se disputará este domingo a las 16.30

El 'derbi de Miami', la férrea idea de Javier Tebas que Rubiales consiguió desarticular

El Girona-Barcelona se juega en Montilivi, a las 10.30 hora de la costa este de Estados Unidos. Las posibilidades de que el partido viajase fueron siempre escasas, pero se piensa en el futuro

Foto: El Girona-Barcelona se jugará en Montilivi y no en Miami. (EFE)
El Girona-Barcelona se jugará en Montilivi y no en Miami. (EFE)

Iba a ser un gran acontecimiento, pero se ha quedado en un partido más, escondido en el calendario. En Miami no habrá partido, al menos de momento, y tampoco es probable que los habitantes de la ciudad más grande de Florida estén a las 10.30 de la mañana pegados a la televisión para ver un mundano Girona-Barcelona. Fue una historia de días y días, un 'sokatira' algo absurdo que terminó con un fuerte rechazo y la promesa de que esto es una batalla, ni mucho menos la guerra.

En realidad, según afirman varias fuentes consultadas por este periódico, la opción de este encuentro nunca fue real. Es cierto que en el contrato de Relevent con LaLiga, ese que se extenderá 15 años y que otorga a la firma estadounidense la representación del campeonato en Norteamérica, se recoge la opción de jugar un partido en Estados Unidos. No la obligación, entre otras cosas porque todos los actores sabían, desde muy al principio, que no iba a ser posible. No al menos esta temporada.

El propio Javier Tebas, cuando se reveló la intención, fue el primero en comentar que para llevar a cabo su proyecto necesitaba la aquiescencia de otras instituciones, entre ellas la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). También debía ser consciente, en ese momento, de que su política de tierra quemada le ha llevado en muchas ocasiones a romper todos los puentes con algunos dirigentes, y eso, consecuentemente, hace mucho más difícil llegar a un acuerdo. No ha sido este proceso solo una cuestión de luchas personales, aunque en varios momentos así lo ha parecido.

Los organizadores del partido, La Liga y su empresa hermana, Relevent, asumieron desde el principio que iba a ser muy complicada este objetivo. Pero, igualmente, era una guerra que tenían que batallar, principalmente porque entienden que la única manera de lograr que en el futuro se celebre, y esto es algo que consideran clave para la expansión del campeonato, es habiendo previamente hecho un trabajo de zapa para que la afición y los dirigentes entiendan que antes o después, se hará. Este año no era posible, pero el que viene quizá sí. Y si no, el siguiente. La relación con Relevent, según ha podido saber este periódico, por el momento no está cumpliendo las expectativas previas, pero hay tiempo por delante para que la cosa remonte.

Javier Tebas no ha renunciado a llevar LaLiga a Estados Unidos. (EFE)
Javier Tebas no ha renunciado a llevar LaLiga a Estados Unidos. (EFE)

La estrategia de Tebas

La idea en sí forma parte de la estrategia general de Tebas y se entiende mejor si se conoce al presidente del campeonato. Siempre busca ser él quien delimita el terreno de juego. Mantiene la creencia de que tiene muchas opciones de ganar aquel que está marcando la agenda y no escatima medios ni palabras para lograr su objetivo, que no siempre es visible. En esta ocasión se quería que se jugase el Girona-Barcelona en Miami, pero también se intentaba crear el embrión para que, en el futuro, sea posible.

La prueba de que Tebas, cuando se pone, va hasta el final, se ha dado en este proceso. Por el camino ha amenazado con ir a los tribunales, se ha fajado, ha descalificado a Luis Rubiales —a quien considera inadecuado para ser presidente de la federación— y hasta ha contratado ruinosas campañas de publicidad en Estados Unidos reclamando un partido que, casi desde el primer momento, se vio claro que no podría disputarse en un lugar que no fuese Montilivi.

Luis Rubiales es, de hecho, el principal causante de que no se vaya a disputar ese partido fuera de España. Un dirigente del deporte español señalaba hace pocas fechas en una conversación que Tebas, que tiene una aspiración personal de controlar en la medida de lo posible todo el fútbol español, tiene las negociaciones con la federación ahora todavía más difíciles que con Villar, y eso que con el vasco su relación también era pésima. La diferencia está en que ahora, además de lejanos, son guerreros, y no van a claudicar sin conseguir algo a cambio.

