo. ¿Lo cree así?

R. A toro pasado todo se ve de otra manera. Aldana no se tenía que haber ido cuando se marchó. ¿Cuándo sabe uno si se tiene que marchar? ¿Cuándo logra éxitos deportivos? Nunca pensé eso. Lo complicado fue aguantar la situación generada por los descensos. El peor descenso que yo viví fue salir de la zona Champions porque supuso perder 35 o 40 millones de euros. Y tener el objetivo de mantener al equipo en esa situación. En cuanto a la pérdida de categoría, significó pasar de tener 20 millones por derechos televisivos a tres. Ahora sería infinitamente más complicado.

"La gente se cansó por ver las mismas caras y por los resultados"

P. ¿Cree que salió del equipo por la puerta de atrás?

R. Creo que no. En mi último partido, frente a Las Palmas en Segunda, donde jugaba Valerón, fue una buena despedida a pesar de la situación que teníamos. La gente, tras 25 años en el cargo, se cansó porque no cambian las caras. Y porque los resultados no eran los ideales. Actualmente, voy por la calle y me saluda muchísima gente. Me siento muy querido y no solo en La Coruña, también en el resto de campos a los que voy. En mi época, el Deportivo fue el segundo equipo de todos los españoles. Si no ganaba su equipo, la gente quería que ganáramos nosotros.

P. ¿Ascenderá este año el Deportivo?

R. Tiene que ascender porque ya son dos años consecutivos en la categoría de bronce del fútbol español. Creo que hay potencial más que suficiente para ascender. Pensaba que iba a ser más fácil, pero parece muy complicado. El equipo tiene pocas opciones de conseguir el ascenso directo, pero sí que puede lograrlo en el playoff. Espero y deseo que el equipo logre el ascenso.

P. ¿Volvería al Deportivo si se lo pidieran?

R. Yo creo que sí, aunque ya ha pasado mucho tiempo desde que me fui. Lo que me extraña es que no me pregunten un poco; que no pidan asesoramiento o colaboración. Yo podría decirles qué cosas hice mal y no habría que repetir. Me gusta mucho la iniciativa de LaLiga de recuperar a los jugadores como embajadores, pero también podría hacerse con los expresidentes. Podríamos aportar muchísimas cosas o experiencias de la época.

P. ¿Qué aportaría usted?

R. Una de las cuestiones que propondría en LaLiga sería que el juego sea con el reloj parado porque el tiempo efectivo del fútbol es muy corto. También me parece una locura que los estadios no tengan todos las mismas medidas. No puede haber superestadios y otros de menos nivel.

P. Por último, ¿puede andar usted tranquilo por La Coruña?

R. Sí, pero parándome cada dos o tres pasos para sacarme fotos (risas). Eso hace que el desarrollo de mis paseos sea muy lentos, especialmente los días del partido. Me siento muy querido y eso es lo más bonito.

El Deportivo era un equipo más, que deambulaba entre la Primera y la Segunda División en 1992. Habían logrado la permanencia en la máxima categoría en la promoción ante el Betis. Los aficionados no estaban ilusionados con el equipo. Seguramente, porque desconocían el plan que preparaba Augusto César Lendoiro (Corcubión, La Coruña, 1945).

Manuel Fraga
El redactor recomienda