la mayor sorpresa, el fallo de ter stegen

Quique Setién le da al Barcelona una lección genial de cruyffismo y buen fútbol

El Betis ganó en el Camp Nou jugando un partido memorable, dominando el juego desde el primer minuto y minimizando a un Barcelona que tiene carencias futbolísticas evidentes

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Quique Setién lleva a gala que el discurso no es retórico, lo que dice es lo que piensa y lo que piensa es lo que exige. La filosofía, que le ha granjeado algunos enemigos y algunas carcajadas de los rivales, es clara, cruyffismo en esencia, tener el balón y un ánimo de controlar la escena, de no dejarse. Y no importa que sea en un campo de tierra o en el Camp Nou, el lugar en el que esa manera de jugar es una cuestión casi religiosa, una cuestión de fe.

Tiene buen equipo, buenos jugadores, pero si no lo fuesen él seguiría con las mismas ideas, porque es en lo que cree. Hay algunos que hablan de jugar bien o ganar, como si esa dicotomía fuese alguna vez cierta o lo hubiese sido en algún momento. No, Setién cree que jugar bien, dominar el juego y tener las ideas claras, es la manera más corta de llegar a la victoria. El Betis, su Betis, porque este es un equipo de autor, hizo en el Camp Nou un partido memorable, de principio a fin, no solo plantando cara al Barcelona con las que en otro tiempo fueron sus armas, sino siendo efectivo y brillante en todas las fases del encuentro. Demostraron los sevillanos que, en una buena tarde, son capaces de someter a cualquier equipo que se le ponga enfrente. Hay motivos más que sobrados para celebrar, porque el resultado, ese 3-4, es solo la imagen de un encuentro tremendo.

El espejo de Setién es especialmente duro para el Barcelona, porque se miran en él y no se reconocen, y eso es pésimo, ya que no hace más que llevar a cabo lo que siempre fue la filosofía azulgrana. Se llenaron la boca contando que nada como el pase en corto, que el balón que sirve es el que corre y el jugador que vale es el que la da de primera. Con el centro del campo se llega a la gloria. Todo eso estaba enfrente y ellos no fueron capaces de representarlo. Esto, en tiempos de Guardiola, era imposible, un partido así era una imposibilidad física. Con los recursos que tiene el club, todos ellos puestos en la misma cesta, no había equipo que osase a jugar a esto. Y si lo hacían, salían trasquilados.

Entender el juego

Ahora los tiempos han cambiado, y ya no son los mismos, no solo por la calidad, que ha descendido, sino por el estilo, por la confección de la plantilla y los jugadores elegidos. Ese, de hecho, es otro de los aciertos del Betis de Setién, tiene jugadores que probablemente no están al nivel físico o técnico de sus iguales en el Barcelona, pero son perfectos para el fútbol que les piden, por la interpretación que hacen del juego, del toque y del espacio. Tello o Bartra, surgidos de las entrañas de la Masía, pueden tener carencias deportivas varias, pero no están sus problemas en la manera de entender el fútbol. Lo Celso, que dio una lección, Joaquín y Canales, fueron profundos y se aprovecharon de una defensa quebradiza. Junior Firpo, con sus 22 años, le hizo la vida imposible a Sergi Roberto, que es tan buen jugador como escaso lateral.

Y así con todos, sabiendo como saben que no se permite una mala patada y que se prima la mejor distribución posible del balón. Hasta Carvalho, que por el momento estaba aguado, demostró sus cualidades. Con el tiempo se encontrará mejor, porque también es cierto que la curva de aprendizaje de estos conceptos no es tan sencilla y que los nuevos necesitan un poco más de tiempo para integrarse en lo que requiere Setién. O casi todos, Bartra, que es la clave de bóveda de este equipo, no necesitó de muchas clases para integrarse, pero es que él lo llevaba de serie en su educación deportiva.

Esa inteligencia futbolística es la que no parecen tener algunos de los fichajes del Barcelona. Quitó a Arthur en el descanso Valverde, porque el equipo estaba lento e inseguro, pero no consiguió resolver el problema fundamental, que no era otro que tener el balón y saber cuidarlo. Para eso su sustituto, Arturo Vidal, no vale. Tampoco Malcom o los ausentes Coutinho o Dembélé pertenecen realmente a esta tradición. Son buenos todos, claro, son potentes, son fuertes, son rápidos y habilidosos, pero en la religión barcelonista todas esas cualidades pasan por debajo del concepto de juego colectivo y la capacidad para asociarse, que no parecen las más llamativas características de los que en los últimos tiempos han sido adquiridos, en no pocos casos por dinerales, por la dirección deportiva del Barcelona.

El Barça no domina

Setién, que en poco más de un mes ha ganado en San Siro y en el Camp Nou, no siempre acierta. Hay días en los que el equipo se desconcentra, porque jugar a esto es exigente en exceso. Hay tardes en los que la defensa hace agua y todo se descompone. Cuando sale mal, es horrible, pero cuando se da bien es una pasada. Llevaba el Barcelona 15 años sin encajar cuatro goles en su estadio, y esta vez se merecieron todos esos e, incluso, no hubiese sorprendido que cayese alguno más en la cuenta. Porque el Betis fue, de principio a fin, un equipo con virtudes, atacando espacios y las ideas clarísimas, la defensa adelantada y una valentía extrema.

Cuando el equipo más pequeño gana, siempre hay puntos que mirar en el grande. El Barcelona no está siendo un equipo fino, y aunque al Real Madrid lo masacró en el clásico, se le ven las goteras. En defensa, por supuesto, donde no parece un equipo que intimide, pero también en el juego general. Volvió Messi, marcó dos goles, pero el equipo volvió a ser inconexo y poco decidido. La liga está abierta porque el Barça no tiene la casaca de dominador, no puede tenerla, porque no lo hace. Le falla el lateral derecho, los centrales y la contención, especialmente porque Busquets no está en su mejor momento. Falló mucho más de lo que se espera de él, está desdibujado. En esta ocasión, hasta Ter Stegen, que normalmente es soberbio pero en el tercer tanto tuvo un error obsceno, se le doblaron las muñecas en un balón que ni siquiera era tan fiero.

Es un problema lo del portero, que dicen anda tocado y por eso no irá con Alemania. Molestias en un hombro. Al Barcelona el medio del campo se le ha caído un poco, para seguir ganando tiene que confiar en el plan B, el acierto en las áreas. Ter Stegen, Messi y Suárez, no es mala gente para ir a la guerra. Ahora, cuando toque un equipo tan bien trabajado como el de Setién, habrá problemas. Suerte para Valeverde que no haya tantos.

Liga
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