el barcelona no aprovecha el fallo del madrid

La Liga se iguala por lo bajo mientras Piqué, cada vez más fallón, se pone chulo

El Barcelona empató con el Valencia en un partido que volvió a estar marcado por los errores defensivos y el genio de Messi. Atasco en la cabeza de la Liga, donde nadie parece entonado

Foto: Messi se lamenta tras una ocasión fallada en el Valencia-FC Barcelona. (EFE)
Messi se lamenta tras una ocasión fallada en el Valencia-FC Barcelona. (EFE)

Entremos en una pregunta casi filosófica: ¿qué es mejor, una liga de una calidad alta futbolística o una liga de una competitividad altísima? Los grandes no están jugando bien, los tropiezos del Real Madrid son seguidos por errores infantiles de la defensa del Barcelona. Que si problemas de gol por un lado, que si un fútbol rácano y sin identidad por el otro. Sus errores, sin embargo, han abierto la puerta a la revuelta. Y los de detrás, que tampoco es que hayan jugado como la Holanda de Cruyff, se les han subido a las barbas.

Ahora mismo, el Sevilla es líder, el Atlético segundo —empatado con el Barcelona— y el Madrid, que los persigue un punto por detrás, está con la misma puntuación que el Alavés y el Espanyol. Seis equipos en dos puntos, con ocho jornadas disputadas. Solo los hispalenses han ganado más partidos de los que han perdido o empatado. Tiene visos de emoción, pero más por deméritos que por la existencia de equipos que realmente estén dejando un buen sabor de boca.

El último ejemplo, uno más, es el partido que perpetró el FC Barcelona en Valencia. Es una visita difícil, es cierto, pero los argumentos futbolísticos de los de Valverde cada vez son más escasos, han pasado de ser una gran obra sinfónica digna de las mejores óperas a la pieza de un solista tocada en locales de mala muerte. El artista, por si alguien tiene alguna duda, sigue siendo Messi, que rascó el empate en un partido que se había complicado y en el que el Barcelona no hizo demasiado por imponerse. Su fútbol ya no da para eso.

Porque entre toda la incertidumbre que nos deja esta Liga, que es abundante, solo hay una certeza para todos, y es que si el Barcelona gana este campeonato, será a pesar de todo lo que rodea al genio, al que cada vez le ponen más piedras en la espalda para cargar. Él, que es superior a todo lo demás, ganará partidos solo y empatará partidos solo. Si consigue ganar con estas circunstancias será solo una medalla más en su legado.

La torpeza de Piqué

El Barcelona de estos años ya era bastante más aburrido que aquel de Guardiola que era un rodillo por los campos de España, pero es que el de esta temporada, además, ha perdido la eficiencia que seguía caracterizando al club, esa regularidad absoluta que les llevaba a ganar casi siempre, sin importar demasiado que el juego fuese brillante o a veces solo normalucho.

Hay un motivo, claro, por el que el equipo ha perdido buena parte de esa capacidad para resolver sin enamorar: la defensa. Antes tenían siempre la posesión, lo que les convertía en un equipo que dejaba pocas ocasiones, y cuando estas llegaban las resolvían sin problemas. Ahora, de repente, los rivales llegan con frecuencia y la zaga está llena de feriantes.

En algún momento indeterminado, Piqué dejó de ser un central fiable. En el gol de Garay hizo un escorzo extraño, bajó la cabeza y perdió totalmente la localización del balón, lo que es probablemente el mayor error que puede cometer un central. No es el primero del año, va partido tras partido demostrando estar fuera de forma y fuera de registro, no es fiable y, con sus dudas, todo corre peligro de derribo. Cada balón que cruza el área es una película de terror para el aficionado azulgrana, nadie parece dispuesto a despejar el balón, cualquier delantero un poco avispado puede hacer mucho daño entre unos jugadores desajustados y claramente perdidos.

"Hay gente que me espera y me tiene ganas, que salgan de la cueva", dijo tras el partido Piqué, que además de estar haciendo una temporada calamitosa ha pensado que es un buen momento para ponerse chulo. No, no se queda ahí: "Hay gente que me la tiene guardada, pero no so lo en Madrid". Esto es, evidentemente, porque Piqué hace mucho tiempo que identificó la capital como el centro de todos los males y todas las conspiraciones, en un discurso muy victimista. Ahora, que no da pie con bola, también ve sombras en esa Barcelona que, durante tanto tiempo, no ha hecho más que reírle las gracias. Las tuviese, o no, que este es el de las peleas con la Guardia Urbana, el de los puntos en el carnet y el de las palabras altisonantes.

El Valencia, eso sí, no se aprovechó del todo. Batshuayi es voluntarioso y grande, muy grande, está muy presente en el juego cuando aparece en la alineación, pero esa característica física, la de ser un objeto de importantes dimensiones clavado en el área, se aprovecha peor porque es bastante torpe. Poco coordinado, no es capaz de perfilarse rápido o de resolver rápido. Comoquiera que Guedes quedó fuera del partido muy pronto, y que a Marcelino le dio una ventolera y decidió prescindir de Rodrigo, el ataque ché fue romo, poco efectivo, mucho menos contundente de lo que podría haber sido.

Suárez, fuera de forma y de actitud

En ese ambiente el Barcelona estuvo muy incómodo en la primera mitad e insuficiente en la segunda, cuando por fin se quedó con la posición y pudo marcar el ritmo del encuentro. No encontró la manera de convertir todo eso en un segundo gol.

No hace falta ver el partido para entender que los de Valverde están incómodos, basta con ver sus caras y sus gestos. Jordi Alba enfadado con el mundo, Busquets quejándose, Luis Suárez completamente desquiciado. Detengámonos ahí por un momento, en el uruguayo, amigo íntimo de Messi y, en teoría, el segundo espada de la plantilla. Está lento, fuera de forma y sin influencia ninguna en el juego. Lo sabe, por supuesto, y lo traduce en una actitud horrorosa que, por otro lado, no es nueva. Ha sido uno de los mejores jugadores de la última década, un goleador poderoso, también un futbolista cuya actitud ha sido lamentable en muchas más ocasiones de las debidas.

Con ese ambiente, queda Messi, claro. Y dependerá de las dosis de su genio que pueda dar a lo largo de una tarde. Si es capaz de poder con el rival, con su defensa, con su compadre y con esa sensación generalizada de que el equipo de Valverde tiene dos versiones, una buena, en la que es un equipo aburridísimo que gana; y otra peor, en la que es un sainete incapaz de ganar un partido.

A Valverde, como a Lopetegui el sábado, le queda el consuelo de que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Compiten por eso, por ser el tuerto, por disimular los muchos defectos que tienen sus equipos, la falta de gol y de ángel, el poco juego y la ausencia de ideas claras. Si los dos técnicos quieren hacer un currículum en vídeo para ser contratados en alguna feria es mejor que eviten colocar nada de los últimos partidos. Poco y mal.

Volvamos ahora a esa pregunta inicial, que tiene que ver con el campeonato más que con los equipos en concreto. La Liga podría ahora vender un montón de historias, de pasión y de ambiciones, de equipos que aspiran a cosas que, en otras temporadas, a estas alturas, ya sabían más que de sobra que eran inalcanzables.

Se está convirtiendo el campeonato en algo similar a lo que ha sido la Segunda las últimas temporadas, una suerte de OK Corral en la que cualquiera puede salir magullado en cualquier momento. Se ha construido una escalera en la que tan posible es plantarse en la Champions con una buena racha -o en el liderato, si me apuran- como verse coqueteando con el descenso. ¿Divertido? Quizá. ¿Bueno? No tanto. Es lo que hay.

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