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Con un Messi gris en el Bernabéu, el récord de Zarra continúa intacto
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el argentino se quedó sin marcar ante el Madrid

Con un Messi gris en el Bernabéu, el récord de Zarra continúa intacto

El máximo goleador en la historia de los Clásicos no pudo marcar ante su víctima favorita, algo que le impidió asaltar el récord de Zarra y ahorró un disgusto al rival

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Tras su gol ante el Eibar, Leo Messi se quedaba (al menos de forma oficial) a un gol de igualar el récord de máximo goleador en la historia de Primera División que todavía ostenta Telmo Zarra (251). Caprichos del destino, en este contexto, llegaba el Clásico como la primera cita de la temporada marcada en rojo en el calendario. Era uno de los alicientes del partido. Horas de debate en torno a la morbosa escena: el Santiago Bernabéu rindiendo homenaje al que para muchos es el mejor jugador del mundo. Al final el argentino fue contenido,evitandoel escarnio auna parroquia rivalque no estaba dispuestaa conceder ni un aplauso. Al enemigo ni agua. Era la consigna que retumbaba en los aledaños de Concha Espina.

El rostro cariacontecido con el que Messi abandonaba el césped del Santiago Bernabéu condensaba el sentir de una estrella abatida. Pese a ser uno de los más destacados, el argentino no anduvo fino. Y eso que arrancó el choque exultante de energía. A los diez minutos, Gil Manzano le mostraba impertérrito una amarilla merecida. Primero apresó las piernas de Modric con una tijera en banda. Luego se lanzó con todo ante Toni Kroos. Aunque intentó recoger la pierna a tiempo fue demasiado tarde. Neymar aprovechó el tempranero cortocircuito de la zaga madridista para silenciar a un Bernabéu entregado a la causa con más efusividad que de costumbre. Enfrente estaba el Barcelona y eso se nota.

Más allá de perder el duelo individual con su némesis, Cristiano Ronaldo, en su cabeza se lamentaba de la oportunidad que desperdició en el minuto 22 de partido. Con 0-1 en el marcador y en pleno vendaval de juego azulgrana, Luis Suárez embistió por el carril diestro con insultante superioridad. Tras otear el centro, vio la llegada de su compañero y puso un centro raso con el interior. El balón medido sorteó a la confusa zaga madridista y a Casillas. Sin embargo, el remate ajustado con la zurda no pudo con el ángel de la guarda del portero mostoleño que salvó el balón de manera prodigiosa. Una forma inmejorable de redimirse ante el mundo y consigo mismo.

Un remate que pudo cambiar el signodel choque al tiempo que hubiera provocado una situación muy incómoda en la capital del reino. Tras la oportuna intervención de Casillas. En la anterior acción, el astro argentino se había zambullido en el área con el cuero pegado a su bota, pero su disparo volvió a atajarlo el capitán blanco. Suárez miraba a Messi incrédulo. El uruguayo fue una de las gratas sorpresas de la noche, tal y como reconocía Luis Enrique en la rueda de prensa posterior al choque. “Físicamente ha aguantado más de lo que imaginaba”, comentó el técnico asturiano en sala de prensa. En la segunda parte, el Barcelona se vio sorprendido ante la capacidad del Real Madrid para disputarle la posesión (45% de los locales por el 55% de los catalanes) y matar a la contra. Messi, atrapado entre dos mundos, no pudo hacer más que filtrar un par de pases plagados de intención, mandar un libre directo a las nubes y desequilibrar por la derecha para enviar un centro manso a las manos de Casillas.

El rey de los Clásicos se queda sin botín

Una tarde gris para un tipo que había marcado ocho tantos en cinco de las últimas seis visitas a Chamartín. Y es que como buen culé, por encima de cualquier rival, el Real Madrid siempre ha estado en el centro de su diana. Los blancos son su víctima predilecta. Con el máximo rival se estrenó a lo grande: con un ‘hat-trick’ en la vuelta de la Liga 2006/2007 disputada en el Camp Nou (3-3). En su último choque hasta el sábado, correspondiente a la vuelta liguera que también acogió el Bernabéu, Leo ajustició con otro triplete (3-4). En total han sido 21 goles, 17 de ellos con Casillas de portero y 12 en el feudo madridista, en 29 partidos (13 victorias, 9 derrotas y 7 empates). El sábado no pudo ser. La furia de este animal competitivo al que se le inyectan los ojos en sangre siempre que juega con el Real Madrid, no mordió.

Tras su gol ante el Eibar, Leo Messi se quedaba (al menos de forma oficial) a un gol de igualar el récord de máximo goleador en la historia de Primera División que todavía ostenta Telmo Zarra (251). Caprichos del destino, en este contexto, llegaba el Clásico como la primera cita de la temporada marcada en rojo en el calendario. Era uno de los alicientes del partido. Horas de debate en torno a la morbosa escena: el Santiago Bernabéu rindiendo homenaje al que para muchos es el mejor jugador del mundo. Al final el argentino fue contenido,evitandoel escarnio auna parroquia rivalque no estaba dispuestaa conceder ni un aplauso. Al enemigo ni agua. Era la consigna que retumbaba en los aledaños de Concha Espina.

Leo Messi