Simeone consoló a un Martino que se marchó matando con Xavi de suplente
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El cholo SE MANTUVO FIRME en todo momento

Simeone consoló a un Martino que se marchó matando con Xavi de suplente

Ya con la Liga en el bolsillo, el Cholo Simeone buscó a su compañero. Abrazó y consoló al enemigo, al Tata, después de compartir alegría con todos los suyos

Foto: Martino y Simeone, instantes antes del comienzo del Barcelona-Atlético (Reuters)
Martino y Simeone, instantes antes del comienzo del Barcelona-Atlético (Reuters)

Simeone negaba con la cabeza. Martino resoplaba, se descamisaba y lo hacía con Xavi en el banquillo. Morir matando que se dice. El rojiblanco no se creía lo que estaba pasando. El azulgrana, menos todavía. Uno veía cómo su teoría del 'partido a partido' y su traje negro, el de la suerte, le llevaban a la conquista del título y el otro ya pensaba en Rosario y en ese amargo viaje de vuelta sin una Liga que Real Madrid y Atlético se empeñaron en ofrecer una y otra vez.

Ya con la Liga en el bolsillo, Simeone buscó a su compañero. Abrazó y consoló al enemigo después de compartir alegría con los suyos. Después aplaudió a sus seguidores, para después hacerlo con el Camp Nou. Terminó en el banquillo, riendo sin parar, mientras se hacía con un teléfono para seguir compartiendo esa alegría que ha llevado a todo el universo rojiblanco.

Al poco de empezar, Simeone no se creía lo que pasaba. Primero Diego Costa. Después Arda. Uno tocado y al otro le castigó el fútbol. Una entrada sin más de Cesc le dejó fuera de combate. El argentino se acordaba de las lesiones, pero sobre todo de la derrota ante el Levante y el empate ante el Málaga, partidos en los que el Atlético se dejó la Liga.

Simeone no tocó el equipo. Cambió pieza por pieza. Se fue Diego Costa y entró Adrián. Se marchó Arda y buscó a Raúl García. Tenía fe en sus jugadores, no tanto enDiego Ribas, su petición de invierno y con el que apenas ha contado. Buscaba el milagro y lo hizo con los suyos, con los que le llevaron hasta el último día como líder del campeonato, los mismos que le han dado el título de Liga. Ni como tercer cambio entró el brasileño. Simeone tiró de Sosa por un frío Adrián.

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Mientras, Martino no paraba de pasear, gesticular, buscando esa inspiración que solo llegó a sus jugadores cuando Alexis largó ese zapatazo que convertía durante un rato campeón al Barcelona. El problema llegó cuando su equipo demostró que lo del trabajo de estrategia no va con ellos, tal y como demostró Godín.

A partir de ese momento, el Tata hasta se atrevió a sonreír y lo hizo con el gol anulado a Messi. No lo vio claro. Tanto como para, con la Liga perdida, tirar de Song y meter a Xavi con tan sólo un cuarto de hora por delante. Pequeña venganza con el segundo capitán.

En lo que no tuvo culpa el argentino fue en aquello de encontrarse a Pinto como suplente de Valdés. Messi ha estado más felizviendo al portero a su lado, pero el Barcelona se ha equivocado teniendo al andaluz como segundo. Un error, uno de los pocos que no se pueden colocar en el debe de Martino.

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