su cláusula es de cien millones de euros

Griezmann machaca al Madrid, pero no se cierra la puerta para ir en el futuro

El delantero del Atlético demostró una tarde más que está entre los mejores del mundo. Su duende dio un punto y este verano, sin lugar a dudas, será aliciente en la rumorología del mercado del fútbol

Foto: Griezmann observa un balón desde el suelo. (Reuters)
Griezmann observa un balón desde el suelo. (Reuters)

La mañana comenzó con un titular de L'Equipe que ponía a Griezmann en el Real Madrid y eso, en la cosmovisión atlética, es sinónimo de intento de desestabilizar. Aunque cabría preguntarse cuál es el interés que pueda llegar a tener un periódico de prestigio editado en París en lo que pase o deje de pasar en un derbi madrileño, lo cierto es que los análisis sobraban: el mencionado no se iba a ir de un partido por los cantos de sirenas que se imprimen en papel.

Los mejores jugadores del mundo, y Griezmann forma parte de esa corta lista, pelean cada partido sin importar en absoluto el ruido ambiental que haya. Lo hacen porque los genes que les llevan a estar entre los grandes son los que les recuerdan que un encuentro es una nueva oportunidad de seguir generando titulares, de ampliar la leyenda personal e ir dejando recuerdos en el espectador. Griezmann tiene la necesidad de sobresalir, así lo hacen siempre los buenos. Y más aún en un partido en el que se implican hasta los que no viven el fútbol a diario.

Griezmann entró en el Bernabéu sabiendo que las posibilidades de su equipo pasaban en buena parte por lo que circulase el balón por sus botas. Salió de allí con la misión cumplida, con un gol importante y un punto que en el Calderón sabe a gloria, porque en el minuto 85 las esperanzas ya empezaban a marchitarse. Un cambio incomprensible de Zidane y el duende de un tipo de Mâcon cambiaron las tornas de lo que siempre parece inevitable, que el pez gordo se dé un atracón y amordace a su rival en el último rato del partido. No, esta vez la amargura lleva camiseta blanca.

Griezmann es uno de los cinco mejores jugadores del mundo y juega en el Atlético de Madrid. Esa frase, en sí misma, encierra lo mejor que le ha aportado Simeone al club. Su presencia en el Calderón ha hecho del equipo rojiblanco uno de esos que puede tener en su plantilla a los mejores talentos. Mejor aún, ha conseguido que estos no estén necesariamente de paso. Hace no tantos años esto no era una posibilidad. El equipo aspiraba a la Champions, no como ahora, que la ocupa con naturalidad, asumiéndola como su lugar en el mundo. Las grandes estrellas no están para luchar clasificaciones, viven por y para los títulos. Por eso ahora el Atlético da el perfil que antes no tenía.

Lo cual no quiere decir que sus jugadores sean intocables. El Atlético, futbolísticamente, tutea a cualquiera, pero su economía sigue pareciéndose más a la de un equipo medio alto que a la mesa del casino donde cualquier fichaje es posible. El pasado año, el francés renovó. En sus negociaciones, eso sí, consiguió que la cláusula de rescisión no se desbocara. Hay algo de salvaguardia en el movimiento, Griezmann piensa, como otros, que las circunstancias en el Atlético pueden cambiar. No tiene el poso del Madrid o el Barcelona, clubes que sobrevivirían sin inmutarse a un huracán. Aquí puede ir todo bien, pero también puede marcharse Simeone y entonces... nadie lo sabe en realidad. El optimista pensará que estos años han servido para crear una estructura sólida. Otros temen la simple idea de un Atlético sin el técnico de la gloria.

Después de mucho hablar Griezmann terminó acordando una cláusula de 100 millones de euros. Que suena a mucho, pero no lo es. El fútbol es una especie de burbuja inmobiliaria eterna en la que los precios no paran de subir. El pasado verano el United pagó más de eso por Pogba, un buen jugador que no aspira ni en sueños a ser Griezmann. La Juve se dejó más de 90 en Higuaín, un delantero al que nadie en su sano juicio pondría en una lista por delante del de Mâcon. Y este año será peor, o mucho mejor si usted es agente de futbolistas y, casualmente, está leyendo este texto. Se habla de más de cien millones por Dybala, de una oferta mareante de China por Diego Costa o cantidades estratosféricas por Mbappé.

Sergio Ramos vio en primera fila la chilena de Griezmann, aunque fuese en fuera de juego. (EFE)
Sergio Ramos vio en primera fila la chilena de Griezmann, aunque fuese en fuera de juego. (EFE)

"¿El Madrid? No descarto nada"

Pues bien, en ese contexto de mercado opera Griezmann. El Manchester United, que es el perejil de todas las salsas, parece muy interesado. El Real Madrid, con pacto de no agresión o sin él, siempre aspira a dar estos talegazos al mercado. El PSG es un equipo francés que disfrutaría mucho teniendo en sus filas al mejor jugador francés. En realidad, cualquier equipo haría encantado un hueco para un delantero con pies de seda, que pasa, se desmarca, regatea, tira, es inteligente y defiende. Hasta tiene pinta de príncipe de cuento, perfecto para vender camisetas y pósters.

Que habrá pujas no se duda, el tema está en ver la disponibilidad del jugador. Y eso tiene mucho que ver con la ambición de su club. Las estrellas como él quieren cobrar una morterada, por descontado, pero de nada les vale el dinero si este no conduce también a la gloria deportiva. Para continuar en el Atlético le tienen que ofrecer que el Atlético siga siendo lo que es hoy, un equipo que sueña, que pelea y que no se cansa de desafiar a los más grandes. Tiene eso un punto de picante para él, ser la estrella indiscutible del equipo más rebelde.

Él, de todos modos, es escrupuloso en su intento de no cerrar puertas. Cuando se le pregunta por la noticia de L'Equipe, esa que le pone en el Madrid, responde "no descarto nada, pero estoy feliz en el Atlético", una de esas sentencias que por sí mismas son capaces de congelar el torrente sanguíneo de cualquier colchonero. Las palabras se las lleva el viento, pero él sabe de otros que prometieron amor eterno y luego, cuando la relación se truncó, lo único que consiguieron fue el odio visceral de una grada entera. En realidad, si todo esto desemboca a un mundo con Griezmann de blanco, nada ni nadie podría evitar pitadas históricas en el Calderón. El fútbol es así.

Lo que no es una posibilidad es que no se hable de una hipotética salida. Todos los elementos que se ven en esta mesa conducen a la especulación, porque esto es un mercado que se mueve y tiene vida propia. Por más que quisiese, el Atlético no puede embridar los rumores. Los futuribles, que tanto gustan, en realidad valen para bien poco. Lo más importante para este club es que el jugador siga, partido a partido, luchando por reivindicarse como un ídolo.

Por el momento, los aficionados rojiblancos le adorarán sin límites siempre que, como en el Bernabéu, marque gol y vaya corriendo hasta el fondo, se baje la media y enseñe el nombre de Mía. Un año cumple la niña, esa que le hizo dejar de tintarse el pelo porque, como él mismo dijo, ya no estaba la cosa para hacer tonterías. Esto también muestra algo de Griezmann, una evolución. En otros tiempos se podía pensar en él como un ente gaseoso, alguien con cierta tendencia al despiste. Ahora ni se pasaría por la cabeza esa opción, es un hombre con una misión y va a lograrla. En el Wanda Metropolitano o donde le lleve el mercado. Para eso aún queda un tiempo.

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