sin bale, el madrid tiene un problema con el gol

El eterno paso atrás de Lopetegui, que no se da una alegría ni al perder (otra vez) a Bale

La lesión del galés la solventó con la entrada de un mediocampista más. Mariano no jugó y Vinicius solo entró en los minutos de la basura, las soluciones nunca pasan por asumir más riesgos

Foto: Vinicius y Benzema, en el cambio. (EFE)
Vinicius y Benzema, en el cambio. (EFE)

No pasaron muchas cosas en el Bernabéu, y esa es una flecha directa al corazón del madridismo. El club está concebido como el mayor espectáculo en el mundo, casi siempre para bien, pero a veces también para mal. Del mismo modo que la grada del Camp Nou tuerce el gesto cuando ve a los suyos tirar un pelotazo, en el Real Madrid la ansiedad llega si en sus partidos no pasan cosas. La plantilla de este año, sin Cristiano Ronaldo, es más burocrática que circense. Puede resultar, es un equipo ordenado, que se encuentra cómodo con el balón, pero tiene un problema enorme, y es la poca capacidad para marcar gol. No, peor aún, tiene problemas incluso para generar ocasiones.

Julen Lopetegui tampoco parece alarmado con este traje, se siente cómodo gestionando un equipo equilibrado, sensato, un poco aburrido, casi como un matrimonio en sus bodas de oro. Tiene ese punto funcionarial, de las cosas bien hechas pero sin florituras, sin riesgo. Se le nota en las alineaciones, pero todavía más en los cambios. Contra el Atlético, no llegó a jugar ni un minuto Mariano. Él, que se come el césped cuando sale al campo, uno de esos jugadores capaz de electrificar un partido con tres carreras, se quedó en el banquillo.

El problema de gestión, si es que se quiere ver así, viene de antes. Gareth Bale se lesionó -intentemos fingir sorpresa- y cuando tuvo que elegir un sustituto para él, fue a por Ceballos. Nada en contra del desempeño del sevillano, que fue el mejor de todos los futbolistas en toda la segunda parte, pero el mensaje es claro por parte del entrenador, entre la ambición y el sosiego, optará por lo segundo. Es más grave si se piensa que, en ese momento, no le quedaba al Madrid ni un solo futbolista que sea un goleador regular. La falta del galés, que sí lo es, supone un drama para el equipo, porque de todos los jugadores en los que confía su entrenador, los que tienen tiempo importante en el equipo, no queda ni uno solo que sera un goleador demostrado.

Habrá que ver en qué consiste la enésima lesión de la estrella blanca, pero en este caso no hay un Cristiano Ronaldo para merendarse a las defensas. Y el entrenador no se va a obcecar buscando sustitutos, a él ya le vale con tener el control, esperar, como si fuese Simeone, que en algún momento se rompa algo en la zaga rival para encontrar el espacio y ganar por 1-0 y un calmante. Esa fue la táctica que surtió efecto contra el Espanyol, y en muchas ocasiones puede llegar a valer, porque talento sigue habiendo y tener la posesión suma, pero también habrá muchos otros días en los que una defensa bien plantada, y la del Atlético siempre lo es, deje al Madrid sin gol y sin ocasiones, en la nada más absoluta.

Lo de los cambios va un poco más allá, y se vio en los siguientes. El Madrid dominaba, entendiendo por esto tener el balón mucho más que tener ocasiones, pero no termimaba de encontrar los modos de atacar la defensa que había plantado el Cholo, en plena fase de repliegue. Lopetegui optó por Lucas Vázquez, un intento que ha llevado a cabo otras veces y casi siempre con el mismo resultado: suspenso. El extremo tiene fama de encarador, pero claramente no es un goleador, no tiene disparo desde fuera y necesita estar muy bien físicamente para ser diferencial. Hace tiempo que no lo es, pero el técnico sigue manteniéndole como una de las primeras opciones. No importa que no se recuerde un recorte suyo, que no marque goles. Da seguridad, y es lo que se busca.

