reitera que le interesa jugar bien al fútbol

El Manchester City toca fondo y Guardiola ya da por perdida la Premier

El City ha perdido cuatro de los últimos ocho partidos de Premier. Tres de esas derrotas han sido, en buena medida, bochornosas para un club que aspira no solo ha ganar la liga, sino a ganarlo todo

Foto: Guardiola está a la deriva en la Premier (Peter Powell/EFE/EPA).
Guardiola está a la deriva en la Premier (Peter Powell/EFE/EPA).

Guardiola no engañó a nadie cuando tomó la decisión hace algo más de un año de entrenar al Manchester City. Él sabía, como ya intuía medio planeta, que iba a ser el reto más complicado de toda su carrera, mucho más difícil, incluso, que coger de entrada a un filial hundido en la miseria de la Tercera División y ascenderlo a la primera o ganarlo todo con un Barça en descomposición. Cuando se dice que la Premier League es otra cosa y que el proceso de adaptación tanto de los futbolistas como de los entrenadores es largo y tortuoso, es porque literalmente es así. Ni siquiera una mente brillante como la de Guardiola, capaz de haber creado el, para muchos, fútbol más elegante de la historia, iba a aparecer por Inglaterra a comerse el mundo de primeras.

El Manchester City ha perdido cuatro de los últimos ocho partidos de Premier. Tres de esas derrotas han sido, en buena medida, bochornosas para un club que aspira no solo ha ganar la liga, sino a ganarlo todo. O al menos a esas instancias se le suponía por el prestigio obtenido en la última década, la inversión realizada, la plantilla y la contratación del entrenador más popular del mundo. La última, este domingo en Goodison Park, ha sido la mayor humillación sufrida por un equipo de Guardiola en el torneo de la regularidad. Había perdido tres veces por 4-0 (con el Bayern, 0-4 contra el Real Madrid en semifinales de la Champions 13-14 y 4-0 contra el Barça en la misma ronda de la 14-15; con el City, 4-0 en la fase de grupos de esta campaña), pero nunca en liga ni contra un equipo de un nivel claramente inferior.

Guardiola explicaba así la derrota del City contra el Everton: "En el primer tiempo estuvimos excepcionales, creamos suficientes ocasiones para hacer un gol. Ellos llegaron una vez y marcaron, y nada más iniciar el segundo tiempo marcaron otra vez, eso es muy duro para todos, pero especiamente para los jugadores". Podríamos extrapolar esa frase a cualquier derrota contundente de la carrera del Pep y nos encajaría casi a la perfección, como esa pieza del puzle que tiene la misma forma que la correcta, pero tiene otro color. ¿Cuántas veces un conjunto dirigido por el catalán ha perdido porque a la primera que tuvo el contrario anotó y, por el contrario, los suyos no acertaban? Infinitas. Pero no ha encontrado la manera de evolucionar en ese sentido.

De hecho, si algo mejoró Luis Enrique al Barça post-Guardiola es la inclusión de una variable en el juego que permitiera, en momentos de dudas y atasco generalizado, atacar de otra manera. Lucho aprovechó el trío que tenía delante para hacerles correr y encontrar en el contragolpe otro arma tan o más efectiva que el juego posicional. Guardiola, en cambio, le sigue dando (y le dará toda la vida) infinita más importancia al cómo que al qué.

Tuvo que ser otro excompañero, Koeman, el que le endosara otro 4-0 a Guardiola (Lee Smith/Reuters).
Tuvo que ser otro excompañero, Koeman, el que le endosara otro 4-0 a Guardiola (Lee Smith/Reuters).

Lo entendemos con la explicación del 1-0 del Everton: "Para evitar el primer gol podríamos haber lanzado el balón lejos, perdiendo la posesión porque nuestros delanteros son como son, pero luego tienes diez jugadores detrás. Así seríamos sólidos, pero no creemos en eso. Queremos jugar cada vez mejor y sentir que cuando lleguemos, seremos capaces de marcar goles; cuando eso pase, detrás sufriremos menos. Y cuando nuestros delanteros tengan ocasiones y no las marques, tendrán confianza. Es difícil para los jugadores, yo fui jugador y les entiendo", resumió el de Sampedor.

Esta situación ha llevado al equipo a no saber a qué juega. Entendamos esto como que los jugadores están adquiriendo una serie de conocimientos amplísimos y detallados (el cuerpo técnico de Guardiola es minucioso hasta el extremo), y están en la obligación de aplicarlos directamente sobre el campo en pleno proceso de aprendizaje. Siendo, además, jugadores en su mayoría que desconocen absolutamente los mecanismos del sistema que quiere imponer Guardiola y que lo deben hacer en un territorio (la Premier) nada propicio para su lucimiento. Eso es lo que entiende Guardiola que es difícil para sus futbolistas y por eso no les exige que se recuperen y vayan a ganar la liga, algo que, por cierto, ha dado ya por perdido al quedarse a diez puntos del líder, el Chelsea. Lo que les exige es que intenten jugar lo mejor posible.

Guardiola tiene una idea, y morirá con ella en todos los lugares en los que esté, que no serán muchos más. Como cuenta Martí Perarnau en 'Pep Guardiola, la metamorfosis', el entrenador aprendió en Alemania a camaleonizar su juego, a adaptar sus herramientas de trabajo a las necesidades que le exponía el nuevo desafío que era la Bundesliga y el juego alemán, y lo hizo de manera excelente desde el principio. Pero en Inglaterra, la igualdad es infinitamente superior a la que se encontró con el Bayern y la forma de jugar está implantada desde hace décadas y es prácticamente imposible cambiarla. Además, sus jugadores en el Bayern tenían unos conocimientos técnicos mucho más orientados hacia el juego posicional que los que se ha encontrado en el City. Si algún día le funciona este City a Guardiola, será dentro de mucho tiempo. Y cuando pase eso, esto es, que vea reflejado en el juego de su equipo su propia idea, Guardiola se irá.

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