Del Madrid de la pegada a la desaparición del contragolpe: este equipo ya no asusta a nadie
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Casemiro solucionó la papelta

Del Madrid de la pegada a la desaparición del contragolpe: este equipo ya no asusta a nadie

El gol a balón parado del centrocampista brasileño disfrazó la falta de dinamita del conjunto de Zidane. Ni Marco Asensio ni Vinícius Júnior intimidaron a campo abierto

placeholder Foto: Vinícius Júnior pierde el balón frente a la zaga pucelana bajo la atenta mirada de Mariano Díaz. (Efe)
Vinícius Júnior pierde el balón frente a la zaga pucelana bajo la atenta mirada de Mariano Díaz. (Efe)

¿Recuerdan a aquel equipo letal al contragolpe cuyo potencial ofensivo desmedido le permitía triturar a cualquier rival con metros y espacio? Ya saben, aquel al que se le acusaba de ‘pegada’ (como si fuera un aspecto negativo) y de estar compuesto por ‘atletas’? El que ponía patas arriba a sistemas defensivo enteros en cinco toques verticales? Pues sigan navegando en su memoria, porque esos tiempos de vértigo ofensivo forman parte de un pasado socavado por el presente más crudo. El ataque de este Real Madrid languidece y mata de aburrimiento al espectador.

Foto: Lucas Vázquez y Marco Asensio celebran el 2-0 ante el Celta de Vigo. (Efe)

Sin Karim Benzema en Valladolid, el potencial ofensivo se redujo varios escalones agravando así la crisis de gol galopante que padece este equipo. Tuvo que aparecer Carlos Henrique Casemiro y anotar su quinto gol de la temporada en LaLiga a balón parado tras un envío magnífico de Toni Kroos. El brasileño suma los mismos goles que Eden Hazard (dos), Marco Asensio (dos) y Mariano Díaz (uno) juntos. Datos preocupantes e ilustrativos a la misma vez y que cuentan a las claras uno de los mayores problemas del cuadro capitalino.

Ayer, con Vinícius Júnior en la izquierda, Mariano Díaz en el lugar del francés y Marco Asensio en el costado derecho, Zidane optó por alinear lo que tenía. No había más cartas en la manga, no había conejos en la chistera ni más cera de la que ardía. Somos los que somos y estamos los que estamos hasta que en verano alguien saque la billetera y cambie el panorama. Algo más que necesario visto lo visto.

Los rivales se atreven a ir a buscar al Madrid

El Valladolid, consciente de que conceder facilidades a este ataque no es ni mucho menos un suicidio defensivo, se atrevió a viajar hasta la meta de Thibaut Courtois y plantar su defensa en el centro del campo. Con esta decisión de Sergio González, el conjunto local podía recuperar en las inmediaciones del guardameta belga y abalanzarse sobre su área. El premio era doble: robar y generar ocasiones de gol en pocos toques y meter en su campo a un equipo sin amenaza al contragolpe. El belga aguantó a su equipo. En otros tiempos, ir a buscar al Madrid a su propio campo hubiese significado una cuenta atrás hacia la derrota, pero no ahora. Ahora sale gratis.

placeholder Casemiro marca a balón parado. (Reuters)
Casemiro marca a balón parado. (Reuters)

Mariano Díaz combinó toques desacertadísimos y toscos fuera del área con la invisibilidad. Se camufló entre centrales esperando conectar algún centro que nunca se dio y se empecinó en tareas que le quedan demasiado grandes cuando se aleja del punto de penalti. Por su parte, Vinícius Júnior parece una sombra de ese joven brasileño capaz de poner en jaque defensas experimentadas a base de retar laterales a campo abierto desde la línea de cal. No es que ya no desborde, es que ni siquiera se atreve a intentarlo, lo que provoca que pierda su mayor virtud: el descaro para superar adversarios por pura insistencia. Como resultado de ello, el Madrid pierde colmillo al hueco y no obliga a recular a sus rivales. Urge recuperar a un futbolista que sin su confianza se ha quedado por el camino.

Mención a parte merece Marco Asensio. Había que tener paciencia por su lesión. Había que trasladar la presión y la jerarquía que debería tener a otros. Había, en definitiva, que esperar muy poco de un futbolista dotado con un golpeo de balón demoledor capaz de decantar partidos de máximo nivel que no ha sumado colores a su paleta futbolística. El balear da la sensación de poder marcar un gol en cualquier momento, especialmente cuando reduce sus acciones al enfoque anotador y no al creativo, pero esto sucede a cuentagotas. Todo es demasiado previsible e insustancial en el abanico atacante del extremo blanco.

Luka Modric, disfraza hasta donde puede

Solo así se entiende que Luka Modric sea el futbolista más dinámico, vertical e imprevisible del equipo a sus 35 años. Incluso sin ser atacante, puesto que su rol como interior con libertad de movimientos en el último tercio del campo le otorga una vitalidad extra a un conjunto que va muy justo de calidad individual arriba. El croata, que aparece por todos lados, multiplica sus funciones para tratar de ocultar las múltiples carencias de los pupilos de Zinédine Zidane. Con balón, desborda, organiza, cambia de ritmo, rompe en vertical por pasillos interiores en conducción y añade una pizca de magia a un ecosistema sin recursos autónomos para florecer.

placeholder Fabián Orellana y Luka Modric pugnan por un balón. (Reuters)
Fabián Orellana y Luka Modric pugnan por un balón. (Reuters)

Como en el caso de Toni Kroos, es una pena que el alto nivel individual de ambos contraste con un último tercio tan ramplón. Al Madrid del balón al pie y la posesión limpiaparabrisas que mide al milímetro las pérdidas y castiga el atrevimiento le faltan tantas cosas en ataque que resulta francamente difícil destacar algo en positivo de su actuación ofensiva en Pucela. Desamparado del abrigo que podría brindar una pegada que camuflase errores defensivos, el equipo de Zidane va con lo justo para pasar el día y necesita la máxima concentración en campo propio para llevarse los partidos.

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