Abandona Turquía tras dos años

El temperamento de Roberto Soldado y su sinuoso camino hasta volver a LaLiga

El delantero valenciano vuelve a España para jugar en las filas del Granada, recién ascendido a Primera. Lleva años lejos de su mejor nivel y su fuerte carácter le ha supuesto algún problema

Foto: Roberto Soldado, en un partido con el Fenerbache en 2018. (Reuters)
Roberto Soldado, en un partido con el Fenerbache en 2018. (Reuters)

Roberto Soldado está de vuelta. El que fuera una de las mayores promesas del Real Madrid a principios de siglo ha fichado por el Granada, recién ascendido a Primera División. Su incorporación al cuadro andaluz tras dos cursos en el Fenerbahçe turco no es una sorpresa. El jugador, que rebajará considerablemente sus emolumentos, tenía muchas ganas de regresar a España y eligió Granada pese a manejar otras ofertas en buena parte por motivos personales, ya que su familia paterna es del municipio de Algarinejo, en la frontera con Córdoba. Soldado siempre se ha sentido muy apegado a Granada, donde lo consideran un vecino más, y su contratación se ha anunciado a bombo y platillo. El jugador, natural de Valencia, firma por un año y llega libre, por lo que los rojiblancos no han tenido que rascarse el bolsillo en este concepto.

Tras una carrera repleta de altibajos y dudas con las que se ha ganado el pan, Soldado buscará ahora recuperar su mejor versión con 34 años. El valenciano fue una apuesta personal de Vicente Del Bosque, que le fichó a los 14 años para las inferiores del Madrid. El ariete pasó tiempos difíciles en la capital española, pues residió en un hotel un tiempo y llamaba a su padre por las noches desesperado. En aquel momento prefería volver a casa que perseguir su gran sueño: convertirse en futbolista profesional. Sin embargo, Roberto superó su indaptación y muy pronto empezó a sentirse importante en la entidad de Concha Espina. Forjó un carácter peculiar, muy temperamental, y se hinchó a marcar goles con su particular forma de moverse en el área y su potente remate de cabeza.

Su influencia creció tanto como su determinación y, al fin, debutó en Liga en el 2005 ante el Valencia. Tenía 20 años y ya había dejado atrás una adolescencia revuelta. Su cartel era bueno: figura total en el Castilla, con el que consiguió ascender a Segunda División. Un año después, al verse con las puertas del primer equipo cerradas, Soldado emprendió el camino a Navarra, a las filas de Osasuna, donde deslumbró en su primera aventura seria en la élite: 44 partidos, 13 goles y una llamada de Luis Aragonés para jugar con la Selección Española. El Madrid reactivó su regreso, pero las cosas no terminaron de funcionar con Bernd Schuster: ni un solo gol en nueve meses de pequeños ratos sobre el césped.

Roberto Soldado, celebrando un gol con la camiseta del Valencia frente al Granada en 2013. (EFE)
Roberto Soldado, celebrando un gol con la camiseta del Valencia frente al Granada en 2013. (EFE)

De nuevo, Soldado se vio obligado a empaquetar sus cosas. Esta vez no se iría tan lejos, se quedaría en la Comunidad de Madrid para defender la camiseta del Getafe, entidad que pagó seis millones por hacerse con sus servicios y en la que finalmente explotó: 33 goles repartidos en dos cursos. El Valencia no se lo pensó cuando hubo que sustituir a David Villa, que cogió un avión con destino Cam Nou, y apostó por él. Diez millones costó su billete de vuelta a casa diez años más tarde. No defraudó. Soldado se convirtió en la referencia del equipo entrenado por Unai Emery. No ganó ningún título, pero dejó varios hat-tricks (contra el Genk y el Bate Borisov en Champions, por ejemplo) y numerosas tardes de gloria para el recuerdo de la afición de Mestalla, necesitada de referentes en aquellos años. Precisión, desmarque al espacio, buen rematador de primeras y letal con la 'testa'. Así se caracterizó su estilo, muy alejado de florituras, pero tremendamente eficaz.

La sanción en Turquía

83 goles y 135 partidos después, Soldado se marchó a la Premier League como uno de los fichajes del verano. El jugador, que se sintió engañado por el proyecto valencianista que le puso sobre la mesa Amadeo Salvo, entonces presidente blanquinegro, recaló en el Tottenham no sin polémica. Su salida no gustó en Valencia, envueltos el club y sus agentes en un continuo rifirrafe. Sin embargo, el delantero, que se las prometía muy felices con Villas-Boas, nunca se adaptó al fútbol británico y su relación con los londinenses tras dos cursos de sinsabores acabó en divorcio. Ahí empezó su declive, pues durante su estancia en Villarreal -la entidad amarilla lo compró por 16 millones en 2015- no consiguió remontar del todo el vuelo, en buena parte afectado por las lesiones. En cuatro años solo consiguió perforar la portería en 25 ocasiones, un dato pobre para un goleador de su talento.

Sus registros tampoco mejoraron cuando decidió emigrar de nuevo, esta vez a Turquía, al Fenerbahçe, donde ha acabado su periplo con más pena que gloria. Estuvo seco durante ocho meses y su carácter impulsivo le acarreó algún disgusto que otro en una liga ya de por sí caliente. Sonada fue su sanción de seis partidos impuesta por la federación turca al participar en una pelea masiva tras un encuentro contra el Galatasaray este pasado noviembre (2-2). Jugadores y técnicos de ambos equipos intercambiaron golpes en el césped, también Soldado, que se llevó un severo correctivo. Ahora, el español vuelve a casa tras abandonar Estambul, donde se encontraba bastante aislado. En Granada, rodeado de los suyos, ilusionado y feliz espera recuperar su mejor versión.

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