¿Los motivos? El principal tiene que ver con las jerarquías. Si el Bernabéu fuese un plató televisivo, en el que los presentes le dieran a un botón y eligiesen el cambio, Vinicius y Mariano hubiesen arrasado. En la cabeza de Julen, sin embargo, ellos son meritorios que tienen que quitarle el puesto en la pirámide del Madrid a Lucas Vázquez, más experimentado, con más años de servicio por la causa. Es un motivo un poco rancio en realidad, Lucas aportó muy poco en ataque para un equipo que, en todo caso, ya estaba dominando la situación. Pero es muy difícil cambiar las estructuras, comentarle a un jugador nacional, que incluso era parte de su Selección, que las nuevas generaciones vienen arrasando. Lucas era, como tantas otras veces, la opción conservadora.

La ilusión de Vinicius, la calma de Benzema

Hay otro punto que gusta mucho más a los entrenadores un poco amarrateguis que a las aficiones que gustan de los fuegos artificiales, y es que Lucas aporta un sacrificio que los demás, probablemente, no tienen. No perderá la posición, no dejará de bajar a ayudar al medio y si tiene que perseguir a un jugador rival para evitar la derrota, se dejará la piel en esa carrera. ¿Haría eso Vinicius? No lo sabemos, probablemente ni siquiera lo sepa Lopetegui. Pensando en los tópicos, pues no, es un extremo brasileño, de los de samba y fantasía, pero en no pocas ocasiones los tópicos son veneno.

Ese poco amor por la aventura es el que lleva también a Lopetegui a no quitar a Benzema hasta las últimas consecuencias. El francés, en teoría, es un jugador que genera fútbol y ayuda a sus compañeros a ser mejores. Eso mismo se puede decir de casi toda la plantilla del Real Madrid. El problema es que también se parece a sus compañeros en un detalle que en el fútbol no es en absoluto menor: la falta de gol. Pedirle al delantero centro que marque no es una extravagancia. Tenía mucha lógica mantenerle como catalizador cuando jugaba con un caníbal a su lado, pero el caníbal está ahora en Turín. También puede ser cabal si camina junto a Bale en estado de gracia, pues ambos pueden permutarse y abrirle las opciones al galés para que haga su labor. Sin esas dos opciones en la mesa, es un poco arte efímero, trabajar en balde. Y todo eso sin contar lo evidente, y es que no está bien.

La frustración de Mariano tiene que ser amplia, porque él no es un bailarín del Bolshoi, pero en lo de marcar goles está más que baqueteado. En su mirada se ve la ambición y basta con observarle unos minutos en el campo para tener claro que con él hay peligro. Sorprendió en este caso que pasasen por delante de él Lucas primero y Vinicius después, como si lo que le estaba pasando al Real Madrid, que no hizo mal partido, no tuviese un diagnóstico claro: nadie estaba tirando a puerta. Más allá del mano a mano fallado por Asensio, la nada con sifón.

En realidad, este Madrid se parece bastante a la Selección de Lopetegui, la que naufragó en el Mundial bajo el mando de Hierro. Tiene el balón, acecha al área, pero es inofensiva, no supone un problema real para las defensas que se saben cerrar. Es cierto que hay un problema de confección del plantel, que la cicatería reciente con la que se mueve Florentino ha llevado a que la marcha del mejor goleador de la historia del club se cubra con un jugador joven, ambicioso, pero en el que su técnico no confía y que, en todo caso, tiene menos calidad para todas las demás cuestiones del fútbol que sus compañeros, dejando a parte el gol.

Lo de que entrase Vinicius antes que él se puede encuadrar casi dentro de lo anecdótico. El madridismo tiene ganas de ver al chico, una sensación que el técnico no comparte. Le ha costado llevarle al primer equipo, ha tenido que ver como brillaba en 2ªB para darle una opción. Le hizo debutar contra el Atlético, lo que podría parecer una gran cosa si no fuese porque le dio poco más de cinco minutos. No hemos visto ni un aperitivo de lo que puede hacer, pero se notaba en el ambiente que todos los balones que tocaba generaban un runrún en el estadio. Porque a la afición del Real Madrid le gusta lo nuevo, lo brillante, la purpurina.

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