Todo lo que Parejo originó lo cerró Diego Alves, el que para más penaltis que recibe
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mucha polémica en la victoria del valencia

Todo lo que Parejo originó lo cerró Diego Alves, el que para más penaltis que recibe

Tenía pinta de que iba a ser un gran partido y lo fue, sin ninguna duda. Tres penaltis en la primera parte pusieron emoción, pero el Valencia mandó

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La familiaridad con la tensión futbolística no resuelta entre Valencia y Sevilla no es motivo suficiente para que deje de sorprender, de poner nervioso incluso al aficionado imparcial, ese que está en su casa sin nada mejor que hacer y se engancha al partido del Plus y no se mueve de su asiento ni si su vejiga estuviese a punto de estallar o el pizzero llame al telefonillo. ¿Por qué? Porque no es fácil olvidar los últimos episodios que han vivido estos dos equipos frente a frente; porque hay jugadores que han cambiado sus camisetas y se enfrentan a aquéllos que les hirieron; y porque había sólo dos puntos de diferencia en la clasificación (ahora hay uno después de que el Valencia ganase 3-1) y el premio es la Champions, que no es moco de pavo.

Cuando se sobrepasaba por dos minutos la media hora de juego, este texto estaba destinado a versar sobre Daniel Parejo. Porque marcó los dos goles que distanciaban al Valencia y porque es muy bueno y lo estaba demostrando, por qué no decirlo. Pero lo bonito de este deporte es lo mucho que puede cambiar en tan poco tiempo y lo que eso origina en el texto de un analista.

Poco después de ese instante donde la superioridad de Parejo acaparaba la atención, el ritmo del encuentro cambió y poco se podía hablar entonces del capitán del Valencia. Se podía decir que es la mitad de su equipo por coraje, calidad y capacidad indiscutible de liderazgo en la medular. No estaba destinado físicamente para ser un portento en el medio, pero lo es. Se podía decir también que con su doblete se convertía en el máximo goleador de su equipo, lo que dice muchísimo de la capacidad goleadora che. Y se podía decir también que sin él, el centro del campo albinegro es potencia sin control.

A partir de ahí, el análisis se extiende a la incapacidad creativa del Sevilla ante una medular que era terriblemente superior en cuanto a entrega, colocación y conocimiento constante de las necesidades del juego (todo eso lo tienen, otra cosa es que les salga siempre). El doble pivote más físico que técnico es indiscutible para Emery. Libera del trabajo a Banega pensando que va a disfrutar de más libertad así, pero con cuatro interiores en el rival, los espacios por el centro, donde se siente cómodo el argentino, eran del todo inexistentes. Y para que funcionase algo en el Sevilla tenía que ser Deulofeu el que desequilibrase. El problema es que a veces se desequilibra incluso a sí mismo.

Nunca es sencillo aproximarse a la realidad que vive un jugador que se enfrenta al que ha sido su equipo. Algunos vivirán una sensación de añoranza, otros de rabia y venganza y algunos sentirán sincera indiferencia. Banega volvió a Mestalla para ser abucheado cada vez que la olía. Negredo no iba a celebrar ningún gol que le hiciera al Sevilla, y tampoco celebró los que no le hizo. Y casi la mitad del Valencia (Cancelo, André Gomes, Rodrigo y Enzo) perdió en los penaltis la Europa League en Turín, y este 3-1 es una mínima compensación de aquel batacazo que se metieron con el Benfica, uno más del estigma Guttman.

Al final uno siente que los jugadores de ambos equipos y muchos aficionados que han visto el choque han tenido que perder años de vida. No puede ser sano estar con las pulsaciones al límite durante noventa minutos, si bien el cuarto de hora del descanso sirve para rebajar tensión con la Coca-Cola y el bocata. Esa cantidad de penaltis, pitados o no, que se vieron sobre la acequia de Mestalla darán que hablar tanto como el gol ilegal de M’Bia en la ida de las semis europeas entre estos equipos del curso pasado.

Dos fueron y no se pitaron, y los dos los sufrió Rodrigo. Otros dos sí fueron y sí se pitaron. Uno lo marcó Parejo y otro lo falló Bacca. Otro no fue y se pitó, y éste sí lo mandó para dentro el colombiano. El juego de pillo de Diego Alves sirvió en el segundo penalti. Que le dejara más de dos tercios de portería libres a Bacca no impidió el primer tanto, pero sí el segundo. Bacca cambió de lado, Diego no y volvió a parar otro penalti, lo cual ya parece más sencillo para él que encajarlo.

Ganó el equipo que más sabe adaptar un partido a sus necesidades, que no adaptarse a lo que dé de sí el partido, que no es lo mismo. El Valencia lleva los encuentros a su terreno: el terreno de la intensidad, de la reducción de espacios a la mínima esencia, a la lucha constante. Si acierta a meter los goles, el Valencia es un equipo casi imbatible. Lo que pasa es que no siempre la sabe meter y por eso tiene que ir Javi Fuego a hacerlo con la izquierda, la que usa para apoyarse. Y después de esto, el más contento es el Atleti, que ahora tiene a su perseguidor a tres puntos.

Ficha técnica:

3. Valencia: Diego Alvés, Cancelo, Mustafi, Otamendi, Gayá; Fuego, Parejo, Enzo Pérez, Andre Gomes (Orban, m.80); Rodrigo (De Paul, m.88) y Negredo (Alcácer, m.84).

1. Sevilla: Beto, Coke, Carriço, Nico Pareja (Aspas, m.80), Diogo; Krychowiak, Iborra, Deulofeu, Banega, Vitolo (Denis Suárez, m.65) y Bacca (Gameiro, m.70).

Goles: 1-0, m.18: Parejo, de penalti. 2-0, m.33: Parejo. 2-1, m.36: Bacca, de penalti. 3-1, m.56: Javi Fuego.

Árbitro: Jaime Latre (C. Aragonés). Amonestó por el Valencia a Parejo, Javi Fuego, Enzo Pérez, Gayá, Otamendi y Cancelo, y por el Sevilla a Diogo y Banega, Krychowiak, Iborra y Vitolo.

Incidencias: Partido correspondiente a la jornada 20 de la Liga BBVA, disputado en el Camp de Mestalla ante 50.000 espectadores.

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