Tebas y Rubiales se parecen en más de lo que les gustaría confesar, especialmente en lo relativo a las formas. Ambos van al choque, son testarudos y no escatiman medios. Si el presidente de LaLiga amenazó con tribunales, el de la federación recurrió a las más altas instancias: la FIFA y el Gobierno. La reunión entre Rubiales, Infantino y Sánchez no se planteó con la idea de hablar del partido de Miami, pero era el tema de conversación del momento, el campo de batalla que había diseñado Tebas. La oposición fue feroz y obligó a Rubiales, además, a no poder recular. Aunque solo fuese por una cuestión de lealtad institucional.

De aquella reunión salió una posición común y una incapacidad para dar un paso atrás. Igual con algo más leve, Rubiales se podría haber sentado más adelante en el proceso, pero tras inmiscuir en la cuestión al Gobierno y a la FIFA, ya no había manera de desandar lo andado. Los dos presidentes han comido, al menos, en una ocasión y se han visto en otros actos, pero con aquella toma de postura, tan radical, no había en realidad capacidad de maniobra. Se ha dicho que LaLiga, que es una institución con muchísimo dinero, ha ofrecido acuerdos económicos a la RFEF, que ha pasado dificultades. Si fue así, era estéril, aunque quizá en otras condiciones se hubiese llegado a ese acuerdo.

Luis Rubiales y Pedro Sánchez mostraron su rechazo al partido en Miami. (EFE)
Luis Rubiales y Pedro Sánchez mostraron su rechazo al partido en Miami. (EFE)

El Girona, club afín

Entre los motivos por los que el Gobierno se alineó con la federación en este caso, más allá de la poca afinidad que tiene con Tebas, está la elección de LaLiga, un Girona-Barcelona que echaba más leña al fuego. El derbi de Miami necesitaba el concurso del Real Madrid o del Barça, pero los primeros se negaron rotundamente desde el primer momento. Aunque solo sea porque Florentino Pérez es uno de los pocos opositores que tiene Tebas en el fútbol profesional. El Barcelona, pensando en lo comercial, aceptó, aunque finalmente sería, con su negativa a jugar de momento, el que daría la puntilla definitiva al derbi de Miami.

La elección del otro equipo fue más curiosa. Había muchos equipos interesados, pero desde el primer momento la opción con la que se trabajó fue el Girona. Es el equipo catalán uno de los más cercanos a Tebas y, sobre todo, es cercanísimo a Jaume Roures, dueño de Mediapro, financiador del campeonato por medio de los derechos de televisión y férreo socio del presidente de La Liga. Pere Guardiola, socio de Roures, es el dueño del equipo junto con la compañía matriz del Manchester City. Y Roures también es miembro del Consejo Asesor del Girona. Se eligió ese equipo porque era el más afín, sin importar que se creaba un partido entre dos equipos catalanes, con los problemas políticos que eso podía suponer. Eso también asustó al Gobierno.

El partido, en todo caso, es solo una cuenta del collar. El empuje de Tebas, su manera de poner toda la carne en el asador, tiene también la mirada puesta en una negociación crucial, la que delimitará las competencias de unos y otros en el fútbol nacional en los próximos años. En unos meses expira el convenio que regula la relación de la RFEF y LaLiga, y ya se anuncian tambores de guerra. Siempre se ha llegado a un acuerdo, pero ahora las cosas han cambiado. Por eso estas semanas unos y otros gritan por las competencias, aseguran tener muchas porque todos saben que es una zona gris. LaLiga acusa a la RFEF de haber entrado en cuestiones que no le correspondía, por ejemplo, en el caso Reus. Los de Rubiales saben que el campeonato, muy poderoso, ha entrado o intentado entrar en el fútbol no profesional (ProLiga), en el femenino o en el sindicato de futbolistas.

Lo del derbi de Miami puede quedar en un juego de niños. Y los aficionados locales, de los que se vendió una pasión que no existía —se habló de unas firmas que nunca llegaron, como desveló este periódico— tendrán que seguir esperando para ver a sus ídolos Messi, Piqué, Porro o Stuani. Aunque, creen en LaLiga, igual no tanto como ahora se piensa.

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