el italiano exprime a la plantilla

La luz de alarma encendida por Toni Kroos sigue sin ser apagada por Ancelotti

Aunque las victorias caen como churros, las bajas obligan a exprimir a su plantilla. Algunos, como el alemán, empiezan a dar síntomas de fatiga

Foto: Toni Kroos con los brazos en jarra durante la visita del Real Madrid a La Rosaleda.
Toni Kroos con los brazos en jarra durante la visita del Real Madrid a La Rosaleda.

Cuesta abajo y sin frenos. El Real Madrid atesora victorias con una suficiencia insultante. La última ante el Almería supuso la vigésima (75 goles a favor y 10 en contra) de forma consecutiva. Cifra que deja a los blancos a nueve triunfos de las 29 que entre 1971 y 1973 empalmó el Benfica dirigido por el mítico Eusebio, 75 goles a favor y 10 en contra. Algo más cerca quedan las 22 del PSV Eindhoven entre 1987 y 1988 y las 25 que entre la temporada 2003 y 2004 amasó el Celtic de Glasgow. La maquinaria luce engrasada. Los goles de Cristiano (32 en lo que va de curso, 25 de ellos en 14 jornadas de Liga) no dan tregua y los rivales caen como chinches, uno detrás de otro.

Un dominio arrollador no exento de aristas que quién sabe si a final de curso podrán erigirse en una rémora para las altaneras expectativas merengues. Si en ataque y en defensa las cosas marchan, en la medular el equipo se rompe en lo que a bajas se refiere. Los quebraderos de cabeza comenzaron el 16 de noviembre, cuando Luka Modric sufrió un arrancamiento en el tendón proximal del recto durante un partido con Croacia. Una lesión de lenta recuperación que afecta a su disparo y que dejaba al equipo huérfano de una de sus mascarones de proa en la zona de creación y contención. Hace ocho días, James Rodríguez se veía obligado a parar debido a una lesión muscular de grado I en el gemelo interno de la pierna derecha. Kroos era el único de los intocables sano. Ha jugado íntegros todos los partidos excepto dos de Liga (Athletic y Levante), tres de Champions (los dos ante el Ludogorets y uno ante el Liverpool), así como la vuelta de la Supercopa de España en el Calderón.

Una sobreexplotación de facultades que ha mermado el rendimiento del jugador en las últimas citas y en su día nos dejaba una sorprendente rajada. En tono jocoso, sí, pero el mensaje parecía claro. "¡No veo la hora de que llegue el verano. Este año jugué toda la segunda vuelta con el Bayern, después disputé todos los partidos del Mundial, luego jugué las Supercopas con el Real Madrid y ahora no me pierdo ningún partido. No había jugado más en toda mi vida. Estoy empezando a cansarme y para colmo, en España no hay parón en enero, como en Alemania. Así es que habrá que ir tirando. Supongo que me darán descanso en algún momento", declaraba en una entrevista concedida a la prensa alemana. Se equivocaba. Pese a conceder que estaba “un poco cansado”, Ancelotti lo alineó los 90 minutos frente al Málaga en La Rosaleda.

El martes ante el Ludogorets, en el cándido encuentro que cerró la fase de grupos de la Champions, Ancelotti agitó el cesto en el minuto 60 con un doble cambio. Marcelo dejaba su sitio en el lateral zurdo a Coentrao y Kroos hacía lo propio con el ilusionante regreso de Jesé Rodríguez. Y hasta ahí. Un respiro casi inapreciable. Tres días después, en la apacible visita a Los Juegos del Mediterráneo, Carletto recuperó su indispensable rutina. El todoterreno alemán se mantuvo en el verde durante los 90 minutos, un día donde Ancelotti sólo echó mano a una de las tres sustituciones (Coentrao por Benzema, minuto 85).

A su llegada a Chamartín el pasado verano, el ‘todocampista’ nacido en Greifswald que el próximo 4 de enero cumplirá 25 años se definía como un tipo trabajador y tímido, aunque con carácter. Pese a las distendidas palabras a la prensa teutona, en la capital del reino el rubio no ha elevado el tono. Hasta la fecha, en su carrera sólo se le han conocido dos puntos de fricción. Ambos ocurrieron durante su etapa en el Bayern Múnich. El primero tuvo lugar con Jürgen Klinsmann, cuando el actual seleccionador estadounidense no le daba bola en el equipo muniqués. Luego, llegó Louis Van Gaal y su concepción de Thomas Müller como centrocampista, decisión que también le condenó al banco con el consiguiente malestar. Paradójicamente, en el Real Madrid el mosqueo reside en la acumulación de minutos que pesan como losas en sus piernas. Ni tanto, ni tan calvo.

Del mismo modo, la ausencia de James Rodríguez se elevaba unas circunstancias sobrevenidas que no han dado lugar a otra opción. Isco, Khedira, Illarramendi, o incluso la perla de los mirlos, Álvaro Medrán, rotaban para ser los acompañantes de un Kroos para quien los días de asueto son fruta prohibida. "El problema de James es pequeño y esperamos recuperarle para el último partido del Mundial de Clubes. Ha empezado a correr, va a hacer trabajo individual y esperamos que se incorpore el próximo jueves", comentaba Ancelotti en la antesala de la última victoria del equipo. Un título que las vitrinas del Bernabéu añoran. La competición comenzó el pasado sábado, con la disputa de unos cuartos de final que dirimieron que el Cruz Azul mexicano será el rival de los madridistas en las semifinales del próximo martes (20.30 horas) tras superar en una épica prórroga al Western Sydney australiano (3-1).

Otros, como Cristiano Ronaldo, enfrascado en una continua batalla contra Messi, él mismo y los elementos, tuercen el gesto cuando les cambian. El luso es un animal competitivo que no quiere oír hablar de respiros. Algo que sólo ha ocurrido en cinco partidos en lo que va de temporada: dos ratitos en Liga (Eibar y Celta), uno en Champions (Liverpool) y en los dos partidos de la Supercopa de España frente al Atlético de Madrid. En Anfield, a Ancelotti no le tembló el pulso a la hora de quitar del terreno de juego al buque insignia del equipo blanco. "Tenía pensado darle descanso a Cristiano si las cosas iban bien”, dijo a la conclusión del choque tras el ‘no’ de Messi a Luis Enrique a ser sustituido ante el Eibar en el Camp Nou. “La mejor manera es quitarle sin preguntarle nada", explicaba. Ante el Celta, Cristiano le dijo que aún se podía dar otra carrerita, pero, con su enésimo hat-trick y con todo decidido, Carletto dijo basta. ¿Podrá algún día hacer lo mismo con el irremplazable Kroos?

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