probable banquillo para ambos jugadores

El techo que los jóvenes Asensio y Dembélé no pueden o no saben reventar

Dembélé, por su precio, y Asensio, por las expectativas, están siendo dos de las grandes decepciones del campeonato. Sus clubes les consideran claves para el futuro futbolístico de los equipo

Foto: Ousmane Dembélé. (Reuters)
Ousmane Dembélé. (Reuters)

El primer pensamiento que tuvo Valverde cuando Messi se rompió el brazo fue meter en el campo a Rafinha. A los pocos segundos, sin embargo, se le fue de la cabeza esa opción. Por muchos motivos el sustituto en ese momento tenía que ser Dembélé. Por no dar la sensación de que se estaba arropando, pero también porque el francés es una de las apuestas más decididas del Barcelona, que pagó 105 millones más variables que pueden llegar a 140 por él. Dirán siempre que no importa el dinero, que esas cosas no pesan en las decisiones de un entrenador, pero no suele ser cierto, los jugadores así tienen más presión de fuera y, habitualmente, más cariño desde dentro.

Entró en aquel partido, pero ya desapareció contra el Inter. Es improbable que sea titular contra el Real Madrid. La apuesta, porque solo como tal se puede entender ese precio, no está saliendo del todo bien. La pasada temporada fueron las lesiones, que le acosaron durante buena parte de la temporada. En esta, en principio sano, el problema no es físico sino futbolístico. Dembélé tiene ciertas cualidades que son imposibles de pasar por alto, como una velocidad endiablada y buena capacidad para encarar, pero está lejos de ser un jugador que justifique ese precio.

El anuncio de coches decía que la potencia, sin control, no vale de nada, y es eso un poco lo que le sucede a Dembélé. Pierde muchos balones, es ineficiente, vive en un completo despiste. Corre mucho, pero rara vez con sentido, en ocasiones entorpece el juego porque no termina de entender del todo el estilo que le propone el equipo. A ráfagas, parece una estrella, porque cuando la jugada sale es un futbolista espectacular, capaz de comerse los obstáculos.

Valverde, que no es hombre de estridencias, dejó caer la pasada semana que el problema no está tanto en que pierda balones, que lo hace con frecuencia, como en que después de hacerlo no es lo suficientemente agresivo para recuperarlos. Es, por así decirlo, un poco indolente, y por lo que se ve es algo no exclusivo del fútbol. El runrún hoy dice que llega tarde a los entrenamientos y la pasada temporada que no se tomaba muy en serio su trabajo. Se admite la coletilla "es joven", porque lo es y mucho, y es posible que todo eso que hoy está deslavazado en algún momento las cualidades se engranen y surja un jugador que hoy no está.

Mientras tanto, habrá que esperar, y un Clásico no es lugar para probaturas. Así que lo más probable es que Rafinha ocupe el lugar de Messi en la alineación y el equipo se arrope más todavía. Lo de perder balones al tuntún, contra el Madrid, no parece la mejor de las soluciones, motivo suficiente para que Dembélé espere un poco en el banquillo a que el partido se rompa y, quizá, con espacios, encuentre la manera de hacer daño al Madrid.

Asensio no toma galones

Marco Asensio no tiene el peso del dinero pero sí el del futuro sobre sus hombros. Y, aunque parezca que no venga a cuento, las similitudes son mayores de las que parecen. El mallorquín lleva apuntando a estrella años, hace cosas con el balón que el resto de los futbolistas ni imaginan. Es buenísimo, alto, potente, rápido y con un golpeo de balón privilegiado. Con todo, de momento no es el jugador que debería de ser, Asensio nunca termina de romper.

Cabe preguntarse qué le pasa a Asensio, aunque una de las posibles respuestas es que sigue la evolución y que no hay que pedirle de más. En enero cumplirá 23 años, es objetivamente joven, pero no está dando lo que de él se espera. Anda contagiado con el mal tono general del equipo, solo ha marcado un gol en nueve partidos de Liga y es un problema, porque cuando Cristiano se fue su nombre sonaba como titular y como uno de los encargados de hacer olvidar al luso.

Está desdibujado, no se encuentra y es intrascendente en los partidos. Tanto que no extrañaría que el Clásico lo viese desde el banquillo. Lopetegui está buscando fórmulas y Bale-Benzema suena más fuerte que las combinaciones que incluyen al joven Marco. La plantilla del Real Madrid ha ido degradándose temporada tras temporada, y uno de los motivos esgrimidos para que así fuese es que se entendía que los jóvenes necesitan espacio para crecer y quitarle los tapones que les impiden dar el paso. El problema, claro, está en que desaparezcan los tapones y ellos no den ese paso, pues así se deshacen los equipos campeones.

Hay, como le ocurre a Dembélé, un problema de actitud, pero en su caso no tanto de despiste como de conformismo. Quizá, incluso, de personalidad. Tiene fútbol para liderar, pocos dudan de eso, pero una estrella también está construida desde la ambición. "Tengo que ser más ambicioso, tener más continuidad. A veces marco dos goles y ya me conformo, pienso 'ya he hecho el partido'. Y no. Si marco dos, tengo que ir a por el tercero", le contaba hace poco a Jorge Valdano en una entrevista. A veces se le ve, no son pocos los partidos en los que uno recapitula y no encuentra ninguna jugada importante de Asensio. Ser una estrella conlleva no solo hacer las cosas bien, sino hacerlas con cierta frecuencia.

Asensio y Dembélé son piezas claves para el futuro de dos magnas instituciones. Si no llegan a ser lo que se esperaba de ellos, habrá sido un gastó importante de esfuerzos -y en el caso del francés, también de dinero- por una reconstrucción estéril. El talento lo tienen, pero ser un jugador desequilibrante requiere más matices.

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