los blancos suman tres puntos más

Isco, el alma ratonera del Madrid cuando la defensa del rival se cierra

El jugador malagueño marcó los dos goles y fue el mejor en la victoria de los blancos contra el Espanyol. Se crece cuando los espacios menguan, como le pasa a Benzema y a diferencia de Bale

Foto: Isco le enseñó el camino al Madrid ante el Espanyol. (Reuters)
Isco le enseñó el camino al Madrid ante el Espanyol. (Reuters)

El Real Madrid tiene dos almas, y con ellas convive. Son dos maneras de interpretar el fútbol, por un lado la que marca el ímpetu y la contra, por otra la del control absoluto del juego y el fútbol de salón. Las dos pueden ser efectivas. En ocasiones es todo reacción a un rival, porque tiene las herramientas suficientes para optar por un plan y otro. El equipo, como tal, puede hacerlo, pero no todos los jugadores son capaces de brillar en todas las ocasiones. Contra el Espanyol brilló Isco, por sus dos goles y por su partido general. Y no es casualidad, al contrario, los catalanes propusieron un partido cerrado y con pocos espacios y él, de pie fino, fue de los pocos capaces de encontrarlos.

Isco se agranda cuando los rivales le enciman, les hace cucamonas, les esconde el balón y les sorprende como buen prestidigitador. Magia, que llega el malagueño. En la primera mitad las ocasiones se acumulaban, casi todo el fútbol llegaba del mismo jugador, que en ocasiones opta por romper una línea con un recorte y en otras con encontrar siempre al compañero con más ventaja. En la segunda, cuando al Madrid se le agotaron las pilas, fue el único en poder dar pausa y raciocinio al juego.

Notó el Madrid que no estaba Benzema porque este, más que ninguno, era un partido para el francés. Cuando las líneas se cierran y los espacios se agotan es el hombre más feliz del mundo. Lo ha demostrado en mil ocasiones, cómo se mueve, juega de espaldas, descarga los balones que le enseñan otros y racionaliza un ataque que no ve siempre la jugada. Benzema, además, tiene la ventaja de jugar por el centro y desbloquear así al mejor delantero del equipo, Cristiano Ronaldo.

Porque Cristiano, con la defensa amurallada, prefiere sorprender que estar estático. Se le ve realmente incómodo teniendo siempre alguien encima, y cuando le acompaña un nueve fijo se puede desentender y buscarse las habichuelas en otros lados. El luso es brillante e incluso en partidos que le vienen algo peor encuentra la manera de sacarse de la manga un par de remates con peligro, pero, por lo general, prefiere posiciones que no son la de ariete. Su movilidad ha bajado, pero no tanto como para querer convivir con dos centrales.

El jugador que ahora es Nacho

Hubo un rato en el que los blancos se gustaron. Isco por el centro dominaba y encontraba a Kroos, este domingo más atinado que Modric. Los laterales, Achraf y Nacho, se sumaban con alegría a ver si abriendo el campo se abría también la defensa periquita. Es muy notable la evolución futbolística de Nacho, un jugador que era limitado, más de oficio que de talento, y se ha ido poco a poco convirtiendo en un defensa muy notable. Ya no es solo cumplidor, es que cuando coge el balón lo utiliza con criterio.

En la segunda mitad se desdibujaron todos esos buenos jugadores, bajaron un par de niveles y el Espanyol llegó, incluso, a soñar con dar un susto al Madrid. No sería algo tan extraño, ya antes lo consiguieron Valencia, Levante y Betis. Se aprovecharon los catalanes del bajón físico que sufrió el equipo. Hay una mezcla de factores diversos. Por ejemplo, que está en un valle de forma, cogiendo fuerzas para momentos de temporada teóricamente más difíciles. También la fatiga de haber jugado y ganado un notable partido entre semana. Y, por último, que no es la misma ilusión jugar contra el Espanyol que contra el Dortmund y hay cierto ahorro de carreras en estos días en los que uno no se viste de gala.

El partido del Espanyol, un equipo ordenado y capaz, empujó a Asensio a no estar del todo brillante. Él es de otra pasta, no tanto de la de Isco o Benzema sino más similar, con todas sus diferencias, a lo que puede ofrecer Bale, uno que no estaba en el Bernabéu por una ligera molestia pero que, de haber estado, no hubiese disfrutado nada del encuentro que se proponía en esta tarde de octubre.

Al mallorquín, aunque en menor grado que a su compañero, también le gustan las praderas abiertas y sufre cuando los espacios son exiguos. Tiene fútbol sobrado para encontrarse cómodo en un futuro, esto también se aprende y su control del esférico y toque de balón pueden dar en un futuro un jugador muy capaz en estos días. De momento, en todo caso, no lo es. Y, además, se le nota pesado de piernas en tiempos recientes, más que a ninguno, algo falto de chispa.

Todo esto en una faena de aliño, que el Madrid tiene que solventar estas tardes pero solo se deja disfrutarlas a medias. Y los tres puntos y ganar en casa son cosas que para los blancos están ya en el terreno de la necesidad. Queda mucha Liga, sí, pero como el inicio ha sido dubitativo -más en resultados que en fútbol- el margen de maniobra se ha reducido súbitamente.

Los blancos se abstrajeron también de la cuestión política, tan presente en el 1 de octubre. El club, que se ve más como una multinacional que como un equipo de barrio, hace lo posible porque la política no salga por ningún lado. En los alrededores del estadio se dieron banderas de plástico. Una asociación pidió que las sacasen en el minuto 12. Eso se hizo, con la canción 'Qué viva España' de Manolo Escobar -gran barcelonista- como banda sonora fue un minuto en una tarde de fútbol. Normal, sin sobresaltos, con victoria local, con un rato de juego y otro de tedio. Un día normal en el que solo Isco, la autoridad, se salió de la lógica y dominó el partido.

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