El ‘mal endémico’ de la Copa de África

Zimbabue y la RD Congo sacan rédito a sus amotinamientos por los impagos

Ambas selecciones encendieron las alarmas al plantarse y amenazar con no disputar la CAN si no cobraban lo pactado. El conflicto con sus federaciones no impidió su buen arranque de torneo

Foto: Selección de Zimbabue. (Imago)
Selección de Zimbabue. (Imago)

El carácter impredecible que suele rodear a la Copa de África no se ciñe sólo al verde. No ha habido una sola edición del citado torneo continental en la que no hayan saltado las alarmas con algún grave contratiempo surgido en el seno de los equipos participantes o en el país organizador (el atentado de Cabinda contra el autobús de Togo, en Angola 2010, encabeza el libro negro de los sucesos luctuosos en el historial de la CAN). Gabón 2017 tampoco ha sido una excepción. El reiterado conflicto de las primas a percibir y, en algunos casos, pendientes de cobrar por logros precedentes, ha estado muy cerca de dinamitar la competición con el amago de amotinamiento de las selecciones de la República Democrática del Congo y Zimbabue, enfrentadas abiertamente con sus respectivas federaciones por tan espinoso asunto.

Lo que sí ha sido una novedad, con respecto a ediciones anteriores, es que los afectados por ese endémico ‘Mal de la CAN’ salieran reforzados de sus litigios intestinos y ambos se encuentren en disposición de superar la fase de grupos y alcanzar, cuando menos, los cuartos de final. El caso más sangrante ha sido el de los ‘Leopardos’ del antiguo Zaire. Tercera clasificada dos años atrás en Guinea Ecuatorial, la República Democrática del Congo puso en jaque a la CAF y al Comité Organizador 72 horas antes de su debut frente a Marruecos declarándose en huelga de brazos caídos. En otras palabras, se negaron a ejercitarse el viernes 13 como medida de protesta contra los dirigentes de su Federación por un doble motivo: el inesperado recorte de los premios pactados para el presente torneo y el impago de una parte de los bonus que debían haber recibido tras subirse al podio en 2015.

“Esto es algo que viene sucediendo desde hace años. Siempre llegamos bien preparados y mentalizados para disputar la CAN, pero siempre surge algún problema con las primas”, reconocía el mediocampista del Norwich City, Youssouf Mulumbu, erigido en portavoz improvisado del plantel zaireño para explicar los motivos que les impulsaron a adoptar tan drástica medida de presión. La noticia cayó como una bomba en Kinshasa, la capital congoleña, y esa misma tarde una delegación formada por 100 funcionarios del gobierno, con el ministro de Deportes Willy Bakonga a la cabeza, aterrizaba en la ciudad gabonesa de Oyem, sede del grupo C, para poder paz entre las partes implicadas y asegurarse que su selección saltaría el lunes al terreno de juego, como finalmente sucedió. “En cuanto lleguemos se les van a pagar las primas pendientes”, confirmó Bakonga a una radio congoleña antes de subirse al avión.

Un hincha de Burkina
Un hincha de Burkina

Pese a que los pupilos de Florent Ibenge volvieron a calzarse las botas al día siguiente, el malestar entre los internacionales para con los responsables federativos sigue latente, como manifestó desde la distancia una de sus estrellas, Yannick Bolasie, ausente de la CAN por lesión. “Es la primera vez que estoy viviendo esta situación desde fuera y resulta algo realmente inquietante. El gobierno debería haber arreglado todos estos asuntos antes de viajar para que no acabara estallando el problema en Gabón”, denunció el extremo del Everton.

Con todo y con eso, la RD Congo se sobrepuso a esa guerra con su federación para dar un paso de gigante camino de los cuartos de final batiendo en la jornada inaugural de su grupo a los ‘Leones del Atlas’, resultado que les encaramó hasta el primer lugar aprovechando el empate sin goles entre Costa de Marfil y Togo. La alegría por ese laborioso triunfo gracias al gol de Junior Kabananga, en un choque en el que acabaron jugando con nueve hombres por la lesión en los minutos finales del defensa Gabriel Zakuani, no ha logrado diluir el amargor en el aliento del combinado congoleño, dolido y traicionado por la decisión de sus superiores de recortar unilateralmente y a última hora la cuantía de los premios pactados previamente de cara al torneo gabonés.

Algo parecido aconteció con Zimbabue, aunque en el caso de los ‘Warriors’ las diferencias económicas con su Federación se resolvieron in extremis antes de subirse al avión que debía trasladarles a Gabón merced a un acuerdo por el que cada jugador cobraría 5.000 dólares por partido jugado en la CAN. La amenaza, por parte de los integrantes del combinado, de quedarse en tierra forzó a la ZIFA a aceptar sus condiciones. Otra cosa es que puedan ejecutar los citados pagos ya que el ente que preside Phillip Chiyangwa se declaró meses atrás en bancarrota, lo que provocó que la FIFA excluyera a Zimbabwe de participar en las eliminatorias para el Mundial de Rusia al no haber satisfecho a tiempo los 67.000 dólares que adeudaban a su anterior técnico, el brasileño José Georgina.

Afición Costa de Marfil
Afición Costa de Marfil

El más que meritorio empate arañado por los ‘Warriors’ de Callisto Pasuwa ante la potente Argelia (2-2), a la que estuvieron en un tris de batir de no ser por un gol postrero de Mahrez, tiene aún más valor por el hecho de que Zimbabue arribó a Gabón sin uniforme oficial que vestir, dadas las penurias económicas que vive su Federación, a la que la grave crisis económica que azota a la antigua Rodesia del Sur dejó sin el prometido auxilio gubernamental. Al final, el inesperado ‘regalo’ de la firma deportiva singapuriana ‘Mafro’ permitió a Billiat y compañía dar un campanazo en toda regla ante una de las favoritas al título.

Otro de los candidatos a la corona de los ‘Elefantes’, la selección de Ghana, optó por bajarse directamente los pantalones en las horas previas a su bautismo de fuego con Uganda (1-0) abriendo la mano a su Federación anunciando que aceptaría cualquier propuesta que les hicieran con respecto al tema de los bonus por participar en la CAN. Para evitar los conflictos surgidos en ediciones anteriores o en los Mundiales, los internacionales optaron por ceñirse directamente a los designios federativos para demostrar a su afición, siempre crítica con sus futbolistas por este asunto, que su único interés al acudir a la Copa es defender los colores de los ‘Black Stars’ y de su gente, no el dinero que puedan percibir en base a los objetivos que se acaben logrando.

Los discípulos del israelí Avram Grant quieren que su país tenga ojos sólo para lo que hagan sobre el césped y que ninguna agria disputa con sus dirigentes por cuestiones de índole económica pueda ensuciar los resultados cosechados en el rectángulo de juego, como ocurrió en las dos últimas Copas del Mundo, especialmente en Sudáfrica. Allí, la histórica casi clasificación a semifinales se vio empañada por el reclamo de los futbolistas del pago de los 63.000 dólares que les habían prometido si llegaban a cuartos de final. En Brasil fue aún peor y el Gobierno tuvo que mandar por avión deprisa y corriendo tres millones en la moneda estadounidense para ‘convencer’ a los jugadores de que saltaran al verde en el Mundial sudamericano.

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