EL MADRID-BARÇA, DESDE LA SANTA SEDE

El Papa, aficionado al fútbol, no verá el Clásico porque a esa hora se va a dormir

El Confidencial ha comprobado cómo se vivirá el Clásico de la Liga española en la Santa Sede. El que fuera seleccionador de El Vaticano pronostica un 2-2

Foto: El San Lorenzo argentino ofrece al Papa, seguidor de este equipo, su trofeo del torneo inicial de 2013
El San Lorenzo argentino ofrece al Papa, seguidor de este equipo, su trofeo del torneo inicial de 2013

Dos a dos. Un salomónico empate es el pronóstico que hace Saverio Di Pofi del encuentro del domingo entre el Real Madrid y el Barcelona en el Santiago Bernabéu. Su condición de entrenador de la selección de fútbol que el Vaticano tuvo hasta el año pasado, cuando falleció el impulsor del equipo ‘nacional’ de la Santa Sede, Sergio Valci, y no volvieron a realizarse nuevas convocatorias, puede explicar que Di Pofi augure este resultado. En apariencia, nada más fraterno que un empate, sin vencedores ni vencidos sobre el campo. Pero este trabajador de la tipografía vaticana que llegó a jugar en la Serie C del Calcio italiano, equivalente a la Segunda B de nuestro país, tiene un motivo oculto para desear ese resultado: las tablas en el Bernabéu beneficiaría al equipo de sus amores en la Liga española, el Atlético de Madrid.

“Soy del Atleti desde que jugó en el Lazio el Cholo Simeone. Gracias a él conseguimos el Scudetto. Me encanta la fuerza y la garra que ha logrado transmitir a sus jugadores”, cuenta Di Pofi a El Confidencial. “El partido entre el Real y el Barça va a ser seguidísimo en el Vaticano. En principio cada uno lo verá en su casa, no hay previsto encuentros particulares”. Según dice, el fútbol es el deporte favorito de la mayoría de las alrededor de 4.000 personas que trabajan en la Santa Sede, buena parte de nacionalidad italiana. “Será un gran partido en el que el Madrid parte con cierta ventaja, pues hoy está en mejor situación que su rival. El Barça ya no es el equipo de hace dos años, ahora el mejor del mundo es el Bayern de Múnich”, asegura. “En cualquier caso, los dos tienen jugadores con capacidad para decidir el encuentro con una individualidad. Aquí lo vamos a vivir con mucha pasión, casi como si se tratase de un Roma-Lazio”.

Aunque la locura por el calcio se mantenga, el fútbol ha ido perdiendo protagonismo en los últimos años en la Santa Sede con el envejecimiento de sus empleados. “La edad media de los trabajadores está entre los 45 y los 50 años. Cada vez hay menos jóvenes, porque se contrata a muy pocas personas”, dice. Este hecho se debe a los intentos primero de Benedicto XVI y luego de Francisco para reducir el coste de la Curia romana y de la maraña de dicasterios y organismos que dependen de ella. “Antes teníamos 14 equipos en el Vaticano. Nos divertíamos mucho y era una oportunidad estupenda para conocernos entre nosotros. Todo estaba impulsado por Valci, que fue quien durante 40 años animó la práctica del fútbol entre los trabajadores de la Santa Sede. Llegó a ser el presidente de la selección y me eligió a mí como entrenador”, recuerda. El último partido se disputó el año pasado contra el equipo nacional del Principado de Mónaco. Ganó el Vaticano por dos a cero.

En alguno de los seis encuentros amistosos que han jugado los empleados vaticanos ataviados con la camiseta y las calzas amarillas y los pantalones blancos que distinguen a este combinado (luce los colores de la Santa Sede), entre el público no faltaban ni cardenales ni arzobispos. “Siempre que podía venía el cardenal Tarcisio Bertone, el antiguo secretario de Estado, que es un gran aficionado al fútbol. Es tifoso de la Juventus de Turín”. Al ser preguntado por cómo se comportaban los purpurados como aficionados, Di Pofi se ríe y contesta: “Estaban muy tranquilos. Son personas a las que les gusta el deporte y disfrutan con estos partidos”. También es un gran aficionado el Papa Francisco, pero es poco probable que vea el Real Madrid-Barça pues a las 21 horas, cuando comience el encuentro, es cuando suele irse a la cama, ya que se despierta bien temprano, a las 4:30 de la mañana.

Palabrotas sí; blasfemias nunca

En todos los partidos que ha visto y jugado tanto en la antigua liga interna del Vaticano como en los de la selección, el entrenador asegura que nunca escuchó a nadie blasfemando. “Alguna palabrota sí que se escapaba de vez en cuando. Hay un cierto grado de competición y todos queríamos ganar, pero siempre en medio de un estupendo ambiente”, se justifica.

Extinguido el campeonato de fútbol de la Santa Sede, el balón sigue rodando a la sombra de la cúpula de San Pedro con dos liguillas. Una de ellas la disputan los 11 equipos de fútbol sala formados por los empleados del Vaticano. “Los mejores son los agentes de la Gendarmería, pero también son buenos los Guardias Suizos”, sostiene el entrenador. El otro campeonato es la célebre Clericus Cup, disputada por los equipos de las universidades pontificias, seminarios, conventos y otros organismos de la Iglesia en Roma con presencia de jóvenes. Entre sus 16 equipos está el formado por los sacerdotes que viven en el Pontificio Colegio Español.

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