otra exhibición de juego contra el arsenal

Al final, lo fácil va a ser ganar con Guardiola, líder de la Premier y solidario con los presos

La última exhibición, contra el Arsenal, para acabar ganando 3-1. Pero no se habla de ello, sino de que Guardiola pide la libertad para los encarcelados por la independencia ilegal de Cataluña

Foto: Guardiola, con el lazo amarillo por la liberación de los presos políticos en Cataluña. (Reuters)
Guardiola, con el lazo amarillo por la liberación de los presos políticos en Cataluña. (Reuters)

Van a pasar los años, se retirará a Nueva York a descansar y a cenar con Garry Kaspárov y seguiremos creyendo que Pep Guardiola ha pasado a la historia del fútbol mundial por 'renunciar' a su españolidad en pos del independentismo catalán. Total, lo que ha ganado lo ganaría cualquiera. ¿Cómo no va a ser así? Si ha dispuesto allá donde ha ido de las facilidades más pomposas para construir una plantilla a su gusto con lo mejor que se encontró en los escaparates del mercado mundial. Así nuestra abuela también tendría dos Copas de Europa y las decenas de títulos que atesora en su palmarés. Y ahora se le ocurre decir lo que piensa sobre la actuación del Estado español tras la efímera declaración de independencia de Cataluña.

La importancia de su trabajo diario en los tres clubes que ha dirigido como profesional quedará para el olvido, al menos para la opinión pública mayoritaria en nuestro país. Habrá un reducido núcleo de resistencia que, a escondidas, se regocijarán con los análisis de cómo jugaban Barça, Bayern y Manchester City, y lo que esté por venir, que con el Pep nunca es sencillo de adivinar, ya que bien puede marcharse en un par de temporadas a algún otro grande del planeta o decidir que ya ha tenido suficiente y no volver a pisar un estadio nada más que por pura afición, pues el vicio no se pierde fácilmente.

Los que le conocen bien no se cortaban en reconocer que esta etapa en el Manchester City iba a ser la más difícil de su carrera. "Es su mayor desafío", escribía Martí Perarnau en el libro 'Pep Guardiola, la metamorfosis', que contaba su último año en el Bayern Múnich y su decisión de marcharse a Inglaterra. Por supuesto, esa profecía no era en absoluto arriesgada, y se ha cumplido a rajatabla. Bueno, de aquella manera. Ni siquiera Guardiola y los que le rodean creían que iba a tardar tan poco en ver lo que siempre busca de sus equipos, que jueguen como él siente que deben de jugar, en que son 'suyos', una creación de su mente reflejada en los movimientos de sus jugadores y el balón.

"Los primeros tiempos en el Manchester City no han muy distintos a los de Múnich: tiempos de aprendizaje, tiempos difíciles. El City de Guardiola es, en su comienzo, un conjunto de aluvión al que hay que dotar de una cantidad ingente de 'software': un nuevo modelo de juego, otra dinámica rítmica, mayor cohesión, carácter competitivo, regularidad en el rendimiento, una nueva cultura colectiva... Son muchos factores simultáneos que convivirán con unas altas exigencias desde el primer partido", escribía Martí Perarnau para explicar lo que eran sus inicios en este equipo y lo que le esperaba.

El Manchester City ya es suyo. En el Bayern era más complicado analizar cuándo consiguió 'apoderarse' del corazón del equipo y aque las victorias, por contradictorio que parezca, suelen nublar el juicio a la hora de valorar la evolución futbolística. En Alemania no tenía oposición real, no como la tuvo en España o ahora en Inglaterra. Ganar la Bundesliga con el Bayern era lo natural, lo contrario sería aberrante, por lo que la aplicación de sus ideas era más sencilla, pues no sentía el vértigo de la necesidad urgente de triunfo, mucho menos después de coger a un equipo que había ganado su primer Triplete. En el City pasó el primer año en blanco de toda su vida como entrenador y nadie en la cúpula 'citizen' se planteó tan siquiera la posibilidad de cambiar de entrenador. No albergaba dudas ni el jeque ni Ferrán Soriano ni Begiristain. Guardiola se haría con sus futbolistas y ellos comprenderían lo que les exigía.

Guardiola celebra un gol contra el Arsenal este domingo. (Reuters)
Guardiola celebra un gol contra el Arsenal este domingo. (Reuters)

Es líder de la Premier League con ocho puntos de ventaja sobre el segundo clasificado, el Manchester United. Y juega como quiere Guardiola, es decir, hace un fútbol de palomitas, sofá y manta, de sentarse a disfrutar durante 90 minutos. Solo en año y pico de trabajo, Pep ha pasado de un equipo que jugó unas semis de Champions pero que no convencía a nadie, a estar encaminado hacia su primer título liguero en Inglaterra ganándose la admiración de todos aquellos que le criticaban la temporada pasada por no jugar bien ni ganar.

Cuando hace las dos cosas, es Guardiola. No es tonto, lo que quiere es ganar. No se va a conformar hasta que su equipo no gane y, a partir de ahí, no se va a conformar hasta que su equipo no juegue bien. ¿Qué ha necesitado para eso? Una inversión de dinero desmedida en unos cuantos futbolistas que le han dado un vuelco prácticamente completo al City de Pellegrini. Siguen en el Etihad Silva, Agüero, Sterling, De Bruyne, Delph, Otamendi, Kompany, Fernandinho y Yaya Touré. Todo lo demás es absolutamente diferente.

Y lo que ya estaba, funciona mejor, mucho mejor. De Bruyne es otro futbolista, ha alcanzado un nivel de juego que le coloca en uno de los escalafones más elevados entre los futbolistas más determinantes. Ha reconvertido a un mediapunta creativo en un organizador de juego primordial, ha reconducido a Silva por la vía del juego asociativo, ha explotado a Sané, Sterling vuelve a parecer al que triunfó en el Liverpool... Se ha gastado mucho dinero para conjuntar a todos estos jugadores, pero lo pagado por todos ellos no deja en evidencia a lo invertido por los dueños del club en la última década en la que nunca ha sido verdaderamente competitivo en Europa.

Tras 17 partidos oficiales disputados (11 de Premier, 4 de Champions, 2 de Copa de la Liga), ha ganado 15 y ha empatado dos (uno de ellos, en la Copa de la Liga, que ganó por penaltis. Acumula dos 5-0 (uno de ellos a domicilio), un 0-6, un 7-2, un 4-0... Una máquina ofensiva (52 goles oficiales, por ahora) que funciona a través del juego, no al contrario. La última exhibición, los primeros 45 minutos contra el Arsenal este mismo domingo, para acabar ganando 3-1. Pero mejor no hablar de cómo de bien funciona el City, sino de que Guardiola pide la libertad para los encarcelados por la independencia ilegal de Cataluña.

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