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El día de la marmota del Camp Nou y el independentismo recibe ahora al Sevilla

La actualidad política se filtrará una tarde más en las gradas de un estadio que acoge con la misma naturalidad los partidos de su equipo y las reivindicaciones políticas de parte de la afición

Foto: Iniesta mira una grada poblada de banderas. (EFE)
Iniesta mira una grada poblada de banderas. (EFE)

El día de la marmota vuelve al Camp Nou, que hay partido. Otra vez esteladas, reivindicación, gritos de independencia y demás parafernalia ya acostumbrada en el coliseo azulgrana. La prisión preventiva a los miembros cesados del gobierno de la Generalitat es el último episodio político y todos ellos han tenido en el estadio la misma representación. Van ocurriendo cosas diferentes, la política y la justicia van creando un escenario nuevo cada día. Pero en el Camp Nou la realidad es inmutable, lo que hay es lo mismo que en todas las protestas porque, en realidad, una grada tampoco pude expresarse de muchas más maneras. Dicen que esta vez será mayor, por el efecto de escalada, pero a la hora de la verdad todo suena un poco a lo mismo, a ver si esta vez Punxsutawney Phil sale o no de la madriguera para saber si sigue el invierno.

Habrá que medir cómo están ahora las relaciones entre las dos asociaciones que manejan el asunto, la ANC y Òmnium Cultural, con el club. Porque del amor al odio y del odio al amor hay muy pocos pasos, y menos aún en temas que tratan cuestiones tan sensibles como las que aquí se exponen. La ANC, por ejemplo, se sintió zaherida porque el Barcelona, en connivencia con la UEFA, puso una pancarta bastante 'light' pidiendo diálogo en el patido de Champions contra el Olympiacos. Ambas asociaciones tienen previsto repartir 70.000 cartulinas con el lema "libertad presos políticos".

Eso, según la asociación, no representaba los sentimientos mayoritarios de Cataluña y acto seguido Bartomeu, el presidente del club, fue tachado en las redes sociales como 'botifler', traidor en catalán. En el resto del país le consideran casi un peligroso independentista, también porque el Barça hace comunicados en los que su posicionamiento es claro a favor del derecho a decidir, pero en el ambiente de Barcelona, tan tenso en las últimas semanas, no vale con los enviar notas de repulsa, hay que ser casi un monje de la causa.

Esta vez el Barcelona reaccionó rápido. El comunicado era escueto pero contundente, lamento por las encarcelaciones, volver a hablar del diálogo y el respeto, un llamamiento a la serenidad y un recordatorio de los compromisos con las libertades y los valores democráticos para construir puentes que ayuden a resolver el conflicto... Casi valdría la misma plantilla que en las otras ocasiones porque el proceso cambia, pero la originalidad brilla por su ausencia.

La palabra del FC Barcelona no es una más, el club polideportivo se dedica a jugar todos los fines de semana en un montón de disciplinas pero, como gritan con fortuna en su lema, es bastante más que eso. Es una institución central en la ciudad y en la autonomía, más poderosa e importante que cualquier otro club en relación a su entorno. La historia viene de lejos, pero los tentáculos que unen a la sociedad y al Barça se han fortalecido aún más en los últimos tiempos. Con comunicados, con banderas y con todo el folclore del independentismo, casi siempre mayoritario en el Camp Nou.

Y además, fútbol

Sí, también se jugará al fútbol. En este océano de política que va salpicando a todo, este 'proces' heliogábalo capaz de fagocitar todo lo demás aún deja un poco de espacio para que por las rendijas se cuele el deporte, ahora secundario y utilizado como lienzo para trazar pancartas. Eso al Barcelona le va, por el momento, muy bien. Líder en la Liga, por el momento solo se han dejado dos puntos en todo el campeonato, los del Wanda Metropolitano, que en todo caso son disculpables, pues se fueron contra uno de los grandes del torneo. Lo demás, perfección. De resultados, y este matiz es importante.

Porque el sábado pasado, contra el Athletic, el equipo pidió la hora en los últimos minutos. Y no es la primera vez que los tres puntos de la victoria caen a favor del Barcelona pero más por acciones concretas que por una idea de juego bien definida que lleva a dominar los partidos. Es decir, el Barcelona está ganando de una manera similar a la que lo hizo el Real Madrid la pasada temporada, que no siempre era brillante, pero de un modo u otro se las apañaba para encontrar lo suficiente para ganar. Ni un gramo más que eso.

Entre los héroes hay nombres de siempre y otros un poco menos habituales. Que Messi brille, marque y sume puntos es una rutina similar a que el sol salga por el este cada mañana de verano. Día sí y día también el argentino pisa el césped como el contable la oficina, descacharra a los rivales y se va a cenar tranquilo. Si el Barcelona es campeón de Liga, y a estas alturas de noviembre parece el único candidato sólido, será sin duda por el genio del de siempre. Junto a él se pueden poner algunos héroes menores, como Marc Andre Ter Stegen, parando cada semana a ritmos altos y deteniendo las ofensivas que no siempre alcanza a controlar la zaga blaugrana. O el insospechado Paulinho, que se le tomó a pitorreo cuando llegó y ha resultado ser un jugador realmente para el equipo porque tiene pundonor, físico y hasta marca goles.

En el extremo opuesto está Luis Suárez, delantero de primerísimo nivel que no da una derechas. Se le ve enfadado con el mundo, desorientado en un equipo que se ha quedado sin Neymar y con la mirilla desorientada. Valverde, que ha tenido que coser docenas de problemas en este equipo después de un nefasto verano, aún no ha encontrado la manera de que el uruguayo reme en la dirección de sus compañeros. De él se supone que aparecerá en algún momento, pues no es Arda o Andre Gomes a los que ya hace tiempo que la grada perdió su fe.

Y enfrente, el Sevilla. Suena a grande, a test de verdad, y probablemente lo sea, no hay tantos equipos en el campeonato como para despreciar a uno de los que se ha mostrado más consistentes en la última década. Es verdad que el proyecto de este año, el de Berizzo, el primero sin Monchi, no está teniendo la regularidad soñada. Lo mismo hacen un gran partido contra el Spartak que caen con estrépito en Moscú. Están, de hecho, teniendo problemas importantes para jugar fuera de casa y mostrarse competitivos. Algo que necesitarán en el Camp Nou, donde habrá banderas, pancartas, consignas, reivindicaciones y, por supuesto, fútbol.

Apoyo en silencio del Palau Blaugrana

La afición que acudió este viernes al Palau Blaugrana para ver el Barcelona-Olympiacos de Euroliga mostró su apoyo a los encarcelados en un acción reivindicativa organizada por Sang Culé, Dracs 1991 y PBB Meritxell, tres grupos de animación de la sección de baloncesto.

Durante los primeros cinco minutos del partido, los espectadores se mantuvieron de pie y en silencio. Lo único que se escuchó en recinto fue el ruido que generaban las acciones de los jugadores y los gritos del banquillo griego. Según informa 'RAC1', el club colaboró y no hubo 'speaker', ni animadoras ni música en ese tiempo. Después, los casi 6.000 aficionados comenzaron a gritar "Llibertat, Llibertat!" (¡Libertad, libertad!) y "No esteu sols!" (¡No estáis solos!).

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